El Congreso de los Diputados rechazó con buen criterio la iniciativa de Podemos de legislar la implantación de la Eutanasia, pero ello no ha sido óbice para que el Parlamento catalán, que lleva un cierto tiempo interpretando el acreditado drama “Solos contra el mundo”, haya decidido insistir en ello utilizando su capacidad de iniciativa en relación al Congreso.

Lo primero que llama la atención es que el tema posee para los diputados de la CUP, ERC, ex CDC, Ciudadanos, PSC y Catalunya sí que es Pot (la suma de Colauistas, Iniciativa y Podemos) vital importancia para que en plena fase de “desconexión” decidan instar una tramitación en el Congreso del estado del que se quieren separar la mayoría de ellos. Para determinados temas, el independentismo no cuenta. Para el aborto, leyes de perspectiva de género y LGBTI, no hay independencia que valga. Mira que a lo largo de estos años ha habido- y sigue igual- cuestiones vitales para ejercer esta vía de intervenir en la gobernación del estado. Propuestas sobre la financiación, la fiscalidad, la familia, la precariedad, lo que se quiera, no han importado. La eutanasia y el suicidio asistido sí.  Esto da una idea del orden de prioridades y la jerarquía que impone la cultura dominante. El Parlamento de Cataluña tiene una visión muy sesgada de nuestras vidas si lo que les importas es cómo facilitar la muerte, en lugar de cómo vivir mejor.

Porque, además, la eutanasia es inútil. Quien quiera morir sin dolor físico, que debemos ser casi todos, tenemos la respuesta óptima en los cuidados paliativos. Esa sí es la vía para una muerte digna sin prolongación forzada de la vida, y con un tratamiento para darle la mejor calidad posible. Las atenciones paliativas, que si bien pueden provocar en determinados casos el acortamiento de la vida, no tiene esta finalidad. Su fin no es matar sino evitar el dolor. Esa es la diferencia con la eutanasia y el suicidio, esa y el acompañamiento personal, la ayuda al bien morir en una sociedad que oculta la muerte como si no existiera, en lugar de aprender a vivir de acuerdo con ella.

La eutanasia es una decisión irrevocable, un error en muchos casos fruto de la presión ambiental, de la soledad, del hecho de que te hagan sentir que tu vida ya no vale la pena de ser vivida, porque si es solo el sufrimiento físico está claro que la vía de los cuidados paliativos es la mejor, y no es irreversible. Las estadísticas de los pocos países que han legalizado la eutanasia muestran el elevado número de caso de personas que mueren sin ser terminales, y la abundancia de quienes viven solas o son totalmente dependientes de sus familiares, y acaban -o los acaban- considerando un estorbo. La tentación ante un pariente viejo y anciano, que solo nos complica la vida hasta extremos terribles, de pensar que para lo que hace en este mundo lo mejor es que muriera está a la orden del día. La eutanasia es la legalización del abuso y del economicismo, y la desigualdad en nombre de una falseada compasión, porque compadecerse es “sufrir con” y no liquidarlo. Esa es la mentalidad que la eutanasia ensancha: toda ley crea una mentalidad, la de la eutanasia es la de las vidas que no merecen vivir. No es un accidente que fuera la Alemania nazi donde más prosperara esta práctica, con el programa Aktion-T4 dedicado a fomentar la “buena muerte” de enfermos mentales, dependientes profundos, ancianos enfermos y, en general, todo lo que representa un coste para la sociedad.  Su versión edulcorada, posmoderna, la que nos vende el Parlamento catalán, la tenemos en la película Soylent Green.

La eutanasia es una forma de rebajar costes del Estado del bienestar. Es otra forma de recortar el gasto público. Los promotores de la ley, es decir, casi todos los partidos catalanes, nos intentan vender la moto de que es una legislación que en paralelo hará avanzar los cuidados paliativos. Nos engañan. Primero porque el buen nivel -congelado por los desequilibrados recortes- que posee Cataluña en este campo, se ha alcanzado sin legislación. Tenemos buenos profesionales, muy buenos vocacionales para acompañar. No necesitan la ley para la atención paliativa porque es solo una cuestión de dinero sino para la eutanasia. Pero así nos la meten doblada con vaselina.  Pero la realidad no engaña. Donde hay eutanasia (que son pocos países, y eso obliga a preguntar por qué es así) no hay buena atención paliativa. El caso de Holanda es ejemplar, pionera en matar, sus servicios paliativos son miserables, Cataluña se encuentra a años luz de ventaja a pesar de que el país es menos rico. Si la ley prospera para toda España -el parlamento autonómico carece de competencias para ello- olvídense de ello, olvídense de la atención médica y psicológica al bien morir. ¿Para qué gastar en los que van a morir, si la eutanasia lo arregla a un coste bajísimo?

La eutanasia es además una solución para “los de abajo”. Muy poca de la gente con dinero acude a ella. Se instala en un fin más dulce de sus días, menos radical, el de la paliación y un final bien acompañado.  La eutanasia es un factor, uno más, de la desigualdad que crece, y ahora se ocupará de cómo morimos.

No existe ningún derecho a morir, y menos en una sociedad que rechaza el derecho a vivir de los seres humanos concebidos. Que terrible aquella sociedad que adopta la muerte provocada como solución al inicio y al final de los días.

Desde ningún humanismo laico puede resultar racional que la muerte provocada como único fin sea solución. Desde una posición religiosa es evidente que tampoco.

Fuente: http://www.forumlibertas.com/la-eutanasia-inutil/

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