Hola a todos, mi nombre es Bethany y tengo 19 años.

Cuando tenía unos 8-10 años me enteré de que fui producto de una violación. A esa tierna edad, yo no comprendía qué significaba eso, sin embargo, crecí y mi madre me contó su experiencia.

A los 23 años, ella trabajaba en la empresa de mi padre y un día mi padre la drogó y la violó. Meses después, se dió cuenta de que estaba embarazada. Se sentía sucia y cayó en depresión, se quería suicidar.

Por su mente nunca pasó  abortar ya que dijo que yo no tenía la culpa.

Cuando mi abuela se enteró de que estaba embarazada ni siquiera le dejó explicar lo que le sucedió y la echó de casa.

Meses después ella volvió y decidieron aceptarla en casa de nuevo. Tuvo momentos muy tristes y difíciles, sin embargo, nunca se rindió.

Nací yo y le alegré la vida. Ella dice que fui, desde ese momento, la fuerza, su razón de vivir. Ella luchó para criarme sola, a pesar de las críticas y el dolor, ella fue una guerrera.

Diez años después de mi nacimiento comprendió que el odiar a su agresor sólo le dañaba su corazón y decidió perdonar a mi padre. Yo conozco a mi padre y a veces hablo con él, no tengo rencor alguno hacia él ni mi madre tampoco.

Yo como cualquier otra persona tengo los mismos derechos en esta vida y no por ser producto de una violación me he sentido menos. Le agradezco a mi madre que me diera esa oportunidad de vivir y gracias  a la decisión  de tenerme estoy aquí, disfrutando de la vida, experimentado cosas nuevas, alcanzando metas y realizándome como profesional.

Puede ser duro ser víctima de una violación pero siempre tengan presente que el aborto jamás va a solucionarlo, al contrario, va a empeorar su estado emocional. Piensen que ese pequeño ser inocente no solo es parte del violador sino parte tuya también, y al matar a ese pequeño ser matas a generaciones venideras… Todos tenemos el mismo derecho. El derecho a la VIDA. ❤”.

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