Los tiempos en que era posible ser del partido Demócrata en Estados Unidos y, al mismo tiempo, estar a favor de la vida, y en consecuencia, oponerse al aborto, parecen tan lejanos como los tiempos del miriñaque y de las lámparas de petróleo.

Y sin embargo, hubo un tiempo en que fue así. Luego vendría el 68, la “liberación sexual”, el feminismo anti-femenino, Roe vs Wade y un partido demócrata que apostó abiertamente por el aborto. Y claro, empezó el éxodo de demócratas hacia el partido Republicano, apareciendo lo que en su momento se denominó los Reagan democrats, esos antiguos demócratas que le dieron su confianza a Ronald Reagan.

El siempre listo (a veces demasiado) y pragmático Bill Clinton tuvo claro que no podía ganar con un mensaje abiertamente abortista, así que se sacó de la chistera aquel famoso eslogan que hablaba de convertir el aborto en algo “seguro, legal y raro”. Se trataba de crear las condiciones en las que las mujeres no tuviesen que recurrir al aborto, explicaba, y solo Clinton y el partido Demócrata tenían la suficiente sensibilidad y habilidad para hacerlo.

Era una falacia, sobre todo si consideramos que el aborto se ha convertido en el “anticonceptivo” de último recurso sin el que todo el edificio de la “liberación ” sexual se desmorona, pero funcionó y Clinton pudo pescar suficientes votos pro-life como para asegurarse la presidencia.

Algo que no hizo su esposa, Hillary, en la pasada campaña, cuando apostó por una defensa a ultranza del aborto, concebido no como un mal que se puede llegar a tolerar o como una tragedia que hay que minimizar, sino como un sacrosanto derecho del que no se puede dudar ni un ápice.

Para muchos el ingente apoyo económico y social de la multinacional abortista Planned Parenthood a Hillary fue decisivo para explicar esta postura que, con certeza, fue una de las claves de su derrota (junto con su decidida voluntad de restringir la libertad religiosa, factores ambos mucho más determinantes que la acción de los hackers rusos en los que ahora se escuda para justificar su desastroso resultado).

Pero a poco que uno esté atento, descubre que la cuestión afecta a algo más profundo, hasta el extremo de empezar a sospechar que la defensa, e incluso la celebración del aborto, es el núcleo vital del actual partido Demócrata, aquello a lo que, bajo ningún concepto, están dispuestos a renunciar.

Unos sucesos recientes vienen a confirmar esta tesis.

Nos referimos a la polémica a raíz de la aparición en un mitin del candidato demócrata en Omaha, Heath Mello, junto al líder izquierdista Bernie Sanders. ¿Dónde está el problema?, se preguntarán muchos de ustedes.

Pues el problema está en que Mello, un católico de 37 años, cuando era senador del estado, en 2009, apoyó una ley que obligaba a informar a las mujeres de su derecho a pedir una ecografía por ultrasonido de su bebé antes de abortar. Algo terrible para los grupos abortistas: la presidenta de NARAL Pro-Choice America, Ilyse Hogue, declare que el candidato “privará a las mujeres de nuestros derechos básicos y libertades”. No es poca cosa.

Fíjense que ni siquiera les obligaba a ver la eco por ultrasonido, y mucho menos ponía ninguna traba al aborto, sencillamente tenían que avisar a las mujeres de que, si lo deseaban, podían hacerse esa ecografía gratis. Y esto, según una de las más importantes dirigentes abortistas, conculca los derechos y libertades. Parece claro que hemos abandonado el campo de la argumentación racional para sumergirnos en el del más irracional de los fanatismos.

Sanders reaccionó respondiendo que la existencia de diferentes visiones sobre el aborto dentro del partido Demócrata era algo natural… para ser desautorizado de inmediato por el presidente del Comité Nacional Demócrata, Tom Perez, quien declaró que “todo demócrata – y todo norteamericano-  debe apoyar el derecho de la mujer de tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo y su salud [un eufemismo para referirse al aborto]. Esto no es negociable y no debe de cambiar ciudad por ciudad o estado por estado”.

Por su parte, el cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, criticó la decisión del máximo órgano del partido Demócrata de apoyar solamente a candidatos pro-aborto y la calificó de “preocupante” e “intolerante”. El cardenal Dolan se mostró atónito ante el hecho de que “la plataforma del partido Demócrata ya apoya el aborto a lo larga de los nueve meses de embarazo, incluso forzando a los contribuyentes a pagar por ello, y ahora el DNC (Democratic National Committee) dice que para ser demócrata – de hecho para ser norteamericano – se requiere apoyar esa agenda extrema”. Pues por mucho que le pese al cardenal Dolan, lo cierto es que es así y que no se trata de ningún accidente, sino de la conclusión de un largo proceso.

Incluso la revista America, editada por los jesuitas y caracterizada por sus posiciones cercanas a los postulados del partido Demócrata, se ha mostrado muy crítica con la decisión, titulando: “El aborto está demostrando que el partido Demócrata puede superar a los Republicanos en autodestrucción”. Robert David Sullivan sigue escribiendo que “el aborto es ahora la cuestión central que define a los Demócratas e Ilyse Hogue, la presidenta de NARAL Pro-Choice America, es la líder de facto del partido. Esto da a los Republicanos una enorme ventaja para frenar las pérdidas electorales si la administración Trump continúa fallando”.En un país en el que aproximadamente la mitad de la población se declara pro-vida y en el que este asunto es prioritario para muchos votantes, la cerrazón abortista del partido Demócrata le regala una ventaja a los Republicanos que es contemplada con desesperación por sus simpatizantes menos extremistas.

Fuente: http://www.actuall.com/criterio/vida/los-democratas-solo-aceptan-a-abortistas-radicales/

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