Cuando la rusa Veronika Semchenko se estaba preparando para ser madre por segunda vez, trató de mantenerse fuerte y optimista. Solo su familia y amigos cercanos sabían que había vivido con mucho miedo los últimos meses: los médicos habían diagnosticado al feto con un trastorno genético y le habían dicho que lo mejor era que abortara.

Pero Veronika y su marido, Evgeny, tenían una buena posición económica y una excelente relación de pareja, así que decidieron afrontar el riesgo. Se quedarían con el bebé.

Cuando el pequeño Erofey nació, sus padres recibieron nuevamente el consejo de darlo en adopción. Les dijeron que el bebé les iba a “arruinar la vida”. Incluso muchos amigos y familiares se sorprendieron cuando Veronika y Evgeny se llevaron al niño a casa como si nada extraordinario hubiera pasado.

Un año después, Veronika escribió un post en esta red social rusa. Cuando lo leas, vas a saber por qué se hizo viral:

“Desde que nuestro hijo nació, hemos tenido muchos momentos interesantes y maravillosos en nuestras vidas. Hubo muchas señales de que él debía estar aquí y tener la oportunidad de vivir. Nuestro hijo (un bebé muy deseado, un niño que planeamos) fue diagnosticado con síndrome de Down. La gente suele preguntar si lo sabíamos antes de su nacimiento. ¡Sí, lo sabíamos! En la semana 21 del embarazo nos informaron que lo más probable es que nuestro bebé tuviera síndrome de Down. A los médicos, debo decirlo, no les gustó la idea.

Mi marido y yo decidimos que si nuestro hijo quería vivir, entonces viviría. Y la mayoría de los doctores empezaron a presionarnos. Querían hacernos cambiar de opinión. Básicamente, nos dijeron que daría a luz a un ‘monstruo’ y que estábamos locos.

Cuando la gente dice ‘especial’ hay dos formas de evaluarlo. Puedes verlo de forma negativa: un niño que será excluido, no será como los otros y/o será un enfermo. Pero también puedes tomarlo positivamente: ese niño tiene un don especial. Si nos enviaron este bebé es porque posee unas aptitudes excepcionales.

Él tiene algo que nosotros no tenemos, una tipo de fuerza interna. Sus abrazos contienen tanto amor y cuidado. Todo el universo cabe en su sonrisa. La expresión de sus ojos es profunda… es diferente. Y estamos muy orgullosos de que sea nuestro hijo.

Cuando te sonríe, ¡irradia alegría y calidez! ¡Te puedes sumergir en su luz! Es un sentimiento maravilloso. Sumergirte en su calidez, amor y alegría. Y lo vas a sentir una y otra vez. Querrás regresar lo antes posible para estar con él, abrazarlo y besarlo.

Algunos conocidos estaban preocupados de que nuestro hijo hubiese recibido este diagnóstico. Pero tan pronto como lo conocieron, cambiaron de opinión. Creo que ellos también cambiaron de alguna forma. Yo y mi familia también hemos cambiado.

Erofey es como un libro mágico: cada día que abre los ojos también se abre un nuevo capítulo en su hermosa vida. Ha llenado nuestras vidas de magia y milagros.

Hoy en día puedo decir como madre ¡que tengo el mejor hijo! Estoy muy feliz de que sea nuestro hijo. Estoy contenta de que siga vivo. Estoy contenta de que exista en el mundo. ¡Está creciendo muy bien, se está desarrollando estupendamente y tiene una vida muy buena en nuestra familia! Ahora tiene un año y puede sentarse, gatear y caminar con un poco de ayuda, como cualquier otro niño de su edad. Conoce su propio nombre y nos entiende cuando hablamos. Adora a su hermana mayor.

Durante el año pasado no hicimos nada que no hubiéramos hecho con nuestra hija mayor. Nos ‘advirtieron’ que un niño ‘especial’ absorbería todo nuestro tiempo, energía y dinero. Supuestamente, yo me olvidaría de mi marido y de mi hija. Pero créeme, no pasó nada de eso. Erofey nos da energía, nos hace felices. Sentimos como si pudiéramos mover montañas.

No hizo otra cosa que unirnos más como familia. Y yo reparto mi atención entre los niños al igual que cualquier otra madre de dos pequeños. Gracias a mi grandioso marido, también tengo tiempo para mí misma, para todas estas sesiones de fotos, para la psicoterapia.

Querido hijo, ¡gracias por elegir nuestra familia y nuestra vida! ¡La vida es hermosa! Y así seguirá siendo…”.

La emotiva carta de esta madre amorosa ya ha sido compartida millones de veces.

De acuerdo con la investigación y el apoyo del grupo Downs Side Up, el 85% de los niños con síndrome de Down en Rusia son rechazados por su padres y puestos en adopción. Veronika y Evgeny son un raro y fantástico ejemplo de lo contrario. Ojalá que más padres y, como se oye, más médicos, estuvieran mejor informados sobre esta alteración y todo el potencial que los niños con síndrome de Down tienen en realidad.

Cuando los padres de un niño como este tienen un matrimonio estable y un buen trabajo, no hay razón por la que no puedan vivir una experiencia tan extraordinaria como la de los Semchenko.

¡Bajo estas circunstancias, Erofey continuará, sin duda alguna, su amoroso y alegre camino!

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