Erika Valdivieso[1]

La Comisión de justicia y derechos humanos del Congreso de la República tiene en agenda la “Ley para el fortalecimiento de la lucha contra los crímenes de odio y la discriminación”, también conocida como “Ley mordaza”. Frente a esto, nuevamente se han polarizado las opiniones. A favor, todos los que piensan que es necesario modificar nuestro ordenamiento jurídico para “visibilizar” a las personas LGBTI+. En contra, quienes asumen que nuestro sistema jurídico brinda una protección general a todas las personas – a quienes se les respeta por el hecho de serlo – y se oponen a una imposición ideológica que socava libertades, como la de expresión (de quienes se puedan manifestar en contra) o una libertad tan elemental como decidir los valores morales con los que quieres vivir tu vida y educar a tus hijos.

Pero, ¿Cuál es el problema con esta ley? En líneas generales, la norma pretende primero, reconocer la orientación sexual y la identidad de género como categorías que pueden ser objeto de protección legal (es decir, derechos). Segundo, considera “discurso de odio”, las opiniones en contra de la  manifestación LGBTI+. Tercero, considera “delito de odio” cualquier atentado contra las personas LGBTI+ (como si las personas LGBTI+ fuesen distintas a cualquier otra). Y finalmente, busca hacer distinciones allí donde no las hay, modificando todo el sistema jurídico para ello (p.e. tratar como mujeres o varones, a quienes no lo son).

¿Esto significa que cuando estamos en contra de este proyecto de ley, inmediatamente estamos a favor de la discriminación? La respuesta es no. Podemos estar en desacuerdo con este proyecto de ley y a la vez estar en contra de la discriminación, porque cuando hablamos de discriminación, nos referimos a todo acto que conlleve a tratar distinto y de manera perjudicial a una persona en condiciones de igualdad, por razón de sexo, raza, religión, opinión, idioma o de cualquier otra índole (Art. 2° Constitución Política). El requisito para hablar de discriminación es la preexistencia de una condición de igualdad y a la vez un trato injusto, y sobre esta premisa debería elaborarse cualquier norma. Lo que pretende este proyecto es aplicar el mismo tratamiento a situaciones diferentes (p.e. uso de baños, acceso a categorías deportivas, preferencia en atención médica, etc.)

Sin embargo, no debemos perder de vista que la polarización que genera este proyecto nos perjudica a todos. Debemos entender que la función primordial del gobierno es promover la convivencia pacífica de los ciudadanos y nuestra función principal como ciudadanos debería ser contribuir a ello ¿Cómo? Una opción puede ser empezar por reconocer y afianzar aquello en lo que cada parte está de acuerdo.

Estamos de acuerdo en que todas las personas somos iguales ante la ley y en derechos.  Estamos de acuerdo en que esta igualdad nos viene dada no solo por un reconocimiento legislativo, sino porque compartimos algo llamado dignidad, que no es otra cosa que el reconocimiento del valor superior del ser humano por sobre todo lo demás. Un valor que impide que se nos trate como objetos, que impide que otro vulnere nuestros derechos, que posibilita además, que podamos exigir aquello que nos corresponde en justicia.

 

Estamos de acuerdo en que todas las personas tienen libertad. Una libertad que supone autodeterminación y posibilidad de expresión, y estamos de acuerdo en que esta libertad tiene los límites propios generados por la convivencia y el bien.

Estamos de acuerdo que las personas homosexuales, bisexuales, lesbianas, transgénero y transexuales han sufrido actos de violencia y que como todo acto de violencia que se cometa contra cualquier persona, debe ser sancionado.

También deberíamos estar de acuerdo en los hechos. Los hechos no pueden cambiarse, ni tampoco interpretarse, porque son objetivos (p.e. tener 15°C de temperatura en el ambiente es un hecho, la sensación de frío que me produce, no lo es). Y uno de esos hechos es que el ser humano se rige por un esquema binario en su configuración sexual: o es varón (XY), o es mujer (XX), desde su nacimiento hasta su muerte. Otro hecho es que ser varón o mujer es determinante para el sujeto, es decir, lo define. Así, con una verificación simple podemos afirmar – y estar de acuerdo – en que los varones son diferentes de las mujeres (claro, no en el plano legal), pero ese hecho no pone en situación de superioridad ni desventaja a uno respecto del otro. Hombre y mujer son igualmente valiosos.

Otro hecho es que el sexo no se puede cambiar y mucho menos es una opción o algo que se pueda elegir. Finalmente, este dato biológico (sexo), es absolutamente relevante al momento de definir la identidad de un individuo, sin embargo, no es lo único, pues habrá factores culturales y del entorno que afinen y moldeen las características propias del hombre y la mujer.

Y aquí terminaron nuestros acuerdos.

Lo que sigue, aquello que nos enfrenta, es que, hay quienes piensan que estos datos biológicos no son relevantes para la configuración de la identidad de un individuo. Que los factores culturales y del entorno (que configuran el género) son los que construyen la identidad. Estas personas son las que dicen que la identidad se “refiere a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente”[2] y que en esa construcción puede ser que, con genitalidad masculina se identifiquen con el género femenino. O, con genitalidad femenina se identifiquen con el género masculino. A lo mejor incluso se pueden identificar con ambos géneros a la vez y fluir entre uno u otro o con ninguno al mismo tiempo (identidad bigénero, genderqueer e intergénero, respectivamente)[3]. Esto es lo que la teoría de género[4]  llama “identidad de género”.

Pero también – en otro plano – se encuentra la “orientación sexual”. Esta – desde la teoría de género  – se refiere a la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, o de su mismo género, o de más de un género, así como a la capacidad mantener relaciones íntimas y sexuales con estas personas”[5]. La orientación sexual puede ser heterosexual, homosexual,  bisexual o pansexual.

Entonces, la identidad de género sería la forma en que la persona se autopercibe en relación a su sexo y la orientación sexual la manera subjetiva como se manifiesta la atracción sexual. En ambos casos se trata de una cuestión subjetiva, no relacionada a los hechos.  Por ello, sin necesidad de ser expertos en la materia, podemos entender que ni la orientación sexual, ni la identidad de género, se encuentran en el mismo plano de constitución de la persona que el sexo. Mientras que las primeras dependen de cada individuo (siendo la heterosexualidad y la correspondencia entre sexo y género lo mayoritario y usual), lo segundo – el sexo – es constitutivo del ser humano.

Cuando se dice que la orientación sexual y la identidad de género “dependen” de cada individuo, no significa que las estamos reduciendo a una simple “opción”, como si el sujeto pudiera decidir si es o no homosexual o transexual (lo que no significa negar la libertad de cada individuo, si así lo quiere, de indagar por las causas o buscar una solución si lo considera un problema). A lo que nos referimos es que tanto la orientación sexual, como la identidad de género (cada una en un plano distinto), tienen una expresión, y ésta (la forma en la que cada uno manifiesta y vive esta sexualidad), sí que es decisión de cada uno. Entonces, al ser una cuestión subjetiva no puede ser abarcada por la ley.

La premisa de este artículo es que los hechos no se pueden negar. Y es un hecho que existen personas que tienen una orientación sexual distinta a la heterosexual, y personas –muy pocas– que llegan a manifestar una diferencia entre su sexo biológico y la forma como se autoperciben. Y el segundo hecho que tampoco se puede negar es que, independientemente de la orientación sexual o la identidad de género que cada persona tenga, el sexo – el ser varón o mujer – es lo único inmutable. No cambia. Desde ese punto de vista, bastaría una norma que proteja cualquier acto de discriminación por razón de sexo, para incluir a todas las personas – hombres y mujeres – dentro de su ámbito de protección. Sería el único criterio que otorga seguridad jurídica a los ciudadanos en democracia.

Entendidas así las cosas, deberíamos preguntarnos lo siguiente ¿Es necesaria una norma que tenga como objeto la protección de aspectos particulares de cada individuo? ¿Es necesaria una norma que imponga a los demás estas expresiones? ¿Es necesaria una norma que haga imposible referirse a los hechos, solo porque no se corresponden con estas expresiones subjetivas?

Lo que el Estado debe buscar es implementar acciones eficaces para reducir cualquier posible falta de respeto y tolerancia hacia las personas y en todo caso, garantizar que cada una sea libre de expresar su sexualidad de acuerdo a sus valores y libertades. Lo que no puede hacer es imponer conductas y realizar distinciones que terminarían siendo injustas, en tanto que entre una persona LGBTI+ y los demás, no existe ningún rasgo diferenciador esencial que justifique la emisión de normas específicas. Las normas regulan aspectos generales que promuevan la convivencia, no lo contrario.

Ni la orientación sexual – sea cual fuere-, ni la identidad de género, determinan lo que es una persona. Una persona es un sujeto digno de respeto y titular de derechos, precisamente porque tiene un valor en sí misma, al margen de su orientación sexual o su identidad de género. Y si en esto estamos de acuerdo, estamos de acuerdo en todo lo demás.

Por

 

________

 

[1] Abogada. Directora del Instituto de Ciencias para el Matrimonio y la Familia, Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo

[2] Principios de Yogyakarta, definición de identidad de género

[3]  Cfr. https://larealidadescondida.wordpress.com/2014/03/14/la-diferencia-entre-ser-transexual-y-ser-transgenero-no-te-confundas/ Acceso 14.06.2017

[4] Teoría de género, enfoque de género, perspectiva de género o ideología de género pueden llegar a utilizarse como sinónimos, aunque entre cada definición se pueden encontrar diferencia sutiles.

[5] Principios de Yogyakarta, definiendo orientación sexual

 

Fuente: http://cosasquedecirejvl.blogspot.pe/2017/06/igualdaddiferencia-y-convivencia-erika.html

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