El 28 de marzo, la Suprema Corte de Estados Unidos está llamada a atender un caso sobre el acceso a baños transgénero presentado por un estudiante de Virginia, Gavin Grimm. Nacido como niña, ella decidió a los 9 años que realmente era un niño. La junta escolar local se rehusó a dejarla usar el baño de niños. Ella hizo la demanda, y ahora el caso ha ascendido a la Corte Suprema (Junta Escolar del Condado Gloucester vs. Gavin Grimm).

Entre los escritos presentados a la Corte como «Amicus Curiae» están un número de documentos que sostienen que la agenda transgénero dañará a los estudiantes. Destaca un escrito de la Dra. Judith Reisman, fundadora del Instituto de Protección al niño y una profesora investigadora en la Escuela de Derecho de la Universidad Liberty. Ella es una experta, reconocida internacionalmente, en abuso sexual a niños y la influencia del sexólogo Alfred Kinsey. Aquí presentamos algunos extractos…

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Como el (Departamento de Justicia y el Departamento de la Oficina de Educación de Derechos Civiles) instruye a las escuelas distritales, el propósito del Título 9 es de proveer un ambiente seguro y no-discriminatorio a todos los estudiantes. Asumiendo que es verdad, entonces la interpretación del Título 9 para que incluya «identidad de género», y particularmente para obligar a los distritos a permitir el acceso a instalaciones separadas por sexo basadas solamente en el género percibido está en conflicto con este propósito. Más aún, la promoción de los Departamentos para el reconocimiento de niños «transgénero» promueve la experimentación, cambios de vida en los protocolos médicos que no cumplen con los dictados de ética médica. Lo más importante, los Departamentos están sancionando una agenda manejada por una ideología que amenaza el bienestar físico, mental y emocional de los niños.

A pesar de estudios que muestran que el 80 a 95% de los niños que reportan disonancia entre su género percibido y su sexo biológico descubren una correspondencia entre ambos en la adolescencia tardía, protocolos médicos para niños «transgénero» están siendo llamados a una intervención temprana con fármacos supresores de la pubertad y hormonas para el cruce o cambio de sexo. Estos protocolos crean esterilidad irreversible y otros efectos de cambio de vida a los cuales los niños, como menores con cerebros inmaduros, son incapaces de dar consentimiento informado. Ni los padres pueden dar consentimiento «informado» a tales protocolos dado que las consecuencias a largo plazo de estas intervenciones tempranas son desconocidas.

No hay un sólo estudio grande, seleccionado al azar, controlado que documente los beneficios alegados y los daños potenciales a niños con disforia de género que se someten a la supresión de la pubertad y al uso por décadas de hormonas de cambio de sexo. Ni hay un sólo estudio controlado, seleccionado al azar, grande y de largo plazo que compare los resultados de varios esteroides sintéticos tóxicos.*

Sin embargo, las clínicas de género impulsan tratamientos que suprimen la pubertad «para dejar a los niños con disforia de género a explorar su identidad de género libre de la angustia emocional desencadenada por la aparición de características sexuales secundarias».  Estos tratamientos condenarán a un número desconocido de niños a la esterilidad. Adicionalmente, el uso de fármacos que suprimen la pubertad significa que los niños nunca desarrollarán esperma u óvulos.

Consecuentemente, ni siquiera tendrán la opción de cosechar y preservar óvulos o espermatozoides para un futuro uso en reproducción asistida, opción que se les da a algunos que pasan por la pubertad y luego empiezan con las hormonas para el cambio de sexo.

Además, la neurociencia ha documentado que los cerebros de los niños son inmaduros cognitivamente hasta principio o mediado de los veinte años. Los científicos pueden mapear digitalmente cómo se desarrolla el cerebro, y han encontrado que las porciones del cerebro que permiten procesar los conceptos complejos, como la «identidad de género», evaluando riesgos y tomando decisiones informadas son las últimas en madurar, usualmente no hasta principio de los veinte años. Esto significa que los niños no sólo son legalmente, sino cognitivamente incapaces de dar un consentimiento informado a estos tratamientos. El consentimiento informado es un requisito ético fundamental, particularmente cuando, si es cierto para estas intervenciones tempranas, el tratamiento es irreversible y cambia la vida. El Código de Nuremberg, desarrollado en respuesta a las atrocidades de experimentación humana en la Alemania Nazi y aún basado en la investigación humana, declara:

El consentimiento voluntario del sujeto humano es absolutamente esencial. Esto significa que la persona involucrada debe tener la capacidad legal de dar el consentimiento; debe estar tan ubicada como capaz de ejercer libre poder de elección, sin la intervención de ningún elemento de fuerza, fraude, engaño, coacción, presión, u otra forma secundaria de restricción o coerción; y debe tener suficiente conocimiento y comprensión de los elementos del tema en cuestión, y permitírsele hacer una decisión ilustrada y comprendida. Este último elemento requiere que, antes de la aceptación de una decisión afirmativa por el sujeto bajo experimentación, se tiene que hacérsele saber la naturaleza, duración y propósito del experimento; el método y los medios por los cuales será llevado a cabo; todos los inconvenientes y riesgos razonables que se esperan; y los efectos sobre su salud o persona, que podrían derivarse de su participación en el experimento.

Los niños no son capaces legalmente de dar consentimiento informado. Incluso si se pudiera asumir, «arguyendo», que los padres puedan consentir a nombre de sus niños, ellos aún no pueden dar consentimiento informado porque los riesgos y los efectos sobre la salud del niño no han sido científicamente determinados y por lo tanto no pueden ser conocidos antes del tratamiento. Al abogar por la inclusión de la identidad de género en el Título 9 para estudiantes de primaria y secundaria, los Departamentos están colocando la firma del gobierno en la experimentación humana y esterilización involuntaria de niños totalmente carente de consentimiento informado. Tal caso omiso a la salud y seguridad de los niños así como al estado de derecho no se le debe dar ningún efecto por esta Corte.

Notas

*Michelle Cretella, Disforia de Género en Niños, Colegio Americano de Pediatras, (Agosto 2016). Referencia : https://www.acpeds.org/the-college-speaks%20/position-statements/gender-dysphoria-in-%20children

Para las notas completas y bibliografía en la declaración de la Dra. Reisman, ver su escrito «amicus curiae» aquí http://www.scotusblog.com/wp-content/uploads/2017/01/16-273-amicus-petitioner-dr._judith_reisman_and_the_child_protection_institute.pdf

La Dra. Judith Reisman sirvió como Investigadora Principal para la Oficina de Justicia Juvenil en abuso sexual de niños y pornografía infantil del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, y ha provisto informes periciales y testimonio en casos de todo el mundo. Ella es una experta reconocida internacionalmente en la historia, investigación fraudulenta y efectos sociales del Dr. Alfred Kinsey. Ella es autora de cinco libros y cientos de artículos relacionados a las implicaciones de la investigación de Kinsey en derecho y políticas públicas.

Judith Reisman. Febrero 21, 2017.

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