Una empieza ya a escribir según qué cosas -todas las que tienen algún interés, para ser sincera- con cierto sentido de urgencia, sabiendo que el tiempo apremia y que lo que no diga hoy, aunque sea insistiendo, es probable que me esté prohibido decirlo mañana.

Por lo visto piden la cabeza del alcalde de Alcorcón, el ‘pepero’ David Pérez, por haber dicho que hay feministas amargadas, y el susodicho ha pedido perdón por tamaño disparate, que al parecer no existe tal cosa como una feminista amargada -así, sin señalar- y es difamación suponerlo.

Y no crean que el partido ha hecho piña a su favor, que ahí tienen a la presidente de esa su comunidad, Cristina Cifuentes, en el bando de sus críticos.

Feministas amargadas, dónde se habrá visto…

feministas
Foto aparecida en el manual “¿Sabes lo que quieren enseñar a tus hijos en el colegio?” / Actuall

La cobardía viene de oficio en el macuto del político de partido, pero no es un cargo de mayor o menor relumbrón lo que uno empieza a arriesgar por decir, no ya la verdad, siempre tan discutida y discutible, sino lo evidente, lo que un niño con pocas luces advierte, como que un tipo barbado no es una señora por más que lo declare.

Al menos, eso cabe deducir de la persecución del director del Colegio Mayor Juan Pablo II, perseguido por la susodicha Cristina Cifuentes por decir que un plato es un plato y vaso es un vaso, si queremos expresarlo al rajoyesco modo.

Niñas con pene, niños con vulva

El niño al que me refiero dos párrafos atrás sería, naturalmente, uno que aún no hubiera sometido su tierna e impresionable cabecita al temario que le preparan en los colegios este año Cristina Cifuentes y otros presidentes de comunidad igual de deseosos de programarles de pequeñitos para el brillante futuro en el que las cosas son lo que a cada uno se le ocurra.

Con sus límites, claro, porque dígale usted a Montoro que se identifica con un menor de edad y que como tal no tiene que pagar impuesto y aprenderá en seguida que las verdades declarativas no sirven para cualquier cosa.

Pero estaba con los niños que este año se van a enfrentar a frases como esta “No hay cuerpos de chico o chica”. Tome nota.

O esta otra: “Hay niñas con pene, y niños con vulva”.

O cuentecitos como éste:

“Mi Princesito tiene cuatro años. Le gustan las cosas bonitas. Su color favorito es el rosa. Le gusta jugar a ponerse vestidos de niña. Baila como una preciosa bailarina”.

Experimentar con la identidad sexual

O éste otro: “Cris es una niña de cuatro años que piensa de mayor va a ser un hombre como su papá. Prefiere juegos y disfraces masculinos y disfruta imaginando que poseerá un rancho en el Lejano Oeste”.

¿Conmovido? Apuesto a que sí, sobre todo si tiene hijos pequeños que vayan al colegio en una de las diez comunidades autónomas -da igual el color de su gobierno, créame- donde van a leérselo y a ‘ayudarle’ a ‘experimentar’ con su identidad sexual.

Tienen una guía, ‘Abrazar la diversidad’, que ensalza una gran variedad de combinaciones muy minoritarias y olvida la única que realmente importa: la diversidad de ideas.

Pensar, por ejemplo -es un ejemplo elegido al azar, no que yo alimente semejantes crímenes intelectuales, señor Juez-, que no tiene sentido alguno pretender que los sexos son perfectamente cambiables a capricho del consumidor mientras que la orientación sexual es inalterable como la ley de la gravedad, no está permitido. En el mundo de las ideas, la diversidad es tabú y rige el más férreo dogmatismo pedagógico.

Tampoco, líbreme Freud, se me va a ocurrir decir que alguien podría ver este adoctrinamiento contranatura como un caso masivo y de manual de abuso infantil. A quién se le ocurre.

No porque bromee deja de parecerme menos grave. Si enseñar a un niño que lo bueno es malo y al revés es grave, hace menos violencia a su psicología que decirle que realidades naturales y científicamente comprobables como la identidad sexual son opcionales y a la carta.

No es, naturalmente, ir contra nadie, al contrario. Quienes venden sus ideas como ‘compasión’ están sumándose a un peligroso engaño que solo va a perjudicar a personas especialmente vulnerables.

Divulgar que la realidad no es como es, sino como deseemos que sea es lo peor que se le puede enseñar a un niño, una receta perfecta para el más amargo de los desengaños.

Y propugnarlo como política social es, aparte de tiránico, irresponsable y suicida.

Noticias Recientes

Buscar noticias dentro de conapfam.pe