Los medios digitales informaron que “el sistema de salud en Holanda, considerado como uno de los mejores de Europa, hace tiempo que está siendo cuestionado tanto por una buena parte de sus usuarios como de algunos expertos. Uno de los motivos, es que actualmente el 90% está en manos de cuatro compañías aseguradoras, que priman a los médicos por gastar poco.”

La sanidad es un negocio en Holanda y la prioridad del doctor es ahorrar dinero al seguro. No importa tu salud, ya te puedes estar muriendo, que todo lo relajan con un Paracetamol y te mandan a casa. Ni de broma te derivan a la primera a un especialista”, afirmaba recientemente Carlos Raboen Sánchez, que además de usuario es un joven radiólogo venezolano.

Adviértase hasta que punto se ha llegado. Una usuaria ha dicho que “es tan difícil que te receten un antibiótico, que yo ya ni me molesto en ir al médico. Y para que te atiendan en urgencias, ya te puedes estar muriendo”, aseguraba también otra usuaria, española, residente en ese país.

Todo se ha transformado en un vil negocio. Y en gran parte es por ello que la eutanasia ha aumentado un 73% en Holanda desde que fue legalizada hasta el presente.

Desde el punto de vista ético la mercantilización de la medicina es una de las desgracias de este tiempo posmoderno, donde a la vez que se inflan los derechos humanos incluso con algunos no lo son, concomitantemente “se dispone” de la vida de la gente ya no siguiendo criterios humanos sino criterios meramente mercantilistas. Es decir, es otra manifestación de la cosificación de la vida humana, por vía de la muerte asistida, de la eutanasia pero actualmente hasta por fuera de ellas, en la práctica clínica común, negando medicinas o exámenes por razones materiales, mediante el simple procedimiento que nos describen estas abominables noticias.

Está bien que no exista en casos de enfermos terminales, lo que se denomina “encarnizamiento terapéutico”, aplicando tratamientos desproporcionados y costosísimos a personas cuya esperanza de sobrevida es casi nula. Pero de allí a no atender como exige la “lex artis” a pacientes sanos, saludables y hasta jóvenes, hay un buen trecho que cada vez se está recorriendo más por parte de la medicina mercantilizada de países como Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Suiza.

Y estamos convencidos que esa práctica deshumanizada está fundada en gran parte en el agonisticismo materialista que prima en esas sociedades ultra laicistas, desvinculadas, donde la persona humana no tiene para ellos referencia alguna con la trascendencia y donde sólo se es un “pedazo de carne” sin alma, por lo que los “carniceros” de turno pueden disponer de la vida de los seres humanos a su antojo, no sólo por supuestas razones de piedad en los casos de los terminales, las que no son verdaderamente tales, sino incluso negando medicamentos a personas que los requieren por razones estrictamente económicas, por orden de los directores técnicos de las mutuales o, como vemos, por presión de las empresas aseguradoras de salud, para las que la humanidad es una palabra, por lo visto, desconocida.

La única forma de evitar estas desgraciadas prácticas es mediante una legislación que controle y sancione por elementales razones de bien común, a las empresas de salud y sus aseguradoras, que observen este tipo de prácticas deleznables. Comprobados los casos debería llegarse hasta al retiro de las autorizaciones sanitarias a los centros de salud que las practiquen, como forma aleccionadora de enviar un mensaje a la sociedad civil de cada país, en sentido que se terminó el descontrol, y que las autoridades que ejercen policía sanitaria de cada Estado empezarán a cumplir de verdad con sus funciones, protegiendo a la población.

Por Carlos Alvarez Cozzi

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