Quizá sin pretenderlo la vida de Patricia Lawrence es la de una heroína pro-vida, marcada por el sufrimiento y la humillación, pero también por la esperanza.

Con 78 años, y actualmente viuda, es madre de tres hijas y un hijo, tiene siete nietos y seis bisnietos. Además es activista pro-vida y ha relatado su peripecia en su autobiografía. Hasta una emisora ha hecho una radio novela con su vida.

La verdad es que su azarosa existencia da juego, porque parece un dramón radiofónico, un calvario personal que, al pesar de todo, ha valido la pena.

El resumen es que la vida humana tiene un valor incalculable, por duras que sean las circunstancias.

La joven entró en el ejército de EEUU porque su hogar estaba dividido y sus padres -y singularmente su madre- no eran ningún modelo a seguir.

A los 18 años, y harta de los malos tratos, decidió irse de casa.

Una vez en las Fuerzas Armadas, fue violada. Lo cuenta ella misma a LifeSiteNews: “A las ocho semanas de haber empezado el entrenamiento básico en el ejército femenino, quedé con un compañero para una cita a ciegas.

Él también era militar (…) una noche me llevó en coche y me dio una bebida. Me desmayé y no recuerdo nada más, ni siquiera recuerdo cómo regresé a la base militar”.

Las siguientes dos semanas, Patricia estaba muy confundida, no se sentía bien. Durante una inspección se desmayó y la llevaron a la enfermería. “El médico me dijo que por los síntomas podía estar embarazada…no me lo creía”.

Un test de embarazo confirmo que Patricia estaba esperando un hijo. “Me quedé destrozada con la noticia y lo relacioné con la noche de la cita con el militar. Se lo comuniqué a las autoridades, les dije que me habían drogado y violado y me aseguraron que empezarían una investigación”, cuenta.

La investigación sobre su violación quedó en secreto, su violador no fue sancionado, en cambio expulsaron a Patricia del ejército

A pesar de que Patricia delató a su violador, éste no fue sancionado… el honor del ejército estaba en juego, por lo que la “mejor solución” para terminar con el problema era expulsar a Patricia. “Yo era la única que estorbaba”, afirma.

“El oficial al mando me dijo que tenía 48 horas para recoger mis cosas e irme, llamé a mi casa, le conté a mi madre lo que había pasado y me dijo que volviera”. Cuando bajó del tren, su madre la recibió con esta frase: “Patricia vas a abortar”.

“Era mayo de 1957 yo tenía 18 años y ni siquiera entendía lo que significaba abortar -recuerda Patricia-, mi madre me dijo que abortar era que se iban a llevar al bebé pero antes de que naciera…enseguida entendí que lo que quería decirme es que iban a matar a mi bebé”.

La joven se enfrentó a ella: “Abortar es asesinato y yo no voy a convertirme en asesina”. Su madre se enfureció y su convivencia se volvió un infierno.

El colmo llegó una tarde cuando Patricia estada dormida y se despertó sobresaltada. “Mi  madre me estaba apuntando con un rifle en la cabeza, su mirada era indescriptible, de verdad que temí por mi vida… aparté el rifle y le grité, ¡‘¿Se puede saber que estás haciendo?’!

“Quería asustarte tanto que perdieras al bebé” le contestó la madre.

Ese fue el límite: Patricia sabía que tenía que salir de allí, pero mientras recogía sus cosas su madre le espetaba “¿quién te va a acoger en tu estado, eres una vergüenza?”.

Efectivamente, en aquella época la situación de una chica embarazada era un estigma social. Pero reaccionó diciéndose a sí misma: ”¿Por qué debería castigar a mi hijo por algo que hizo su padre biológico?”.

Su hermana mayor, Juanita la acogió en su casa, pero la crueldad de su madre la perseguía. Una tarde su hermana pequeña Mary, fue a visitarla, y le dió 20 pastillas. “Me las ha dado mamá”, le dijo, “tienes que tomártelas todas de golpe”.

Patricia fue al baño, tiró las pastillas por el retrete y le dijo a su hermana: “Puede que sea inocente, pero no soy estúpida”.

Mucho años después, su madre le confeso que esas pastillas le hubieran producido un ataque al corazón y que no estaba segura si hubieran afectado al bebé o solo a ella. Nunca le pidió perdón por aquello.

Tuvo a su hijo pero lo dio en adopción

Patricia decidió que tenía que alejarse de su familia y pidió protección en la casa para mujeres del Ejército de Salvación en Missouri. Allí pasó el resto de su embarazo en un ambiente tranquilo.

“Nunca había experimentado tanto amor por parte de las empleadas y de las otras nueve chicas que como yo necesitaban un lugar para dar a luz a sus hijos”, cuenta.

A primera hora de la mañana del 11 de enero de 1958 Patricia dio a la luz a un niño. Pero no pudo verlo: era la política de actuación del Ejército de Salvación para las madres que iban a dar en adopción a sus hijos.

Dos días después pudo verlo cuando la trabajadora social iba a trasladarlo con su familia adoptiva, pero Patricia se venció y prefirió no coger a su hijo en brazos.

“No quería crear un vínculo con él” cuenta. “Ya era suficientemente duro tener que darlo en adopción como para encima experimentar su tacto solo unos minutos, no lo iba a soportar… todavía hoy me acuerdo de ese día cuando vi por la ventana cómo se lo llevaban mientras yo le pedía perdón. Pero sabía que había hecho lo correcto, había luchado por su vida y una buena familia le iba a cuidar”.

Darlo en adopción fue lo más difícil que experimentó Patricia en su vida. Cuando se acuerda de su pequeño no se acuerda ni de la violación ni de las amenazas de su madre, solo que la vida de su hijo tenía un sentido.

Dos semanas más tarde regresó a su casa, su madre le prohibió hablar de su experiencia y de su embarazo con nadie, y le dijo que ningún hombre querría casarse con ella si se enteraba de todo.

No fue así. También en eso se equivocó la madre de Patricia. A los quince días, la joven conoció a Wayne, un chico de su ciudad. Y al mes de salir juntos le contó la verdad y Wayne no solo la aceptó, sino que le pidió matrimonio. Cinco años más tarde, el matrimonio ya tenía tres hijas.

El epílogo… 45 años después.

La historia de Patricia Lawrence no termina aquí. El epílogo se escribió 45 años después, en 1993, cuando la mujer logró contactar con su hijo biológico, Bob. El día que se conocieron Bob llevó a Patricia a casa de la madre que le había criado. Y los tres tuvieron una cena que según relata Patricia fue “una bendición”.

“Después de la cena Bob me preguntó que si le podía contar todo acerca de su nacimiento y así lo hice” cuenta Patricia.

Y añade: “Al terminar guardamos un largo silencio, para romperlo Bob, que me miró a los ojos y me dijo: ‘Gracias, de verdad gracias por luchar por mi vida’”.

Fuente: http://www.actuall.com/vida/la-madre-de-patricia-la-apunto-con-un-rifle-para-que-abortara-la-habian-violado-en-el-ejercito-pero-lucho-por-la-vida-de-su-hijo/

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