La transformación de las ideas tiene una repercusión profunda en la vida social de un país. Por eso, para el contubernio líbero-caviar, el control de la educación siempre ha sido un objetivo fundamental. La educación genera una ciudadanía particular. La educación estatal ha formado la conciencia nacional. Si la educación promociona a nivel nacional un modelo de comportamiento social con el dinero de todos los contribuyentes (la “ideología de género”) entonces se impone la necesidad de abrir un gran debate nacional sobre el tipo de educación que los peruanos queremos para nuestros hijos. El Estado siempre debe estar subordinado a estos debates democráticos, teniendo en cuenta que existe para proteger a las familias y no para debilitarlas.

El contubernio líbero-caviar peruano intenta vendernos, siguiendo el modelo de sus pares globales, una primera mentira: la ideología de género no existe. Al parecer todos somos sujetos de una fatal confusión. Lo que de verdad existe, según el lobby gay, es algo denominado “perspectiva de género”. De acuerdo a esta postura el objetivo es fomentar la igualdad de mujeres y hombres. Por supuesto, nadie con dos dedos de frente puede negarse a fomentar que mujeres y hombres alcancen el equilibrio en el mercado laboral, siempre en función a la meritocracia. Pero no es esto lo que busca la ideología de género en sentido estricto. La ideología de género poco tiene que ver con la igualdad. Al contrario, la ideología de género fomenta la peor de las desigualdades: la desigualdad de lo artificial.

En efecto, la evidencia científica es sólida en un hecho concreto: hay dos sexos, el masculino y el femenino. Mujeres y hombres. El hecho biológico es evidente y fortísimo. La diferencia y complementariedad de estos dos sexos se plasma en todos los campos de la vida humana. A esta realidad concreta (la existencia de un hecho biológico determinante) la ideología de género opone una opción radicalmente artificial: el sexo biológico es menos importante que la voluntad. Así, para la ideología de género la voluntad puede manifestarse en mil opciones distintas al margen de la biología.

Como es obvio, este tema es fundamental desde el punto de vista educativo. Y es natural que, ante la trascendencia en el cambio del enfoque, se abra un gran debate nacional que involucre a todos los interesados. El Ministro Saavedra y sus aliados tienen todo el derecho de defender la ideología de género. Pero los padres de familia también tenemos derecho a pronunciarnos (y oponernos de ser el caso) ante los cambios en el currículo y las guías de enseñanza. Lo que está fuera de duda es que la ideología de género es un parteaguas, una frontera que marcará la política los próximos años y los partidos tendrán que fijar una postura firme sobre este punto. Más aún si la educación estatal se encuentra comprometida en uno u otro sentido. El Estado no puede educar en contra de la decisión de las familias sin que ellas opinen. Ahora bien, no es un secreto que la ideología de género es promovida por el sector caviar del espectro ideológico. Estos “caperucitos rojos” que intentan inocular su pensamiento en la educación peruana tienen que ser denunciados y combatidos teniendo en cuenta que toda ideología genera una consecuencia. Por eso, o frenas una ideología artificial apoyándote en la mayoría o favoreces el surgimiento de un escenario donde se fortalecen los que buscan tu destrucción.

Por Martín Santiváñez.

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