Por Ryan T. Anderson*.

Cada vez más, los terapeutas y los médicos de género argumentan que a los niños, desde edades tan tempranas como los nueve años, deben administrárseles medicamentos que bloquean la pubertad si experimentan disforia de género.

Pero un nuevo artículo elaborado por tres expertos médicos revela la escasa evidencia científica existente en apoyo de un procedimiento tan radical.

El artículo, ‘El crecimiento de los padecimientos: Problemas con la supresión de la pubertad en el tratamiento de la disforia de género‘, publicado el martes en The New Atlantis, analiza más de 50 estudios revisados por otros especialistas sobre la disforia de género en niños.

Está coescrito por Paul W. Hruz, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington; Lawrence S. Mayer, erudito residente de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y profesor de la Universidad del Estado de Arizona; y Paul R. McHugh, profesor del Distinguido Servicio Universitario de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

El año pasado, Mayer y McHugh publicaron un extenso informe sobre sexualidad y género en general. Ahora, trabajando con Hruz, experto en pediatría, se centran en los niños.Como explico en mi próximo libro, “Cuando Harry llegó a ser Sally: Respondiendo al Momento Transgénero,” la mejor la biología, psicología y filosofía de todas sustenta la comprensión de las relaciones sexuales como una realidad corporal, y la de género como una manifestación social del sexo corporal.

La biología no es intolerancia, y necesitamos realizar una evaluación moderada y honesta de los costos humanos que entraña lograr una naturaleza humana equivocada. Esto es especialmente verdad en los niños.

Y sin embargo, están incrementándose las clínicas pediátricas de género y las intervenciones terapéuticas en niños. En los últimos diez años, han surgido decenas de clínicas pediátricas de género en los Estados Unidos.

En 2007, el Hospital Infantil de Boston “se convirtió en el primer programa destacado de Estados Unidos centrado en los niños y adolescentes transexuales”, como se jactan en su propio sitio web.

Siete años más tarde, hasta 33 clínicas de género habían abierto sus puertas a los niños en los EEUU, diciendo a los padres que los bloqueadores de la pubertad y las hormonas del sexo opuesto podían ser la única manera de prevenir el suicidio de adolescentes.

No importa que, de acuerdo con los mejores estudios – citados incluso por los propios activistas transgénero- el 95 por ciento de los niños con disforia de género llegan a identificarse y abrazar su sexo corporal.

Suicidio y transgénero

No importa que el 41 por ciento de las personas que se identifican como transgénero intentará suicidarse en algún momento de sus vidas, en comparación con el 4,6 por ciento de la población general.

No importa que las personas que se han sometido a una cirugía de transición tengan 19 veces más probabilidades de morir por suicido que el promedio general.

Estas estadísticas nos deben hacer reflexionar. Está claro que hay que trabajar para encontrar maneras de prevenir eficazmente estos suicidios y abordar sus causas subyacentes. Desde luego, no deberíamos animar a los niños a la “transición”.

La triste realidad es que, mientras aumenta cada vez más el número de clínicas pediátricas de género, se conoce muy poco acerca de la identidad de género en los niños, y muchas de las terapias son poco más que una experimentación en menores.

Paul R. McHugh

Las normas profesionales de cuidado que se están promulgando para tratar a los niños en los diversos estados indican que deben recibir drogas que bloqueen la pubertad – desde edades tan tempranas como tan sólo los nueve años-, y hormonas del sexo contrario desde los 16, pero no ha habido ensayos clínicos controlados sobre el bloqueo de la pubertad por disforia de género.

La Agencia del Medicamento americana (FDA) no ha aprobado estos fármacos para el tratamiento de la disforia de género.

Mientras tanto, a pesar de las afirmaciones de sus defensores, no existe evidencia de que el bloqueo de la pubertad bloqueo sea “reversible”, ni de que resulte inofensivo.  Lo más preocupante de todo es que con estos tratamientos se corre el riesgo de que los niños puedan persistir en su disforia de género.

La obstrucción de la pubertad y persistencia de la disforia de género

En su nuevo artículo, Hruz, Mayer y McHugh explican que los tratamientos de afirmación transgénero en menores “puede llevar a algunos niños a persistir en su identificación como transgénero, cuando de otra manera podrían tener, a medida que fueran creciendo, una identificación de su género acorde con su sexo”.

Como señalan los médicos, “la identidad de género para los niños es elástica (es decir, puede cambiar con el tiempo) y plástica (es decir, puede ser moldeada por fuerzas como la aprobación de los padres y las condiciones sociales).”

Como resultado, si “el creciente uso de tratamientos de afirmación de género hace que los niños persistan en su identificación con el sexo opuesto, muchos niños que de otro modo no necesitarían ese tratamiento médico en curso serían expuestos a intervenciones hormonales y quirúrgicas.”

Mientras que entre el 80 y el 95 por ciento de los niños con disforia de género acaba identificándose y abrazando su sexo biológico, ninguno de los niños tratados con bloqueadores de la pubertad en la clínica holandesa pionera de este tratamiento llegó a identificarse con su sexo biológico. Todos ellos persistieron en su identidad transgénero.

De hecho, como explican Hruz, Mayer y McHugh, niños sometidos a obstructores de la pubertad, “rara vez reanudan una pubertad biológicamente normal, estos adolescentes generalmente van desde una pubertad suprimida a un condicionado médico de su pubertad hacia el sexo opuesto, al administrarle hormonas sexuales desde los 16 años”.

Los médicos se preocupan de que el tratamiento transgénero de afirmación, los bloqueadores de la pubertad y las hormonas del sexo opuesto “puede haber solidificado en estos pacientes los sentimientos de identificación con el género, lo que conduce a comprometerse con más fuerza con proceso de reasignación de sexo de lo que harían si hubieran recibido una diagnóstico o tipo de tratamiento diferente”.

Los médicos holandeses pioneros en el bloqueo de la pubertad como tratamiento para la disforia de género argumentan que esto daría a un niño “más tiempo para explorar su identidad de género, sin la angustia de las características sexuales secundarias que desarrollan.”

Este es un argumento extraño. Como explican los doctores Hruz, Mayer y McHugh, “se supone que las características sexuales naturales interfieren con la ‘exploración’ de la identidad de género, cuando uno esperaría que el desarrollo de las características sexuales naturales puedan contribuir a la consolidación natural de la propia identidad de género”.

La prisa de la propia hormona sexual natural y el desarrollo corporal que tiene lugar durante la pubertad podrían ser lo que ayudara a un niño o a una niña a desarrollarse, llegando a apreciar su sexo corporal  y a identificarse con él. Y sin embargo, los bloqueadores de la pubertad impedirían que esto se llevara a cabo.

Hruz, Mayer y McHugh ponen de relieve la posibilidad de que “la interferencia en el desarrollo puberal normal influya en la identidad de género del niño, mediante la reducción de las posibilidades para el desarrollo de una identidad de género que se corresponda con su sexo biológico.”

Así que lo que los tratamientos propuestos por los activistas transgénero – transición social seguida de la supresión de la pubertad, las hormonas del sexo opuesto, y posiblemente cirugía- harán más probable que los niños participen en la actividad de auto-refuerzo que el que desistan de ello. Cualquier cosa que anime al niño a persistir en su identificación como transgénero debe darnos que pensar.

Como afirmó el doctor Hruz ante un tribunal federal:

El desistimiento (es decir, la reversión a la identidad de género concordante con el sexo) proporciona el mayor beneficio a lo largo de la vida, es el resultado en la mayoría de los pacientes y debe mantenerse como un objetivo deseado. Cualquier intervención que interfiera con la probabilidad de resolución es injustificada y potencialmente perjudicial.

 La obstrucción de la pubertad es experimental

No sólo es que con el enfoque terapéutico de afirmación trans se corra el riesgo de prolongar identidades transgénero en niños que de otro modo habrían crecido superándolo, sino que también resulta totalmente experimental.

No se apoya en ninguna ciencia rigurosa. Y no hay ninguna manera incluso de saber si es seguro, ni mucho menos efectivo.

Hruz, Mayer y McHugh responden a la promoción de estas normas de cuidado que realizan diversos activistas y -por desgracia profesionales- organizaciones:

De la lectura de estas diversas directrices se extrae la impresión de que existe un consenso científico bien establecido sobre la seguridad y eficacia del uso de agentes de obstrucción de la pubertad para niños con disforia de género, y de que los padres de estos niños deben pensar en esta opción como un tratamiento prudente y científicamente probado.

Pero que el bloqueo de la pubertad sea la mejor manera de tratar la disforia de género en niños se debe considerar que no constituye una opción prudente con una eficacia demostrada, sino una medida drástica y experimental.

Los tratamientos médicos experimentales para los niños deben ser objeto de un especial e intenso escrutinio, ya que los menores no pueden dar su consentimiento legal para un tratamiento médico de cualquier tipo (son los padres o tutores quienes deben dar su consentimiento para que su niño reciba el tratamiento), por no hablar de aceptar el convertirse en sujetos de investigación para experimentar una terapia no probada.

En el caso de disforia de género, sin embargo, la seguridad y la eficacia de las hormonas de la supresión de la pubertad carecen de una buena fundamentación en la evidencia. La seguridad y eficacia de la supresión de la pubertad cuando se utiliza para la disforia de género sigue siendo poco clara y no se apoya en una evidencia científica rigurosa.

La triste realidad es que la supresión de la pubertad prolongada como tratamiento para la disforia de género “ha sido tan rápidamente aceptada por gran parte de la comunidad médica, al parecer sin escrutinio científico, que no hay razón para preocuparse por el bienestar de los niños que lo están recibiendo, ni tampoco por las razones que cuestionan la veracidad de algunas de las afirmaciones hechas para apoyar su uso, tales como la afirmación de que es fisiológicamente y psicológicamente “reversible”.

El bloqueo de la pubertad no es “reversible”

De hecho, por la forma en la que hablan los activistas parece como si el desarrollo humano normal fuera un problema irreversible, y que en cambio interferir en el desarrollo fuera un paso precavido y totalmente reversible.

Pero en realidad es todo lo contrario, como explican Hruz, Mayer y McHugh:

Esto trastoca en la cabeza el lenguaje normal sobre la reversibilidad, al hablar del proceso natural de desarrollo biológico como una serie irreversible de problemas que la Medicina debe tratar de evitar al presentar la intervención para la supresión de la pubertad como benigna y reversible.

Pero los médicos no tienen manera de saber si estos tratamientos realmente son reversibles, ya que muy pocas personas han tratado de invertirlos: “No hay prácticamente ningún informe publicado, ni siquiera estudios, de casos sobre adolescentes que se hayan retirado de las drogas supresoras de la pubertad y luego reanudaran el desarrollo puberal normal típico de su sexo”.

O, al menos, quizá no como un procedimiento habitual. Después de todo, como explican Hruz, Mayer y McHug, “En la biología del desarrollo tiene poco sentido describir cualquier cosa como “reversible””.

Atravesar a la edad de 20 años un proceso de desarrollo que debería tener lugar a los 10 no es lo mismo. Así que hablar de que estos tratamientos ser reversibles es algo inherentemente engañoso. Y sin embargo, todos los principales grupos activistas .y muchos profesionales- mantienen esta afirmación.

Pero como ilustran Hruz, Mayer y McHugh, “si un niño no desarrolla ciertas características a los 12 años a causa de una intervención médica, el posterior desarrollo de esas características a los 18 años no es una ‘inversión’, ya que la secuencia del desarrollo ya se ha interrumpido”.

En esencia, los médicos están participando en un gigantesco experimento con menores de edad bloqueando su maduración, y lo están haciendo sin ni siquiera acercarse a las normas éticas exigidas por otras áreas de la Medicina.

Así, mientras que la “afirmación de que los tratamientos iniciales son reversibles puede hacer que parezca menos drástica”, este principio  “no está bien sustentado por la evidencia.”

Como explican Hruz, Mayer y McHugh, “todavía se desconoce si la pubertad sexual típica normal continuará realmente tras la supresión de pubertad en pacientes con disforia de género”.

Consecuencias para la salud a largo plazo

También existen riesgos para la salud a largo plazo asociados con el uso de bloqueadores de la pubertad para la disforia de género, aunque nadie sabe realmente todas sus posibles consecuencias, ya que este uso no se ha estudiado rigurosamente.

Sin embargo, como explican los médicos, “algunos de los efectos conocidos de la supresión de la pubertad en los niños fisiológicamente normales son lo que se espera de las modificaciones introducidas en esa etapa crítica del desarrollo humano.”

En chicos y chicas, afecta negativamente en sus tasas de crecimiento en términos de altura. Los niños sometidos a bloqueadores de pubertad también tienen un mayor riesgo de baja densidad mineral ósea. Hruz señala que “otros efectos adversos potenciales incluyen desfiguración por acné, presión arterial alta, aumento de peso, tolerancia anormal a la glucosa, cáncer de mama, enfermedad hepática, trombosis y enfermedad cardiovascular.”

Y, por supuesto, todos los niños que persisten en su identidad transgénero y toman bloqueantes de la pubertad y hormonas del sexo opuesto serán infértiles.

He aquí cómo McHugh, Hruz y Mayer, citando fuentes para cada afirmación, lo expusieron en su escrito del Tribunal Supremo :

“Las hormonas de supresión de la pubertad  impiden el desarrollo de las características sexuales secundarias, detienen el crecimiento del hueso, disminuyen la acreción ósea, previenen la organización completa y maduración del cerebro e inhiben la fertilidad.

Las hormonas transversales de género aumentan el riesgo de un niño para sufrir una la enfermedad coronaria y esterilidad. El estrógeno oral, que se administra a los niños disfóricos de género, puede causar trombosis, enfermedad cardiovascular, aumento de peso, hipertrigliceridemia, presión arterial elevada, disminución de la tolerancia a la glucosa, enfermedad de la vesícula biliar, prolactinoma, y ​​cáncer de mama.

Del mismo modo, la testosterona administrada a niñas con disforia de género puede afectar negativamente a sus niveles de colesterol; aumentar sus niveles de homocisteína (un factor de riesgo para enfermedades del corazón); causar hepatotoxicidad y policitemia (un exceso de células rojas de la sangre); aumentar su riesgo de apnea del sueño; causar resistencia a la insulina; y tienen efectos desconocidos sobre la mama, el endometrio y los tejidos ováricos.

Por último, las niñas pueden acceder legalmente a una mastectomía a los dieciséis años, lo que conlleva su propio conjunto único de problemas en el futuro, sobre todo porque es irreversible”.

No es sorprendente, teniendo en cuenta lo poco que sabemos, que el uso de medicamentos para la supresión de la pubertad en los niños con disforia de género no esté aprobado por la FDA. Pero la prescripción de estos fármacos es legal.

La conclusión de Hruz, Mayer y McHugh es que “con frecuencia escuchamos de los neurólogos que el cerebro de los adolescentes es demasiado inmaduro para tomar decisiones racionales de forma fiable, pero se supone que debemos esperar que los adolescentes con problemas emocionales puedan tomar decisiones acerca de sus identidades de género y sobre tratamientos médicos graves a la edad de 12 años o menos.”

Este nuevo artículo en “The New Atlantis” debería hacernos parar antes de abrazar unos tratamientos médicos tan radicales para los niños.

Como explico en ‘Cuando Harry llegó a ser Sally‘ las terapias más útiles no se centra en la consecución de lo imposible –cambiar los cuerpos para amoldarse a los pensamientos y sentimientos-, sino en ayudar a la gente a aceptar e incluso abrazar la verdad sobre sus cuerpos y realidad”.

Rechazar la naturaleza humana conlleva verdaderos costes humanos.

 

* Ryan T. Anderson es investigador experto en matrimonio, bioética, libertad religiosa y filosofía política.

Fuente: https://www.actuall.com/familia/un-estudio-de-the-new-atlantis-reclama-mas-terapias-y-menos-hormonas-para-ninos-con-disforia-de-genero/

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