Si no fuera por asociaciones sin ánimo de lucro como AesVida, que atiende a chicas que quieren abortar o que ya lo han hecho, nadie se encargaría de las jóvenes que han sufrido el tremendo drama de acabar con la vida de su hijo y que no se liberan ya de la pesada losa, la angustia y la depresión.

Hablamos con una de esas chicas que terminan en un abortorio porque se se quedan embarazadas muy jóvenes -19 años en este caso-.  Nadie le apoyaba: ni su novio, ni siquiera su madre. Y al sentirse rechazada no le quedó otra opción que ir a esas mal llamadas clínicas.

Se trata Lilia, una ecuatoriana que ahora tiene 30 años. Es la menor de 7 hermanos. A los 13 años decidió independizarse y, como ella asegura, “empieza su libertad” y con ello su vida sexual. A los 17 años, sin investigar nada ni tener en cuenta las consecuencias, empieza a mantener relaciones.

Dos años después se queda embarazada. A partir de ese momento ve al bebé que espera como un problema y decide abortar. Esto le provoca un vacío interior que no consigue llenar y que le conduce al mundo del alcohol y la promiscuidad.

Pero lo que parece un tobogán de angustia, un callejón sin salida… se puede superar. Nos lo cuenta la propia Lilia.

¿Qué motivos le llevan a tomar la decisión de abortar?

Tenía 19 años. Nunca había pensado en qué haría si esto me pasaba. En ese momento estaba trabajando y estudiando, vivía sola y quedarme embarazada fue un problema para mí. Además mi pareja me rechazó cuando se enteró.

Decido que la mejor salida es abortar aunque no estaba totalmente segura. Yo quería deshacerme del problema, entonces trato de apoyarme en mi familia, sobre todo en mi madre pero también me rechazó.

O sea le rechaza su pareja, le rechaza su madre… no tiene en quién apoyarse

Esto me empujó a abortar y a buscar clínicas. Contacté con una doctora y ésta nunca me explicó las consecuencias del aborto. Tan sólo me informó de los tipos de aborto que existen.

También me advirtió de que si me pasaba algo -al ser el aborto ilegal en Ecuador- no dijese su nombre ni la clínica en la que me había practicado la intervención.

Su problema le importaba poco…

A la médica solo le preocupaba eso (que no dijese su nombre) y que le pagase.

¿Usted era realmente consciente de lo que hacía?

No del todo, pero yo sabía que estar embarazada era un problema para estar con mi pareja, para contar con el apoyo de mi familia, para mi futuro, ya que yo quería seguir estudiando y trabajando…

La doctora me practicó el aborto, pero nunca me dijo “existe una fundación que te puede ayudar, o no tomes esa decisión”. Solo me dijo “este es el aborto que te puedo hacer para que no tengas secuelas”.

Y sin embargo… ¿tuvo secuelas?

Yo estaba de 4 meses cuando aborté. Desde el primer instante empecé a tener síntomas. Cuando salí de la clínica sentí un vacío en mí. Empecé a sentir cosas extrañas: tristeza, vacío, necesitaba cariño, apoyo, un abrazo…

Sin embargo, la persona que me acompañó a la intervención me dijo “es lo que decidiste tú”. Nadie entendía lo que yo estaba pasando por dentro.

¿Nadie le habló de las consecuencias, del síndrome post-aborto?

La doctora nunca me informó sobre el post-aborto. Yo veía a una mujer embarazada o escuchaba llorar a un niño y sentía cosas dentro de mí, y no podía pedir ayuda a nadie, porque no iba a ir diciendo por ahí ¡he abortado!

Una vez se lo comenté a una persona y me dijo “Dios te va a castigar”. La gente te juzga por eso. Yo creo que la mayoría de la gente que pasa por lo que yo, se calla.

Por otra parte, pedí ayuda a una psicóloga y me dijo que “si tener al niño era un problema, había hecho bien”. Y eso te confunde.

Con el paso del tiempo yo notaba que cada vez sentía cosas peores, sentía un vacío que no sabía como llenar.

¿Lo llenó con alcohol… para olvidar?

Entonces empecé a beber alcohol para ser un poco feliz. También tenía necesidades sexuales y me saciaba con cualquier hombre que me dijese cosas bonitas.

¿Consigue olvidar?

Pasaron años hasta que me di cuenta de que hice mal en abortar y de que había matado a alguien. Y a los  21 años decido venirme a España. Mi país me recordaba al entorno de mi embarazo y del aborto por lo que tomo la decisión de venir a un país en el que todo iba a ser nuevo para mí.

Lo veo como una salida de escape. Sin embargo, el vacío se vino conmigo. En ese momento clamé a Dios, decidí cambiar mi vida y dejar el alcohol.

¿Por qué clamó a Dios… como se produce ese acercamiento?

Un día tenía la radio puesta y escuché a la doctora Susana Macias -de la asociación AesVida que ayuda a mujeres que van a abortar o lo han hecho-.  Hablaba sobre el retiro “Vida en abundancia” en el que prestan ayuda a mujeres con síntomas del post-aborto.

Para mí “síntomas post-aborto” era una palabra nueva. Sin embargo, todas las sensaciones que describía la doctora eran las que yo llevaba años sintiendo. Una cuña publicitaria sobre el retiro decía “nosotras podemos perdonarnos”. Ahí fue cuando yo me di cuenta realmente de que había matado a alguien.

Y decidió asistir al retiro ¿por qué?

El retiro de Vida en abundancia decía claramente que íbamos a ser restauradas. Nos íbamos a perdonar a nosotras mismas e íbamos a ser transformadas. He ahí mi curiosidad. Saber cómo podía perdonarme a mí misma.

Me puse en contacto con Susana y fui al retiro, a pesar de ser una decisión bastante dura, porque tendría que decir abiertamente que aborté.

¿En qué consistió el retiro?

Fuimos a Toledo y allí nos explicaron los síntomas del post-aborto. Había una lista muy grande de todo lo que yo tenía: síntomas de suicidio, alcohol, sensaciones extrañas al ver a niños y mujeres embarazadas, tristeza, vacío…

Era exactamente lo que me pasaba a mí. En ese momento yo entendí y comprendí todo. Hicimos un duelo por cada bebé abortado y dejamos a nuestros hijos enterrados.

Yo me perdoné, pude entender los síntomas de todo lo que yo había vivido durante años y pude cambiar mi forma de pensar y ser libre.

¿Y realmente se sintió perdonada?

Cuando vuelvo de Toledo empiezo a ver Madrid como una ciudad diferente. Sentía tranquilidad, como si hubiese dejado atrás una mochila que llevaba a cuestas.

Entonces me puse a estudiar peluquería y empecé a ayudar, desde AesVida, a otras mujeres con el mismo problema que tuve yo.

¿Como le pidió perdón a Dios? ¿se confesó?

Soy cristiana evangélica. Cuando aborté yo no conocía todavía al Señor. Vivía mi vida loca. Cuando llegué a España y empecé a cansarme de esa vida, del dolor y del sufrimiento fue cuando tuve la necesidad de buscar una dirección.

Mi madre siempre me había enseñado a pedir a Dios; y es ahí cuando emprendo ese camino. Me arrepentí y pedí perdón. Al pedir perdón puedes entender y comprender.

Y en el momento en el que yo me arrepentí, Dios me perdonó. La única cosa que me faltaba era perdonarme a mí misma. Y esto lo logré cambiando mi forma de pensar y mi estilo de vida.

¿Es más difícil sentirse perdonado por uno mismo que por Dios?

Si, porque en el momento que tú te arrepientes Dios te perdona. Lo difícil es entender como nos tenemos que perdonar nosotros mismos.

¿Le ha ayudado el ejemplo de alguna otra chica que haya superado el síndrome post-aborto?

Sí. En el retiro yo creía que mi historia era la peor, pero cuando compartes con otras personas tu experiencia te das cuenta de que hay testimonios que son fortísimos e impactantes.Y no te ves sola.

¿Qué ayuda ofrecen desde la asociación? ¿Qué labor desempeña?

Tenemos un departamento desde el que organizamos los retiros de Vida en abundancia para ayudar a mujeres que han abortado, y también por otro lado, hay un área de rescate, para convencer a chicas que van abortar.

Cuando nos enteramos de que una mujer quiere abortar hablamos con ella, le orientamos e informamos de AesVida y de qué ayudas le podemos ofrecer si no tiene recursos.

¿Cómo convence a esas mujeres para que no aborten?

Dándoles mi testimonio. No quiero que pasen por lo mismo. Les hablo del post-aborto, del vacío que a mí me dejó y de la vida a la que yo me metí a raíz de esto. ¡Hemos podido salvar a bebés muchas veces!

¿Y a una mujer a la que el novio le exige abortar?

Posiblemente la pareja se encuentre asustada porque ha ocurrido algo que no estaba entre sus planes. Por eso en AesVida nos centramos mucho en las chicas presionadas por sus novios.

Lo que hacemos es tratar a la chica, le damos nuestro testimonio y le ayudamos a pensar. Al final la madre decide tener al bebé y se lo termina contagiando a su pareja.

¿Se conformaría con una ley despenalizadora en tres supuestos (fruto de violación, peligro para la salud de la madre, problemas del feto) como la que había antes en España o es partidaria del aborto cero?

Aborto cero.

¿Le parece justo que las madres que abortan vayan a la cárcel? ¿No cree que también a ellas hay que darles una salida?

Se les debe dar una oportunidad y una salida.

Finalmente, ¿se siente usted perdonada por su hijo?

Claro que sí, porque los no nacidos son inocentes. En el momento en que me arrepentí, pedí perdón a Dios y a mi hijo.

¿Habla alguna vez con él?

Curiosamente la noche anterior de irme al retiro yo soñé con que él estaba en unas sábanas blancas y me alzaba la mano.

Fuente: https://www.actuall.com/entrevista/vida/lilia-supero-el-sindrome-post-aborto-ahora-me-siento-perdonada-por-mi-hijo/

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