El aborto es considerado el mayor de los genocidios de la humanidad. Describe a la perfección su definición según la Real Academia Española: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. Es un genocidio, claro está, a menos que alguien pueda sostener que los niños en el vientre no son humanos… de la misma forma que Hitler sostenía que los judíos no lo eran.

En Estados Unidos la Corte Suprema negó también la condición de humanidad a los negros hasta 1865, pero luego de la abolición de la esclavitud en el siglo XX por medio de la faena sistematizada de Planned Parenthood (en orígen llamada “Control de Natalidad”) Margaret Sanger (intima amiga de Adolf Hitler – no es coincidencia-) logró disminuir el porcentaje de población negra hasta nuestros días, con mayor velocidad luego de la legalización del aborto en 1973 (fallo Roe vs. Wade). Hoy gracias al aborto legal, un niño negro en el vientre de su madre, tiene 300 % mas de posibilidad de ser aniquilado que uno blanco.

Lo realmente llamativo que distingue al aborto de cualquier otro genocidio, es la falta de empatía del resto de la sociedad que no se proyecta en el niño prenatal como un semejante, tal vez, porque es obvio para quienes nacimos que jamás podríamos volver a estar en una situación equivalente (en el vientre de nuestras madres). Es increíble que aún cuando el razonamiento (y la tecnología moderna) nos permite entender que son igualmente humanos, que sienten, sufren, etc., la falta de empatía termina, siendo mas fuerte que la razón, las ciencias, o incluso que el amor y la misericordia, para ver como algunas personas son convencidas de reclamar una ley de abortos. Y así justificamos un crimen.

Y la falta de empatía no termina allí, ya que no se toma conciencia del daño que sufre la mujer que se realiza un aborto (legal o clandestino) que incrementa peligrosamente el riesgo de padecer cáncer o suicidarse, además de la conocida esterilidad y daños psicológicos. Esta falta de empatía es diferente, ocurre por la desinformación al respecto, desde ya pretendida desinformación que obedece a la característica sistemática de un genocidio.

Si queremos ayudar tanto a la mujer como al niño prenatal, si realmente queremos ayudarlos, solo hay una cosa que podemos hacer: ser coherentes con el derecho a la vida, informándonos e informando sobre la verdad detrás de este genocidio moderno, y por supuesto votando a conciencia, conociendo cuales de nuestros candidatos apoyan la vida y cuales no lo hacen.
Si la esperanza es lo último que se pierde, no perdamos la esperanza de justificar la vida primero.

Por Raúl Magnasco

Fuente: https://www.facebook.com/notes/mas-vida/el-d%C3%ADa-que-justificamos-el-aborto/824896927648839?__mref=message_bubble

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