Hablo con una amiga, psicóloga infantil con despacho prestigioso. Y lo que me comenta es como para echarse a temblar.

Problemas de identidad de género. Cada día más numerosos. No porque el sexo sea equivoco: lo que resulta equívoco es la enseñanza que reciben los niños en los colegios madrileños desde su más tierna infancia (para ser exactos, cuatro años).

Les explican que no se nace niño o niña y que el sexo es algo que se elige, que nada tiene que ver con la biología: hay niños con pene y niños con vulva; niñas con pene y niñas con vulva. Son las enseñanzas que el lobby gay, con las bendiciones y apoyo de la pepera Cristina Cifuentes, imparte en las escuelas madrileñas (ojo, y también en otras comunidades autónomas) hasta crear una masa de andróginos y, sobre  todo, meter a los pobres críos en un jaleo mental sin salida.

Y así, las consultas de psicólogos y psiquiatras infantiles se llenan de padres que acuden con niños indefensos que cuentan, más o menos, lo siguiente: No sé si soy niño o niña. Y no lo pasan bien.

Y aquí viene la segunda parte, que es la más interesante. La respuesta de todo probo facultativo es -debe ser- la siguiente: “lo siento, no puedo ayudarles” sería ilegal. Y lo que calla: no quiero meterme en líos.

Porque claro, curarle sería decirle algo parecido a esto: mira niño, déjate de tonterías, tienes testículos luego eres un hombre; mira niña, tienes vulva, eres una mujer. Punto final.

Pero eso atentaría contra la libre opción sexual. No, al niño tienes que decirle que es libre para elegir su sexo, que es algo parecido a decirle que elija su lugar de nacimiento o si quiere ser rubio o moreno, alto o bajo.

Y esto es bello e instructivo (quizás más instructivo que bello) porque ha sido la pepera Cifuentes -la ‘gallardona’ y obispa auxiliar de Madrid- quien ha puesto en marcha todo este aquelarre. Y todavía hay cristianos que consideran su deber votar al PP para que no vengan los de Podemos. Pero hombre, muchacho, si los de Podemos ya están aquí: los lidera un tal Mariano.

La historia de lo que está ocurriendo con esta perversión de la infancia, de nuestros hijos, es la misma que la del aborto, donde el proceso fue: despenalización del aborto, aborto libre y gratuito, y finalmente, aborto obligatorio. Puedes ir a la cárcel como te atrevas a defender la vida, es decir, al ser más inocente y más indefenso… porque estás pregonando el odio.

Con el homosexualismo ocurre lo mismo, incluso empieza desde un principio más elemental y más evidente que el de la despenalización de aborto: respetar al homosexual.

Por supuesto que sí: es una persona y merece todo nuestro respeto.

Pero luego empieza la perversión: ser homosexual o ser heterosexual son dos temas de un mismo tronco. Ergo, tercera etapa. Si te atreves a defender que la heterosexualidad es lo natural, que nacemos hombre o mujer, está atentando contra los homosexuales, eres un homófobo y debes acabar en prisión por delitos de odio (Código Penal, 510). ¿Comprenden?

Y la etapa final, naturalmente, consiste en denigrar la heterosexualidad: aborto despenalizado, aborto libre y gratuito, aborto obligatorio.

Respetar al homosexual, es igual que el heterosexual… si defiende la heterosexualidad eres un homófobo: al trullo.

Así que si su hijo tiene problemas de identidad (los que le han provocado), de identidad sexual no le lleve al psicólogo porque no podrá ayudarle: el ojo de la ‘gallardona’, vigila. Mejor,  cámbiale de colegio, y si lo descrito ocurre en todos los colegios (que todo llegará), porque los profesores que se han opuesto pueden acabar en el penal… puede edúquele en casa. También es ilegal pero menos ilegal con la homofobia.

Doña Cristina quiere encarcelar a los profes que se opongan a sus leyes de identidad de género. Por ejemplo, al director del colegio Juan Pablo II, de Alcorcón.

Eulogio López

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