Hace cinco años, yo tenía todo resuelto en la vida – una familia perfecta, trabajo perfecto, hogar perfecto. Nuestra familia estaba viviendo con orgullo el sueño americano – teníamos todo. El 21 de diciembre de 2010 – el día más oscuro del año, todo cambió para nosotros. Poco sabíamos que nuestras vidas se transformarían para siempre el Día de la Madre 2011. El recuerdo de ese día es surrealista.

Es el día en que descubrí que nuestra hija de 14 años, Pyper, había sido violada por un soldado de 18 años de edad y había quedado embarazada. Parecía haberse truncado aquella vida perfecta y esto sería el primero de muchos días dolorosos para nuestra familia.

Nuestra familia ha experimentado demasiados puntos críticos en los últimos cinco años. Para mí, lo más difícil es esa pesadilla recurrente, que sucede a la misma hora todos los años en el mes de Diciembre. Invariablemente, en los últimos tres años, en lugar de hacer planes de vacaciones nos esforzamos por borrar de nuestra mente los sucesos del mes de diciembre de 2010.

Un año después de aquel fatídico día, en diciembre de 2011, mientras nos sentíamos felices por el nacimiento de nuestro nieto Noah unos meses antes y en espera de su primera Navidad, estábamos obsesionados por las circunstancias que rodeaban su concepción y el miedo de lo que el futuro deparara para nosotros. El proceso de informar de la violación a las autoridades militares y civiles y la investigación por la que tuvo que pasar Pyper estaba todavía muy cercano, por lo que las heridas aún estaban frescas. Parecía que todo y todo el mundo estaba en contra de nosotros. Nuestros amigos y familiares cuestionaron nuestras elecciones, culpaban a mi marido y a mí por lo que pasó, y algunos incluso nos abandonaron porque simplemente no podía aceptarlo.

A medida que avanzaba el 2012, la lucha se intensificó. En diciembre de aquel año, nos enfrentamos a una de las tareas más difíciles de nuestras vidas. Nadie nos podría haber preparado para el horror que estábamos a punto de sufrir, incluyendo que un abogado de la defensa sugiriese que nuestra hija no había sido realmente violada porque, de haber sido así, hubiera abortado. Así pues, el violador fue absuelto.

El 21 -la misma fecha oscura, nos encontramos ​​dentro de una camioneta, en estado de shock e incredulidad, conduciendo miles de millas para volver a casa. Pero nuestra situación todavía iba a empeorar más ya que nuestro nieto Noah estaba en peligro. El violador había solicitado su custodia. Nos habían advertido que se trataba de una estrategia común, y con la falta de justicia en el proceso penal se presumía una amarga batalla de custodia en un tribunal civil.

Durante los siguientes doce meses, pasamos por un diluvio de documentos judiciales por el acoso y las amenazas. Cada día traía un nuevo temor. La angustia nos consumía, pero a medida que nuestros días se oscurecieron, nuestra determinación se hizo más fuerte. ¡No íbamos a renunciar! Lucharíamos por Noah hasta el último aliento. Pero, esta vez, el resultado sería diferente.

El día en que llegó la decisión del tribunal no lo celebramos. En su lugar, pasamos el día en silencio reverente con sólo unas pocas llamadas a la familia y amigos que se interesaban. Liberarnos de nuestros verdugos suponía el comienzo de una nueva vida de normalidad. Hoy tenemos a nuestro pequeño Noah -nuestro regalo, la belleza que llegó de la violación de nuestra hija. Ha sido por la misericordia y la gracia de Dios que estamos donde estamos. Él ha tomado un acto de maldad y lo ha convertido en un acto de bondad para dar gloria a su nombre.

Nuestro nieto es el arca que lleva a la familia a través de nuestros días más oscuros. Ha sido y es la luz en la oscuridad; el ancla que nos ha dado Dios para sostenernos firmes en nuestra fe.

BIO: Angi Grogg es madre de 4 hijos y abuela por violación; bloguera de Save the 1(Salvar El1).
Pyper es la chica de la bufanda amarilla

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