Las inclinaciones psicológicas de los transexuales tienen mucho que ver con el mundo de la masculinidad. Es decir, que el cambio quirúrgico de sexo (de varón a mujer) no significa una metamorfosis radical, sino sólo relativa.

Ellos, y sobre todo los activistas trans, no lo aceptan así y consideran que esas conclusiones responden a estereotipos sexistas. Pero la observación no es un invento, sino que basa en estudios científicos.

Así lo asegura el profesor Paul McHugh, psiquiatra de la Universidad John Hopkins, en una serie de artículos publicados durante los últimos años, fruto de su experiencia clínica.

Así, entre los rasgos de las nuevas mujeres, el científico norteamericano destaca tres tan sorprendentes como éstos:

Primero, dedicaban demasiado tiempo a pensar y hablar sobre sexo y sus experiencias sexuales; su hambre sexual y sus aventuras parecían preocuparles.

Segundo, hablar de bebés y niños no les interesaba demasiado; incluso parecían indiferentes a los niños.

Y tercero y más definitorio, muchos de éstos hombres-que-declaraban-ser mujeres decían que encontraban a las mujeres sexualmente atractivas y que se veían como “lesbianas”.

Tres rasgos muy poco femeninos, ya que a las mujeres no les interesa el sexto tanto como a los hombres; les motivan enormemente los niños y bebés y cuanto les rodea –dada la fuerza que tiene el instinto maternal-; y mayoritariamente sienten atracción por los varones, y no por otras mujeres.

En este sentido, los casos analizados por el profesor McHugh parecen falsas mujeres, no verdaderas mujeres, o por decirlo de forma más precisa transexuales varones con atributos, vestimenta y actitudes femeninas, pero con un cerebro más bien masculino.

Lo subraya textualmente el propio McHugh:

“Los sujetos post-quirúrgicos me parecían caricaturas de mujeres. Llevaban zapatos de tacón alto, mucho maquillaje y vestidos llamativos; me explicaban cómo se sentían al poder dar rienda suelta a sus inclinaciones naturales por la paz, la domesticidad y la dulzura”

Pero añade: “Sus grandes manos, sus prominentes nueces de Adán y sus evidentes rasgos faciales eran incongruentes y lo serían cada vez más a medida que envejecieran”.

Las psiquiatras a las que los enviaba para que hablaran con ellos conseguían ver intuitivamente a través del disfraz y la exageración en los gestos. “Las chicas conocen a las chicas”, me dijo una de ellas, “y eso es un chico”.

Eso determinó que, desde 1975, McHugh dejara de recomendar como psiquiatra la cirugía de cambio de sexo como solución para hombres que decían sentirse mujeres.

Habría que ver cada caso y ser prudente. Y decidió exigir más información, tanto antes como después de las operaciones.

Quería comprobar si los niños con genitales ambiguos que eran transformados quirúrgicamente en niñas y educados como tales, como afirmaba la teoría (del Hospital John Hopkins), se normalizaban con facilidad en la identidad sexual que se había elegido para ellos.

Estas afirmaciones habían generado la opinión en círculos psiquiátricos de que el “sexo” y el “género” de una persona eran cosas distintas: el sexo estaba determinado genética y hormonalmente desde la concepción, mientras que el  género estaba modelado por la cultura mediante la acción de la familia y otros durante la infancia.

El psiquiatra y psicoanalista John Meyer ya estaba desarrollando un método para hacer el seguimiento de adultos que habían sido operados de cambio de sexo en el Hopkins para ver en qué medida la cirugía les había ayudado.

La mayoría de esos pacientes, localizado años después de la operación, estaban satisfechos con lo que habían hecho; sólo unos cuantos se arrepentían.

Sin embargo, en los demás aspectos habían cambiado poco en lo que se refiere a sus condiciones psicológicas.

Meyer descubrió que seguían teniendo los mismos problemas que antes con las relaciones, el trabajo y las emociones. La esperanza que tenían de superar sus dificultades emocionales para mejorar psicológicamente no se había cumplido.

Y McHugh llegó a la conclusión de que, aunque después de la cirugía, a esos varones les gustaba vivir en el sexo opuesto, no se sentían mejor en su integración psicológica ni la vivían mejor. Es decir que el quirófano no había resueltos sus problemas.

“El Hopkins –subraya McHugh- estaba fundamentalmente colaborando con una enfermedad mental”

Y es ent0nces cuando el especialista pensó que “los psiquiatras, teníamos que concentrarnos en intentar arreglar sus mentes y no sus genitales”.

Fuente: http://www.actuall.com/familia/los-transexuales-no-les-interesan-demasiado-los-ninos-los-bebes/

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