La ideología de género se introduce en las aulas de los niños muy pequeños a través de profesores completamente adoctrinados, docentes que consideran un derecho y un deber educar a los menores al margen de sus padres en la nueva religión totalitaria.

Y llevan años haciéndolo aunque, poco a poco, las legislaciones ‘generistas’ oficializan y legalizan de pleno derecho su ‘trabajo’ de manipulación, dejando a los niños y a sus padres sin armas de defensa. No hay que olvidar que todas las ‘leyes de género’ presentan capítulos educativos que imponen estos contenidos.

Y esos profesores disponen de muchos materiales para apoyar su labor y de muy poco bagaje ético que frene, por respeto al menor, el adoctrinamiento de quienes están a su cuidado.

Muchas veces lo hacen por buenismo y por haber comprado las mentiras de un mundo, adulterado con falsos datos, que consideran imperfecto y merecedor de ser cambiado a través de las nuevas generaciones.

Esa bondad, inmoral de base, que supone hacer prevalecer las propias creencias sobre las ajenas, y que se ampara en una superioridad moral en absoluto justificada, ni justificable, en ocasiones viene acompañada de una estupidez oceánica, una falta de espíritu crítico preocupante, o una maldad interesada.

Cuando cuento que el adoctrinamiento ‘contra la violencia de género’ (con la coletilla ‘y contra el amor romántico’) bajo ese objetivo expreso en principio loable, sólo busca el enrarecimiento de las relaciones heterosexuales por incomprensión, recelos y una visión negativa en todos los casos, hay gente que no me comprende.

Cuando explico que se hace una promoción tácita o expresa de otro tipo de relaciones como solución y forma de evitar la tiranía varonil, hay gente que no me cree.

También les resulta chocante cuando digo que discriminan al hombre presentándolo como alguien de quien sólo se puede esperar tiranía y fracasos relacionales, malvado absoluto en un mundo de maldades relativas que sólo desea relacionarse con las mujeres para oprimirlas y que únicamente puede redimirse no relacionándose afectivo-sexualmente con ellas.

Se hace difícil aceptar que nuestros representantes públicos, nuestros inspectores, nuestros respetados profesores… imbuidos en una moral estatal refrendada por leyes y abultados presupuestos no consigan, ni lo busquen en realidad, evitar las relaciones heterosexuales conflictivas para mayor felicidad de nuestros menores, sino que no haya relaciones heterosexuales.

Y a veces no resulta fácil que se entienda este doble objetivo, el tácito y real frente al expreso o trampantojo de brillantes colores. El caballo de Troya que entra tras las murallas sin levantar sospechas.

Quizá ayude a algunos para entender a lo que me refiero este cuento que anda dando vueltas desde 2009 y hasta ganó un premio, posiblemente otorgado por jueces con el mismo sentido común que los que dieron el Nobel de Literatura a un cantante y el de la Paz a un vendepatrias.

A dicho cuento lo amparan, imponen y recomiendan todas las leyes que en los últimos diez años , con especial abundancia desde hace dos, nos han promulgado políticos de todos los pelajes que se pasan los derechos fundamentales por el forro de sus inconfesables intereses.

Es posible que haya padres a quienes este cuento les aparezca lleno de valores positivos, acordes con su concepción del mundo y la educación que quieren dar a sus hijas e hijos, pero deben entender que otros padres no queremos una visión de las relaciones afectivas que no compartimos y que creemos falsa, manipulada e interesada.

Una visión de guerra de hombres contra mujeres, donde las mujeres, estúpidas, sin criterio, incapaces de elecciones propias, fácilmente manipulables, no son dueñas de su destino y hay que salvarlas con el aviso de su propia y connatural imbecilidad.

Y a la vez que se les avisa de su imbecilidad también se les avisa de la maldad intrínseca del varón, egoísta, tiránico y del que hay que huir porque nunca, nunca, nunca, va a hacerles felices… “Esperando que les pidan la mano y les quiten la vida” dice una frase en la última hoja.

Dejo a su criterio valorar la invitación subconsciente a otras relaciones, la ‘didáctica’ aparición de faltas de ortografía (‘cabió’, ‘auyan’, ‘diotria’ tildes que sobran y que faltan…); el cambio de prozac por ‘otras hierbitas’; la reencarnación y el karma; el gineceo paradisíaco donde la presencia masculina es incidental y con papeles claros para que ninguno dude de dónde está su residual y única intervención en el cuento…

Ay, la presencia masculina…además de los príncipes tiránicos mayoritarios, Pinocho y el hombre de hojalata, aparecen respectivamente como un mentiroso desorientado o un colaboracionista con la ‘nueva masculinidad’ enseñando a llorar a los varones… párvulos varones, lasciate ogni speranza. El mensaje es claro. Ya se irá repitiendo a medida que crezcan. Y les aseguro que se repite.

Este cuento es para los muy pequeños. Con los mayores no se andan con tantos miramientos, sobre todo si ya vienen ‘trabajados’ con estos textos desde los coles.
Dura lex, sed lex.

Las leyes se van a aplicar, tarde o temprano, en toda su dureza. Porque el problema son las leyes: leyes que amparan e imponen el adoctrinamiento, leyes que no garantizan nuestros derechos fundamentales… y políticos que no nos protegen porque nos han vendido por bastante más que treinta monedas de plata.

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