“No, una mujer transexual no es biológicamente un hombre”. Se trata del próximo paso a lograr por el lobby LGTB, es decir, repetir e insistir en que no solo el género es una construcción social, sino el sexo biológico también.

Así lo afirma la activista 

Pero no solo son dañinas, sino que decir esas palabras -que las mujeres transexuales son biológicamente hombres- permite que haya gente que justifique el maltrato a las personas trans, según afirma Riley.

Esto es solo la introducción, ahora Riley va más despacio, por si alguien se ha perdido. La activista supone que si ves el vídeo es que eres un “aliado” de los trangénero -aquí no caben medias tintas- y que intentas comprender todo esto de género y sexo.

Lo primero que escucharás es que el sexo es biológico y el género una construcción social, comienza Riley, que enseguida rectifica y matiza que eso no es del todo así. Cierto que son cosas diferentes, pero ambas, insiste, son construcciones sociales, cada una a su manera.

El discurso de que el género es una construcción social y que una cosa es el sexo con el que se nace y otra -el género- es el sexo que se percibe, es un tema más conocido. Por lo que vayamos directamente a la partes que nos interesa: el sexo biológico. 

Lo que argumenta esta transexual es que el sexo tiene que pasar por el mismo proceso que el género -de ahí que sea el siguiente paso en la agenda LGTB-. Para ello hay que considerarlo como una construcción social. Pero, ¿cómo van a ser los genes una construcción social? Paso a paso.

Primero veamos qué es el sexo -siempre según Riley-. Se trata de una manera de categorizar a los seres humanos según unos rasgos: cromosomas, genitales, gónadas, hormonas y características secundarias como vello o pechos.

Pero claro, argumenta, nadie puede ver tus hormonas, cromosomas, gónadas o genitales a simple vista, por lo que la gente deduce tu sexo por tus características físicas. Pero, he aquí uno de los trucos, estas características se pueden cambiar con hormonas o cirugía.

Por ejemplo, si una personas asignada como mujer -la culpa siempre es del médico- toma testosterona desde que nace, tendrá una voz más grave y más vello facial que personas asignadas como hombres que tomen estrógenos desde su tierna infancia. Bravo.

Y a esto le puedes añadir los bloqueadores de hormonas para que una persona asignada mujer no experimente ni por un segundo un rasgo de feminidad durante su pubertad.

Este ‘razonamiento’ lleva a Riley a la conclusión de que el sexo asignado al nacer no te dice que características físicas tendrás en tu pubertad, al contrario que los estrógenos/testosterona/bloqueadores.

Y por lo tanto, decir que conoces el sexo de alguien por sus características físicas es simple y llanamente mentira. Antes hay que mirarle historial médico.

¿Pero qué pasa con las gónadas o los genitales? El problema anterior ya está resuelto para Riley, si alguien tiene dudas que repase el texto.

Pues muy fácil, según la lógica descrita antes solo hace falta cirugía. Genitales fuera. No vale como indicador de sexo.

¿Ovarios y testículos? Lo mismo. Pero apuntilla la activista. ¿Si a una mujer le quitan los ovarios por culpa de un cáncer, deja de ser mujer? ¿no, verdad? Pues eso, ella lo ha dicho.

No importa, seguimos hasta el final. Con todos estos argumentos ya ha desmontado cuatro de los cinco indicadores de sexo. Ejemplo: si te asignan hombre el nacer, pero tomas estrógenos, te operas y te quitas los genitales, tendrás características femeninas, una vagina implantada y todos pensarán que eres una mujer.

El problema serían las gónadas, y supongamos, dice Riley, por suponer, que esa persona asignada hombre al nacer tenga cromosomas XY. No pasa nada. Como tres de esos factores son femeninos y uno se puede considerar neutro, solo tendría uno masculino. Y las matemáticas no fallan: tres contra uno, eres mujer, al menos según el método Riley.

Alguno queda que todavía duda sobre esto. Dicen que los cromosomas son importantes y no se pueden cambiar. Sí, cierto, pero Riley tiene respuesta para todo. El sexo no se define solo por los cromosomas, sino por el conjunto de estas cinco características, y ya hemos visto las matemáticas.

Y además, ¿qué sentido tiene separar a las personas? Es aquí donde más brillante se muestra Riley: si los cromosomas no definen tus hormonas, gónadas, genitales o características físicas -dice-, ¿qué propósito tienen al diferencias a las personas? Por supuesto ninguno. No existe razón para dividir entre XX o XY. Ole.

Es, y cito literalmente, “una distinción arbitraria que no tiene efecto en cómo una persona se comporta” -creo que las feministas discreparían, al menos en lo de “violencia machista”-. Pero es que además se trata de una información inútil.

Resumimos esto que es un poco caótico: el sexo no es un hecho biológico, porque cuatro de estos cinco aspectos que lo conforman son variables -no hay nada que un bisturí a tiempo no arregle-, y el que no es variable (XX, XY), no sirve para nada. Más claro, agua.

Pero no hemos acabado. Este resultado nos lleva a pensar que una persona trans tenga que operarse para cambiar de sexo, y eso no es así, basta con que reclame ser del sexo que quiera. Así que, para acabar, todo el rollo de antes no sirve para nada -eso lo comparto- porque nazcas con vagina o con pene no significa que seas mujer u hombre.

Eres lo que sientes y Riley ha destrozado la biología en apenas siete minutos.

Fuente: http://www.actuall.com/criterio/familia/siguiente-paso-la-agenda-lgtb-sexo-biologico-tambien-construccion-social/

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