El adoctrinamiento, para que sea eficaz, debe empezar siempre de forma sutil. Debe iniciarse con un cambio pequeño, mínimo, que a primera vista parezca inocente. El lenguaje es un espacio perfecto para ello, las palabras: su uso cotidiano, sencillo pero reiterativo; lo podemos constatar, por ejemplo, en los estragos que ha originado la llamada corrección política. Hoy hay que tener muchísimo cuidado con “no ofender” al emplear nuestro discurso, la propia libertad de expresión se ha visto afectada, es más importante no ‘herir’ la sensibilidad de otros que llamar las cosas por lo que son. Hace 30 años la gente podía decir lo que le daba la gana, hoy cualquier arranque de sinceridad o crudeza puede perfectamente configurarse un delito o motivo de un agresivo linchamiento mediático.

He revisado el Currículo Nacional de la Educación Básica del Minedu con escepticismo, sin dejarme guiar por lo que sus detractores y garantes afirmaban de él. Me he dedicado a buscar, con cuidado y leyendo las diversas fuentes disponibles, los términos que allí aparecen. Las palabras, por muy bonitas, cuidadas y correctas que se nos presenten en una primera lectura, tienen siempre un significado, un contexto, pueden ser parte de un discurso, de un determinado enfoque y/o visión. Voy a pegar un párrafo de la página 30 donde hay unos cuántos términos que estuve investigando y es el siguiente: “Vive su sexualidad de manera plena y responsable: es tomar conciencia de sí mismo como hombre o mujer, a partir del desarrollo de su imagen corporal, de su identidad sexual y de género, y mediante la exploración y valoración de su cuerpo(…) También implica identificar y poner en práctica conductas de autocuidado frente a situaciones que ponen en riesgo su bienestar o que vulneran sus derechos sexuales y reproductivos.”

Lo primero que me llama la atención es que se habla de dos identidades distintas: identidad sexual e identidad de género. Eso quiere decir que se le están enseñando al niño que tiene un sexo y tiene un género. ¿Qué es este sexo y este género? ¿No es lo mismo acaso? Pues no. Según se puede leer en diversas páginas, incluyendo las de organismos como la ONU, el sexo sería algo determinado por la naturaleza, es decir, se nace hombre o mujer pero el género es “aprendido”, una “construcción social” y a veces una “imposición” y por lo tanto, puede ser cambiado. Consecuencia de este burda creencia es el razonamiento de que hay mujeres con pene y hombres con vagina, depende de la persona, el cómo se siente, lo que cree que es. Obviamente algo tan crudo como eso no te lo van a poner en un currículo para niños -al menos no la de un país tan conservador, como Perú-, solo necesitan meterte en la cabeza la premisa que lo sustenta. El éxito de un adoctrinamiento aquí sería que creas que es posible, tan simple como eso.

El otro término que busqué fue el de “derechos sexuales y reproductivos”. ¿Qué son y cómo así un niño los tiene? ¿Son los niños personas capaces de ejercer su sexualidad y tomar decisiones en torno a su ‘reproducción’? Por cierto, cuando hablamos de derechos conviene recordar que son exclusivos de la persona, no necesitas a otra persona para gozar de ellos, es decir, la expresión parece implicar que un niño tiene una sexualidad que no le compete a sus padres y que es él quien puede tomar las decisiones que mejor le parezcan, sin su conocimiento o permiso. Según la página de la ONG peruana Flora Tristán estos derechos implican: derecho al placer sexual, derecho a la libre asociación sexual, derecho a métodos anticonceptivos, derecho al “autoerotismo”, etc. El currículo está exigiendo, con mucho cuidado desde luego, que el profesor enseñe esto, salvo que se invente algo mejor o decida ignorar los lineamientos que el Minedu le está dando. ¿Qué pasaría si un niño pregunta cuáles son sus “derechos sexuales y reproductivos”? ¿Le decimos que es su derecho tener ‘placer’ con otras personas?

Otras frases como “orientación sexual” e “igualdad de género” que aparecen en toda la currícula surgieron de teorías neomarxistas, feministas y la tan mentada ‘ideología de género’, que como mencioné líneas arriba, se trata de la tesis de que las personas tenemos un género y un sexo y que ambos son diferentes y hasta pueden no coincidir. Los términos no son entonces simples términos, son pilares que sustentan doctrinas contrarias al sentido común, a la realidad, a los valores y creencias de los peruanos. Ahora bien, nadie está en contra de que se enseñe a los niños que todos los seres humanos merecen respeto, sin importar quién les atraiga o que niños y niñas son iguales en dignidad y en derechos. ¿Quién en su sano juicio podría oponerse a ello? El problema aquí es el enfoque y el contrabando ideológico, el problema con esta currícula es que se toma atribuciones que no le corresponden, pretende quitarle a los padres el protagonismo de una discusión donde ellos tienen, nos guste o no, la última palabra.

Los ingenuos y biempensantes verán solo palabras inofensivas. Frases muy correctas y elegantes, un discurso moderno y vanguardista, que es el que ha ganado terreno en nuestra cultura occidental pero que no significa que esté basado en la razón y la evidencia. Los otros, lo que no estamos de acuerdo, los que rechazamos la manipulación del lenguaje y las ideas, somos los siempre cavernarios ultra-conservadores retrógrados que deben cerrar el pico porque la educación de sus hijos está bien y punto: no se metan. Y que es todo una conspiración aprofujimontesinista -habría sido, creo yo, más creativo decir que es una conspiración de viejas cucufatas menopáusicas lideradas por nuestro cardenal reptiliano, Cipriani-.

Si un libro de lengua tiene 10 errores ortográficos diseminados en todas sus páginas, pues se va al tacho, por más bonito que sea el libro o la calidad de los textos libres de yerros. Esta currícula puede haber sido creada con muy buenas intenciones (para el que quiera suponerlo) o tener párrafos que aluden a la tolerancia o comprensión con los que uno evidentemente estará de acuerdo, pero se halla contaminada por elementos con claros matices ideológicos que desvirtúan el fin que se persigue y en vez de educar a los niños, los confunden y adoctrinan. Permitamos a los padres elegir qué clase de educación quieren para sus hijos, sin perder de vista la urgencia de construir un Perú donde a los pequeños se les enseñe a respetar, comprender y valorar a los demás. En eso debemos enfocarnos.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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