“Quería enamorarme como los heteros en las películas, pero me sentía como un pedazo de carne” afirma Paul, un desarrollador de software, que a los 17 años quiso “salir del armario”.

Dar el paso de asumir la homosexualidad no le libró de la infelicidad, las dudas y los miedos. Como a otros muchos jóvenes de Occidente durante las últimas décadas.

Y eso que, en lo que llevamos de siglo, la atracción por el mismo sexo ha dejado de ser un estigma social; los gays han dejado de estar perseguidos o vilipendiados –y eso es, sin duda, un importante logro-; e incluso las legislaciones de muchos países ya han reconocido el matrimonio homosexual.

Pero tanto los datos de publicaciones científicas como los testimonios de numerosos gay revelan que -en buena medida- no han terminado ni la frustración, ni los problemas afectivos y psicológicos. 

Lo refleja Michael Hobbes en un largo reportaje publicado en Huffington Post, titulado La epidemia de soledad de los gays. El autor, homosexual de 34 años, indaga en las causas de la insatisfacción permanente que detecta en parte de esa comunidad, comenzando por sus propios amigos.

Es un intento honesto y desprejuiciado de acercarse a la problemática de quien siente atracción por el mismo sexo. Y lo hace desde el respeto, sin juzgar a nadie, pero sin dejar de reflejar las dudas y perplejidades que tienen muchos –no todos- los homosexuales.

Por su interés reproducimos algunos fragmentos del largo reportaje sobre la soledad de los gays.

“Hace tan poco como en mi propia adolescencia, el matrimonio homosexual era una lejana aspiración, algo que los periódicos continuaban entrecomillando. Ahora, se ha consagrado en la ley por el Tribunal Supremo” escribe Hobbes.

Pero -añade- aun cuando celebramos la dimensión y la velocidad de este cambio, las tasas de depresión, la soledad y el abuso de sustancias en la comunidad gay continúan al mismo nivel en el que han estado durante décadas.

Y recoge varios testimonios.

Jeremy: “Me pasé a la cocaína para poder trabajar al día siguiente”

“Yo podría aguantar despierto todo el fin de semana e ir a estas fiestas sexuales y luego sentirme como una mierda hasta el miércoles. Hace aproximadamente dos años me pasé a la cocaína para poder trabajar al día siguiente.

Jeremy me cuenta esto desde una cama de hospital. Hasta hace unas semanas, no tenía ni idea de que ingería nada más contundente que los martinis.

Es elegante, inteligente, sigue una dieta sin gluten, es el tipo de hombre que lleva una camisa de trabajo sin importar qué día de la semana es.

“Las drogas fueron una combinación de aburrimiento y soledad”, dice. “Solía llegar agotado del trabajo a casa los viernes por la noche, era como un  ‘¿Y ahora qué?’ Así que me gustaba tratar de conseguir algo de metanfetamina y conectarme a Internet para ver si se montaba alguna fiesta. Era eso o ponerme a ver solo una película“.

Cristiano, el segundo chico que besé se suicidó a los 32 años

“Jeremy no es el único de mis amigos gais   que lucha. Está Malcolm, que apenas sale de la casa, excepto para trabajar, debido a que su ansiedad es terrible.

Está Jared, cuya depresión y dismorfia corporal le han reducido de manera constante su trato social hacia mí, el gimnasio y las conexiones a Internet.

Y está Cristiano, el segundo chico que besé, que se suicidó a los 32 años, dos semanas después de que su novio rompiera con él.

Cristiano fue a un establecimiento de festejos, alquiló un tanque de helio, comenzó a inhalarlo y luego envió un mensaje a su ex para pedirle que acudiera, con el fin de asegurarse de que encontraría el cuerpo”.

El autor del reportaje expone algunos datos significativos, extraídos de distintos sondeos y estudios:

“Las personas homosexuales muestran ahora, entre 2 y 10 veces más probabilidades de suicidarse que las personas heterosexuales.

Presentamos el doble de probabilidades de padecer un episodio depresivo mayor. Y al igual que la última epidemia que hemos vivido, el trauma parece concentrarse en los hombres.

En una encuesta sobre varones homosexuales llegados recientemente a la ciudad de Nueva York, las tres cuartas partes sufrían de ansiedad o depresión, o abuso de drogas o  de alcohol, o estaban manteniendo sexo de riesgo, o alguna combinación de estos tres factores. 

A pesar de que se hable de nuestras “elecciones de familia”, los hombres homosexuales tienen menor número de amigos cercanos que las personas heterosexuales o que las mujeres homosexuales.

En un sondeo a prestadores de asistencia en clínicas de VIH, uno de los encuestados dijo a los investigadores: “No es cuestión de que ellos no sepan cómo salvar sus vidas. Es una cuestión de que ellos sepan si sus vidas son dignas de salvación“.

La igualdad en el matrimonio y los cambios de estatus legal constituyeron una mejora para algunos hombres homosexuales”, dice Christopher Stults, investigador en la Universidad de Nueva York que estudia las diferencias en salud mental entre los hombres homosexuales y heterosexuales.

“Pero para muchas otras personas fue una decepción. Así, teniendo esta situación legal, existe sin embargo insatisfacción“.

Esta sensación de vacío no es sólo un fenómeno estadounidense, constata Hobbes.

Así:

“En los Países Bajos, donde el matrimonio gay es legal desde 2001, los hombres homosexuales siguen siendo tres veces más propensos a sufrir un trastorno del estado de ánimo que los hombres heterosexuales, y 10 veces más propensos a participar en una “autolesión suicida.

En Suecia, con reconocimiento como uniones civiles desde 1995 y como matrimonio pleno desde 2009, los hombres casados con hombres triplican la tasa de suicidios de los hombres casados con mujeres.

Todas estas insoportables estadísticas llevan a la misma conclusión: todavía sigue siendo peligrosamente alienante ir por la vida como hombre atraído por otros hombres.

La buena noticia, sin embargo, es que los epidemiólogos y científicos sociales están más cerca que nunca de comprender todos los motivos del porqué.

Travis Salway, un investigador del Centro de Control de Enfermedades en Vancouver, ha pasado los últimos cinco años tratando de averiguar por qué los hombres homosexuales siguen suicidándose.

El problema no era sólo el suicidio, que no sólo aflige a los adolescentes ni a zonas afectadas por la homofobia. Se encontró que los hombres homosexuales de todas partes, de todas las edades, tienen tasas más altas de enfermedades cardiovasculares, cáncer, incontinencia, disfunción eréctil, alergias y asma, lo que sea, lo tenemos. 

En Canadá, Salway descubrió finalmente que más hombres homosexuales morían por suicidio que por SIDA, y que había ocurrido durante años.

(…)

Un estudio publicado en 2015 detectó que las tasas de ansiedad y depresión fueron mayores en hombres que habían salido recientemente que en los hombres que todavía estaban encerrados.

“Es como salir del armario esperando ser esa mariposa y la comunidad homosexual simplemente te da palmaditas en la espalda alabando tu idealismo”, dice Adam, otro de los testimonios que recoge Michael Hobbes.

“Salí cuando tenía 17 años, y no vi un lugar para mí en la escena gay”, dice Paul, el desarrollador de software, citado anteriormente. “Yo quería enamorarme como veía que lo hacían las personas heterosexuales en las películas.

Pero me sentía como un pedazo de carne. La cosa se puso tan mal que solía ir a una tienda de comestibles situada a unos 40 minutos en lugar de a la que estaba a 10 minutos sólo porque tenía mucho miedo de caminar por la calle gay“.

¿Por qué? El autor del reportaje señala cómo algunos homosexuales se sienten rechazados por la propia comunidad gay.

Y constata:

“Un estudio de 2009 indicaba que los hombres homosexuales que estaban más vinculados a la comunidad homosexual se encontraban menos satisfechos con sus propias relaciones amorosas.

“Los hombres homosexuales y bisexuales hablan de la comunidad homosexual como una fuente importante de estrés en sus vidas”, dice John Pachankis, investigador sobre el estrés en la Universidad de Yale. La razón fundamental es que “la discriminación en el grupo” hace más daño a su psique que el ser rechazado por los miembros de la mayoría. 

Es fácil ignorar, desviar la mirada y señalar con el dedo corazón a los heterosexuales a los que no les gustas porque,  con independencia de ello, no necesitas de todos modos su aprobación.

El rechazo de otras personas homosexuales, sin embargo, se siente como perder la única manera de hacer amigos y de encontrar el amor. Verse  empujado lejos de la propia gente duele más porque se la necesita más.

Los investigadores explicaron que hablaban de que los hombres homosexuales causan este tipo de daño unos a otros por dos razones principales.

La primera  es que los varones homosexuales se consideran unos a otros una mierda, ya que, básicamente, somos hombres.

“Los retos de la masculinidad quedan magnificados en una comunidad de hombres,” dice Pachankis. “La masculinidad es precaria. Tiene que ser promulgada constantemente, o defendida, o recogida. “.

Esto ayuda a explicar el estigma generalizado contra los chicos afeminados en la comunidad gay. (…)  tal vez se trata de una homofobia internalizada: los hombres homosexuales afeminados todavía son estereotipados como inferiores, como la pareja receptiva en el sexo anal.

Estas normas de masculinidad imponen un peaje a todo el mundo, incluso a sus autores. Los hombres homosexuales afeminados afrontan un mayor riesgo de suicidio y de padecer soledad y una enfermedad mental.

Los hombres homosexuales masculinos, por su parte, son más ansiosos, tienen más sexo de riesgo, y consumen drogas y tabaco con mayor frecuencia.

Un estudio que investigaba por qué vivir en una comunidad homosexual aumentaba la depresión encontró que el efecto sólo se presentó en los hombres homosexuales masculinos.

Hay un segundo factor de estrés en la comunidad homosexual: el modo de relacionarse, que ha ido cambiando.

En los últimos 10 años, los ambientes gays tradicionales -bares, clubes nocturnos, saunas-, han comenzado a desaparecer, siendo sustituidos por los medios de comunicación social y sobre todo las redes sociales.(…)

Al menos el 70 por ciento de los hombres homosexuales utilizan ahora las conexiones de aplicaciones como Grindr y Scruff para sus encuentros.

En 2000, alrededor del 20 por ciento de las parejas homosexuales se conoció on line. En 2010, aumentó hasta el 70 por ciento.

Marcha del Orgullo LGTBI en Perú – Foto:Julio Angulo/larepublica.pe

Mientras tanto, la proporción de parejas homosexuales que se conocieron a través de amigos se redujo del 30 al 12 por ciento.

Por lo general, cuando escuchamos hablar de la impactante primacía de estas aplicaciones en la vida gay –la red social Grindr, la más popular, dice que su usuario medio le dedica 90 minutos diarios -,   es en alguna espantosa historia en los medios comunicación sobre asesinos u homófobos que pescan a sus víctimas, o sobre las inquietantes escenas “chemsex” (fiestas con consumo de drogas para potenciar las prácticas sexuales)  que han surgido en Londres y Nueva York. Y eso sí que son problemas.

Sin embargo, el efecto real de las aplicaciones es más silencioso, menos remarcado y, en cierto modo, más profundo: Para muchos de nosotros, se han convertido en la principal forma de interactuar con otras personas homosexuales”.

Pero, como constata Michael Hobbes en el reportaje, el tobogán desemboca en el hastío:

“Tengo momentos en los que quiero sentirme deseado y así es como me subo a Grindr,” dice Paul, el desarrollador de software. “Subo una foto sin camisa y empiezo a recibir estos mensajes; me dicen que soy ardiente. Te hace sentir bien en el momento, pero nada acaba saliendo alguna vez de ello, y ​dejas de recibir ​esos mensajes pasados unos días. Sientes como al rascarte un picotazo, pero es la sarna. Esto solamente puede ir a más “.

“A menudo vivimos nuestras vidas a través de los ojos de los demás”, dice Alan Downs, psicólogo y autor de The velvet rage (La Rabia terciopelo), un libro sobre la lucha de los hombres homosexuales contra la vergüenza y la validación social.

“Queremos tener un hombre tras otro, más músculos, más estatus, lo que nos trae la aprobación fugaz. Luego nos despertamos a los 40, agotados, y nos preguntamos, ¿Es eso todo? Y entonces llega la depresión “.

“Uno de los estudios más sorprendentes que he encontrado -dice Hobbes- describe el aumento de la ansiedad y de la depresión entre los hombres homosexuales en 2004 y 2005, los años en los que 14 estados aprobaron enmiendas constitucionales definiendo el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. 

Los varones homosexuales en esos estados mostraron un incremento del 37 por ciento en los trastornos del estado de ánimo, un aumento del 42 por ciento en el alcoholismo y un 248 por ciento de aumento en el trastorno de ansiedad generalizada.

Según el mencionado investigador Pachankis, muchos de los hombres con los que trabaja llevan años sin reconocer que las cosas por las que  se están esforzando –tratando de tener un cuerpo perfecto, realizando un mayor y mejor trabajo que sus colegas, conservado el ideal Grindr de semana nocturna- están reforzando su propio miedo al rechazo. 

Michael Hobbes concluye su reportaje admitiendo la verdad de fondo: los homosexuales van en pos de la ansiada igualdad, pero ésta se revela quimérica porque ellos siempre serán diferentes.

Escribe: “No dejo de pensar en algo que me dijo Paul, el desarrollador de software: “Entre las personas homosexuales, siempre nos hemos dicho que cuando se acabara con la epidemia del SIDA estaríamos bien.

Luego fue que estaría bien que pudiéramos casarnos. Ahora es que estaremos bien cuando se detenga el acoso.

Seguimos esperando el momento de sentir que no somos diferentes a otras personas. Pero el hecho es que somos diferentes. Es cuestión de tiempo que lo aceptemos y trabajemos en ello“.

Fuente: https://www.actuall.com/familia/estres-soledad-angustia-en-la-comunidad-lgtb-ya-tenemos-el-matrimonio-gay-y-ahora-que/

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