“Es una maldad enseñar a los niños la ideología de género” señalaba hace pocas semanas El Papa Francisco, y tiene muchos motivos para fundamentar esta afirmación, sobre todo cuando se ve la sutileza y la forma sinuosa y poco clara de presentar los contenidos de esta conocida Guía de Perú.

La lectura de corrido de la Guía de Educación Sexual Integral Primaria 2016 nos da sin duda unas pautas para entender por qué los padres de familia muestran su rechazo a la intromisión del Estado en la educación sexual de sus hijos. Como ya se ha señalado públicamente, se habla de “Liver Button es una nena” y de “El Caperucito Rojo”. Sin embargo, es necesario entrar un poco más en los contenidos de la Guía para desentrañar una metodología educativa perversa tendiente a “lavar el cerebro” a niños entre 6 y 12 años. La Guía está dirigida a docentes, con ejemplificaciones concretas para llevar a cabo las clases de sexualidad y parece ser copia fiel de la española y la chilena.

En primer lugar, se nota que no hay una insistencia lineal en el tema de la ideología de género, sino más bien se añaden contenidos y acciones a lo largo de la Guía, de forma que se realice una progresión en la asimilación de la ideología, intercalándola con otros contenidos de respeto a los demás.

En la Presentación se señala, que la educación sexual integral “es un derecho humano y forma parte de la educación integral que brinda el sistema educativo”, así como otras frases que pretenden justificar la intervención del Estado en la educación sexual de los escolares. Sin embargo, no se señala para nada la intervención de los padres en esta educación, cuando nuestra Constitución Política señala en su Art. 6° que “Es deber y derecho de los padres alimentar, educar y dar seguridad a sus hijos”.

Además, en el Art. 13 señala que: “Los padres de familia tienen (..) el derecho de (…) participar en el proceso educativo”. En la Guía, sin embargo, en ningún momento hace referencia a consultar o coordinar con los padres para que ejerzan su derecho a participar en el proceso educativo, sino a “privilegiar la orientación de las y los preadolescentes para ofrecerles información pertinente y oportuna sobre su sexualidad”, todo en el contexto escolar y poniendo cuidado en no utilizar expresiones que puedan “asustar” a los padres de familia.

Ésta es una de las notas más resaltantes de la Guía: hace caso omiso de la intervención que les corresponde a los padres por naturaleza en la educación sexual de sus hijos y que defiende la Constitución del Perú. No sólo eso, sino que en su bibliografía la Guía fundamenta su trabajo en publicaciones que ven la intervención de los padres y la transmisión de contenidos morales como un problema para la implantación de la ideología de género (cf UNESCO & Dirección de Tutoría y Orientación Educativa. 2012. La educación sexual es un derecho y una obligación estatal [Documento de trabajo]. Lima: UNESCO).

Su intención es cambiar progresivamente la visión moral de la sexualidad -equivocada según el MINSA- por una visión moderna y progresista que acepte con apertura una diversidad de géneros en la que el escolar que desee pueda escoger ser varón o mujer, si así lo considera oportuno. La casi totalidad de la bibliografía que aparece al final de la Guía tiene este tinte de ideología de género, algunas de estas publicaciones tienen tendencias extremas en esta ideología, como por ejemplo: UNESCO. (2010). Orientaciones Técnicas Internacionales sobre Educación en Sexualidad; UNESCO & Dirección de Tutoría y Orientación Educativa. (2012). La educación sexual es un derecho y una obligación estatal (Documento de trabajo). Lima: UNESCO; UNFPA AECID 2011 Reconociéndonos Reconociéndolos. En todas esas publicaciones, además, se promueve el “sexo seguro” entre los escolares, mediante el uso del condón.

Imagen de un folleto que difunde la ideología de género /Gobierno de México
Imagen de un folleto que difunde la ideología de género /Gobierno de México

El concepto de sexualidad en la Guía se difumina en una concepción etérea y poco tangible; dice en la página 11: “la sexualidad no es instintiva ni está grabada genética o biológicamente, pues muchos de los conceptos y prácticas ligados a ella son aprendidos”, “Por lo tanto, es claro que la sexualidad ‘es una construcción social y cultural que se recrea a sí misma en la relación dinámica que el individuo establece con su entorno sociocultural’”. Lenguaje difícil y conveniente para sus fines.

La metodología que desarrolla la Guía va quitando inhibiciones en los niños pequeños (6 años): “Niñas y niños podemos hacer lo mismo” (p. 38) y hay “Diferentes maneras de ser niña o niño”. En la p. 50 se muestran ya más audaces: “Los rompecabezas que los equipos de niños y niñas deben armar son seis: el cuerpo desnudo de un bebito, una bebita, un niño, una niña, una mujer adulta y un varón adulto” y se exige que se fijen en los genitales: “En el caso de que las y los estudiantes no mencionen los órganos genitales, o usen nombres inapropiados, los orientamos a que los nombren de manera adecuada (pene, testículos, senos y vulva)”.

Más adelante se les explica la ideología de género: sobre las diferencias biológicas, las sociedades construyen un conjunto de atributos, prohibiciones, prescripciones, derechos y obligaciones para cada uno de los sexos, que tienden a ser considerados como naturales e inamovibles. Sin embargo, se dice en la Guía, no nacemos “programados” para comportarnos como hombres o mujeres; estos comportamientos masculino o femenino, nos los enseñan y los aprendemos (cf p 76).

Están intentando “romper” sus estructuras mentales haciéndoles llegar a la conclusión de que no nacen con su sexo ni es como se lo han dicho sus padres hasta la fecha; las diferencias entre varón y mujer no son otra cosa que mentiras forjadas por su entorno familiar y social.

De la página 109 en adelante se aborda el tema de los roles, cuestionando de forma progresiva las actividades que normalmente escogen los niños o las niñas, que se explicita en la p. 119 con el cuento “Liver Button es una nena” y que se refuerza en la p. 147 con el cuento “El Caperucito Rojo”.

Se ha ido penetrando en la intimidad de los niños rompiendo barreras de defensa de su propia intimidad y de los principios que han ido rigiendo su conducta hasta esos momentos. Ya se puede pasar a afirmaciones categóricas de género, como las siguientes: “Me llamo Eliana, estoy enamorada de Paola y vendo artesanías” o “Me llamo Javier, mi pareja se llama Francisco y soy arquitecto”, o como las palabras que se incluyen en el diccionario que se les hace trabajar a los niños (p. 182):

Homofobia, Gay, Lesbiana, Xenofobia, Homosexual…

Ha habido un progreso planificado pedagógicamente para “limpiar” la cabeza de los niños de todo lo que llaman “prejuicio” moral y de sus padres, para dar lugar a la aceptación de la ideología de género como algo normal y positivo.

¿Por qué el MINSA retiró las guías de su página web? Es probable que las autoridades responsables supieran que los padres de familia protestarían enérgicamente al ver cómo sus hijos eran violentados con estas ideologías en su educación. Nunca los padres de familia iban a estar de acuerdo con que a sus hijos de seis años les enseñen ese vocabulario: ellos mismos no sabrían cómo responderles cuando les pregunten en sus casas sobre esa terminología. Heriría su sensibilidad ver a un niño disfrazado de “caperucito rojo”. Concluyen que hay que retirar del gran público esas guías “se van a dar cuenta de lo que estamos haciendo con sus hijos”.

Los padres de familia ¿están preparados para que sus hijos adolescentes les digan que son homosexuales o lesbianas, como fruto de este adoctrinamiento? ¿Se les ha consultado al respecto?, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, el Congreso de la República ¿están haciendo algo para defender a los niños de este “abuso de menores” que está realizando el Ministerio de Educación?

Por Marcos D’Angelo.

Noticias Recientes

Buscar noticias dentro de conapfam.pe