Entre las reacciones de estrés grave que se producen en las mujeres que han abortado son muy características las pesadillas postraumáticas, sin embargo, muchas mujeres acuden a la consulta del psiquiatra con un cuadro agudo de estrés y sin saber por qué tienen estos sueños de contenido terrorífico.

“Quisiera que me ayudara a superar esta triste situación. Así, no podré vivir mucho tiempo. Pienso en todo demasiado… y hasta que no pueda de alguna manera pagarlo, es un suplicio vivir. Bilbao (que fue el lugar en el que se practicó el aborto hace años) como Vd. sabe ha sido mi muerte en vida… mándeme a algún sitio aislado, encerrado, duro… He pensado ir al Gobierno a denunciar mi delito. ¿Sería solución? Me meterían en la cárcel y así repararía un poco el daño hecho a esa criatura indefensa…”, explicaba esta mujer de 31 años y soltera a la psiquiatra Carmen Gómez Lavín, 5 años después de abortar.

Ahora, la Sociedad Iberoamericana de Información Científica publica un estudio de Gómez Lavín y Ricardo Zapata García, de la Clínica Universitaria de Navarra titulado “Las pesadillas como un síntoma clave para el diagnóstico de la psicopatología posaborto”, en el que evidencian que la presencia de pesadillas persistentes sobre temas abortivos son muchas veces un síntoma clave en la identificación del trastorno post-aborto.

El estudio afirma que “todo aborto es un acontecimiento traumático para la mujer y como tal origina una serie de secuelas – psicopatológicas – que se han agrupado en el Síndrome Post-Aborto (SPA)”.

Con el nombre de Síndrome Post-Aborto se entiende en Medicina a las alteraciones emocionales y psíquicas que se experimentan tras el aborto y que pueden surgir inmediatamente después del aborto o pueden permanecer latenten y manifestarse a lo largo del tiempo, como en diferido.

Se trata de un cuadro muy discutido, pero cada vez más aceptado por la comunidad científica dada la evidencia de secuelas que produce. Los autores que más han estudiado este Síndrome describen una serie de síntomas señalando como más frecuentes: los trastornos emocionales o afectivos, los cuadros depresivos que se acompañan de un sentimiento grande de culpa y las pesadillas persistentes.

Además,  la doctora Standford, psiquiatra canadiense a la que Gómez Lavín y Zapata García citan en diversas ocasiones a lo largo del estudio, explica que es muy común “la conmemoración del momento traumatizante del aborto” de un modo muy profundo.

“Algunas mujeres recuerdan la vestimenta de la enfermera, las paredes de la habitación donde el aborto sucedió o se preguntan a menudo ¿Cómo sería mi niño ahora?”, explica Standford.

“Se trata de la depresión de aniversario, que es la que se sitúa alrededor de la fecha del posible nacimiento o alrededor de la fecha del aborto”, incide.

A propósito de este estudio la doctora Gómez Lavín recuerda que efectivamente estos síntomas estarán modulados por influencias culturales, por las características de su personalidad y por la problemática previa de la persona.

Por eso, “uno de los argumentos más poderosos que puede haber en contra del aborto, es precisamente las consecuencias psicopatológicas”. Porque como dice el profesor Wilke “es más fácil sacar al niño del útero de su madre que sacárselo del pensamiento”, afirma.

Sin embargo, la doctora señala que para llegar al diagnóstico del síndrome post aborto, “además de la evaluación integral de las alteraciones”, lo que es de gran ayuda la exploración de un síntoma que, “aunque referido frecuentemente por las pacientes, puede pasar desapercibido en el conjunto psicopatológico de estos trastornos: los sueños angustiosos o pesadillas”.

Las pesadillas, claves en el diagnóstico

“Consisten en ensueños vívidos, que producen despertares completos y sudoración y taquicardias de carácter leve que dejan un detallado recuerdo del contenido terrorífico. Los pacientes son capaces de describir la secuencia del sueño con detalle; a veces relatan haber tenido múltiples pesadillas en una misma noche, a menudo centradas en un tema recurrente”.

Así, los contenidos de las pesadillas de las pacientes estudiadas giraban sobre todo alrededor de sucesos con niños: “bebés mal desarrollados”, “veo a mi niño muerto rodeado de sangre”, “estoy con niños que se ahogan y no les puedo ayudar”; situaciones de embarazo o parto: “Doy a luz pájaros o perros muertos o débiles y no sirve reanimarlos”; desgracias familiares: “Mi madre avergonzada”, “van a matar a mi familia y me voy a quedar sola”; desgracias personales: “No voy a tener hijos”, “me persiguen, algo me ha salido mal y no tengo tiempo”.

Estas pesadillas, junto con el estudio del resto de alteraciones sirven a menudo para el diagnóstico en mujeres que, tras sufrir un aborto provocado, desencadenaron un trastorno de estrés sin que ellas fueran del todo conscientes de la relación de sus síntomas con el aborto y que acudieron al médico en busca de tratamiento.

“Ya sea porque, por su desconocimiento, porque ellas no lo contaran, o bien porque el médico no investigara el posible origen de los síntomas, el caso es que no fueron diagnosticadas acertadamente ni correctamente tratadas”.

Es evidente que toda mujer que aborta queda profundamente afectada, aunque no quiera o no pueda reconocerlo. Suelen ser varios los mecanismos de defensa que utilizan: represión, negación, desplazamiento etc.

“Aunque en la práctica puede decirse que se reacciona de dos maneras… con arrepentimiento o con negación. Muchas mujeres que defienden o promueven el aborto en realidad lo hacen para tratar de justificar su propia decisión. Constituye para ellas un mecanismo de defensa”, explica Gómez Lavín.

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