No se necesitaban dotes de profeta para poder augurar, desde hace algunos años, que la llamada perspectiva o ideología de género está configurada para convertirse en el nuevo totalitarismo que amenaza ya, muy concreta y ostensiblemente, las libertades más elementales. De su inicial victimismo a su actual prepotencia, los ideólogos e impulsores de la marea LGTB nunca han ocultado sus intenciones, aunque, eso sí, las hayan sabido presentar, con la complicidad de la gran mayoría de medios, de un modo que haría palidecer de envidia a Joseph Goebbels, sobrevalorado ministro nazi de Propaganda, hoy reducido a mero aprendiz.

Mientras Madrid se allana a la gran saturnal de estos días, exiliando a las familias al monte o a la playa y eliminando los niveles legales de ruido callejero, en el Congreso se ultima un proyecto de ley firmado por Podemos que cuenta ya con la aprobación de la mayoría de los partidos y el silencio del PP, apresado una vez más en sus contradicciones. Dicha ley nos impondrá a todos la ideología de género a golpe de sanción y prohibición, haciendo tabla rasa con derechos fundamentales que nadie que no fuera el colectivo LGTB soñaría hoy con transgredir. En su delirio impositor y sancionador, la norma prevé limitaciones en el derecho de manifestación y, aunque parezca increíble, “el decomiso y destrucción, borrado o inutilización de libros, archivos, documentos y artículos”. Más aún, por la misma ley se adoctrinará a niños y adolescentes en la escuela acerca de la “diversidad familiar, la diversidad sexual y de género y la historia del movimiento LGTB”, todo un programa homosexualista frente al que nada podrán hacer padres y educadores. Quienes no se plieguen al plan totalitario que nadie se preocupa ya en disimular, afrontarán multas e inhabilitaciones profesionales, suspensión de negocios y actividades, así como eliminación de conciertos con la administración.

La libertad de expresión y de información, la libertad de enseñanza, la libertad a secas y sin añadidos tendrán que replegarse para privilegiar y dar satisfacción a una minoría, autodefinida exclusivamente por su condición sexual, que ha conseguido hacer de su peculiaridad, que a nadie importa más que a ella, el centro de gravedad de la vida social, cultural y política. Difunda por favor este artículo, si le apetece, antes de que le multen por ello.

Por Rafael Sánchez Saus

Fuente: http://www.diariodecadiz.es/opinion/articulos/Yendo-demasiado-lejos_0_1149485096.html

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