Yazmín es una mujer mexicana que fue víctima de repetidas violaciones sexuales por parte de su tío y sus amigos. En una ocasión quedó embarazada, pero producto de los golpes de su tío, perdió al bebé.

Hoy es una férrea defensora de la vida.

“El dolor no desaparecerá de mi vida”, lamenta en su testimonio, publicado en el sitio web Salvar el 1. Sin embargo, quienes promueven el aborto, en vez de aliviar las penas de mujeres como ella, “me están enseñando a matar y a sentirme sola y acabada y no por ser una mujer violada acabaré con una vida inocente para estar bien”.

La mujer mexicana señala que “desde temprana edad sufrí de abuso sexual, físico, psicológico y verbal por parte de mi tío y las personas que me rodeaban junto con él. Crecí con dos pequeños niños hijos de mi tío que, por abandono de mi tía, al igual que yo, quedaron a su cargo y cuidado”.

A los 14 años, producto de los constantes abusos, Yazmín quedó embarazada.

A pesar de las dudas y los temores, la mujer prosiguió con su embarazo. “Si Dios me dio la vida a mí y me permitió nacer, ¿quién soy yo para quitarle la vida a un ser inocente y arrebatarle el derecho a vivir decidiendo por él?”, pensaba.

Sin embargo, el maltrato de su tío no permitió que el bebé llegara a nacer.

“Un día llegó tan drogado y borracho que al verme se me dejó ir a golpes. De inmediato empezó a golpear mi vientre y patearlo y fue el dolor más grande que pude sentir, es inexplicable no podía moverme, empecé a sangrar y sabía que algo no estaba bien”.

“Dentro de mí, en mi mente le pedía perdón a mi bebé, pidiéndole que por favor no me dejara sola y que debía de ser fuerte que yo lo necesitaba y pedía a Dios que no se lo llevara y le permitiera nacer… pero lo perdí”.

Su tío entonces decidió deshacerse de ella. La subió a su carro y la abandonó en un terreno descampado.

“Yo ya me sentía preparada para partir de este mundo, no deseaba ya nada más que eso, lo anhelé con toda mi alma pero los designios de Dios son otros. Sus planes son distintos a los nuestros. Esa noche la mano de Dios cuidó de mí. No encuentro otra forma más de describirlo si no como un milagro”.

Cuando despertó, Yazmín estaba en un hospital y era cuidada por mujeres provida.

“Ángeles al cuidado de mí, pendientes de mi recuperación física, emocional y espiritual. Ellos que no me conocían estaban pendientes de mí sin pedir nada a cambio, ¡realmente fui afortunada!”, asegura.

Con la ayuda de estas personas, logró salir adelante. “¡Decidí abrir mis alas y comenzar a volar! Dejar a un lado el dolor junto con mi pasado y comenzar a vivir. Perdonar es la clave para ser feliz, no por ellos, ¡sino por mí misma!”.

Yazmín cuestiona por qué los promotores del aborto “quieren cortarnos las alas”.

“Al aprobar las leyes de aborto nos envían un mensaje erróneo y contradictorio de la vida, su forma de ‘proteger’ no sirve, es egoísta: acabar con una vida para proteger otra”.

Yazmín asegura que “no se puede matar a otra para vivir ‘bien’ porque ni siquiera estás viviendo”.

“Dicen que todos somos libres y no nos dan esa libertad. Es contradictorio, no puedo acabar con una vida para ser libre ni siquiera para sentirme mejor”.

Al finalizar su testimonio, Yazmín alienta a ser “más humanos al dolor ajeno, debemos escuchar con el corazón y la razón”.

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