La progresía es una excrecencia de la izquierda, pero no es la izquierda, al menos no la izquierda clásica, y sus premisas han sido ampliamente aceptadas por todo el espectro en público, aunque sospecho que quienes las creen en privado son muy escasos y quienes viven de acuerdo a las mismas, prácticamente inexistentes.

Los progres sostienen -y convierten en ley- disparates, contradicciones lógicas, ideas que de llevarse a su conclusión natural y ser universalmente admitidas llevarían al colapso de la civilización y posturas que parecen salidas de la mente de un maníaco.

Veamos cuáles son nuestros cuatro tipos de progre.

1. El progre por defecto. Es la persona que sostiene opiniones progresistas porque son las que les han enseñado, no solo como obvias y propias de toda persona inteligente, sino también -y esto es crucial- como las únicas que puede defender alguien decente.

Desde que nace, cualquier persona en Occidente se ve sometida a un torrente de consignas progres. Las ve reflejadas en sus series favoritas, en las películas que ve, en los medios de comunicación a los que acude, en las canciones que escucha. También son las que les transmite el sistema educativo desde los 3 años y que luego refuerza y exagera la facultad.

Importa algo la diferencia entre enseñanza pública y privada, pero no demasiado, no solo porque los planes de estudio obligatorios son los mismos sino porque el personal docente es un colectivo especialmente vulnerable a las novedades más demenciales.

Es, en fin, progre porque difícilmente podría ser otra cosa. “Dadme un niño hasta los 8 años y quedáoslo el resto de su vida”, dicen que decían los jesuitas, porque lo que se aprende primero es lo que queda.

Y ni los jesuitas ni los propios soviéticos podían imaginar un bombardeo tan bien diseñado y tan constante como el que se usa para vender los dogmas de la élite.

No es un ‘true believer’, no es un fanático, no le da mayor importancia a estas cosas en las que cree pero que no constituyen ni mucho menos el eje de su vida.

Autobús HazteOir.org en la Complutense
El Autobús de HazteOir.org en la Universidad Complutense / Actuall

 

Este es el progre más sencillo de ‘desprogramar’, y las más de las veces solo necesita tiempo, maduración y el contacto con la realidad para dejar de serlo.

No hay propaganda, por perfecta que sea, que le aguante demasiados asaltos a una realidad con la que topamos constantemente y la contradice.

Así que nuestro hombre es casi siempre joven, y aconsejo tener con él enorme paciencia y no dejar que nos envuelva en sus debates, aunque quizá tampoco él tenga especial interés en debatir si no se le azuza. Suele ser relativamente poco evangélico en su progresismo.

Más que con argumentos, se le puede ayudar a salir de la lacra progresista llamando discretamente su atención sobre aspectos de su experiencia que contradicen flagrantemente lo que le han enseñado. Pero procure no ser descarado o agresivo: ya he dicho que suele ser joven, y los jóvenes, intelectualmente inseguros, reaccionan mal a la contradicción ideológica.

Probabilidades de desprogretización a largo plazo, 65%-80%.

2. El progre por compasión. El progresismo siempre presenta muy eficazmente sus mensajes como chantajes emocionales. Una no puede refutarlos con lógica o datos; mejor dicho, puede, pero queda como un ser cruel, implacable y malvado.

El argumento mejor trabado y más trufado de datos sobre por qué es un absoluto disparate que vengan a nuestros países millones de ‘refugiados’ sin control queda reducido a la nada con la foto del pequeño Aylán ahogado en una playa turca.

Esto, siempre eficaz, con las posibilidades audiovisuales de nuestro tiempo y teniendo en cuenta que el occidental moderno está mucho más hecho a sentir que a discurrir, tiene un efecto demoledor sobre nuestro segundo tipo de progre.

El progre por compasión tiende a no discutir. Es una persona muy empática, y eso le hace sensible al truco progresista de identificar compasión con visión progre de la vida.

Creo haber contado que, fuera del insulto y la amenaza directos, la respuesta más común que he encontrado a mi postura sobre el autobús naranja han sido variaciones de “¿dónde está tu compasión?”.

¿Qué pronóstico tiene nuestro -o, muy frecuentemente, nuestra- progre por empatía? No tan positivo como el progre por defecto, pero no estamos tampoco ante un caso desesperado. Es difícil, pero puede salir del pozo progre.

Quien se lo proponga debería procurar dejar de lado datos y lógica y atacar con las mismas armas que le han conquistado, es decir, lograr que sienta empatía por las (más que abundantes) víctimas del progresismo.

Probabilidades de desprogretización a largo plazo: 40%-55%

3. El progre por cálculo. Ser progre es socialmente rentable, precisamente porque es el dogma de la élite, del establishment, de los que cuentan. Repetir los mensajes de la progresía confiere status y, a menudo, tiene premio.

Puesto en contrario, quien más, quien menos, todos conocemos carreras que se han visto cercenadas de cuajo por una opinión insuficientemente progre. Hay quien ha tenido que dimitir como CEO de la misma empresa que fundó, como el creador del navegador Mozila,  Brendan Eich, por oponerse al matrimonio gay, así como autoridades públicas y gente de posición más humilde, incluso dependientes de comercio.

El progre por cálculo es muy consciente de todo esto, y no está dispuesto a dejarse ganar en esta carrera de prestigio e interés.

No solo usará su propio progresismo para ascender y quedar bien, sino que se valdrá del menor desliz de sus rivales en la férrea ortodoxia progre para denunciarlos y deshacerse de ellos.

Fuera de una caída del caballo a lo San Pablo, vemos difícil la curación de este especimen. Sabe que fuera del progresismo no hay salvación laica, y ha echado a demasiados colegas a los lobos como para saber lo mal que se pasa en el exilio: allí es el llanto y el rechinar de dientes.

Por otra parte, su curación será tan milagrosa y fulminante como las de Lourdes si cambian los vientos y la vulgata progre pierde el favor de quienes mandan, algo en absoluto imposible pero altamente improbable a medio plazo.

Es teóricamente posible que una conmoción vital le despierte, o que pase a moverse social y/o profesionalmente en un medio donde ser progre no tenga recompensa. Fuera de esos casos extremos, tenemos que desesperar.

Probabilidades de desprogretización a largo plazo: < 10%

4. El progre por complicidad. Se parece al progre por cálculo en que también tiene un interés propio en el mensaje progre, pero en su caso no por ganar prestigio o dinero, sino porque la dogmática actual valida sus elecciones vitales.

Es, en definitiva, la población marginal, estadísticamente minoritaria, que se ve premiada y elogiada por el progresismo sencillamente por lo que son o por aquello a lo que se dedican.

Es, en definitiva, algo personal. Lo que han elegido en la vida, lo que otras culturas anteriores o ajenas consideran asocial, poco saludable, inmoral o desaconsejable, pasa a ser glorificado y ensalzado por la cultureta progresista.

Estos son irrecuperables, básicamente. Atacar el menor artículo de la vulgata progre en su presencia lo interpretan como un ataque personal, y suelen reaccionar con una ferocidad en consonancia. Estos son el núcleo duro, la vanguardia, los que han apostado todo al rojo.

Probabilidades de desprogretización a largo plazo: < 1%

Fuente: http://www.actuall.com/criterio/democracia/cruda-realidad-los-cuatro-tipos-progre-pronostico/

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