Carles Puigdemont y Cristina Cifuentes han querido ser adalides del progresismo obligando a que la sanidad pública catalana y madrileña ya no requieran el diagnóstico psiquiátrico de disforia de género para que los niños inicien el tratamiento hormonal previo a la posterior intervención quirúrgica para cambiar de sexo.

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El presidente de la Generalidad de Cataluña, Puigdemont y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cifuentes / Wikimedia

Pero tanto la ley de identidad y expresión de género de la Comunidad de Madrid (marzo del 2016) como la decisión del Govern catalán, presidido por Puigdemont, de no hacer diagnóstico de disforia de género van en contra del criterio científico.

El Colegio de Pediatras de EEUU avisa de los peligros, ya que diversos estudios muestran que en más del 80% de los casos la confusión se resuelve cuando alcanzan la adolescencia. 

En España el caso más reciente es el de Ane, una niña de once años nacida en Irún, ahora conocida como Leo tras recibir un tratamiento inhibidor de la pubertad para evitar el normal desarrollo de sus características sexuales femeninas.

Con la ley LGTBI, impulsada por la Comunidad de Madrid, menores como Ane podrán iniciar el tratamiento hormonal previo a la intervención quirúrgica sin un diagnóstico psiquiátrico anterior, a pesar de que los estudios  científicos desmontan los argumentos y la voces del progresismo chillón de la presidenta.

Madrid y Cataluña son las primeras circunscripciones europeas que han decidido anular el diagnóstico para someterse al cambio de sexo, en contra de la opinión científica

El Colegio de Pediatras de EEUU pide poner fin a la “normalización” de la disforia de género en niños. Los profesionales sanitarios afirman que esta aceptación ha conducido a una continua experimentación en niños, que sufren una gran confusión respecto a su identidad sexual y esterilización.

La disforia de género, anteriormente llamada trastorno de identidad sexual, es un diagnóstico psiquiátrico que se realiza a las personas que sienten angustia e inconformidad por su sexo biológico y su identidad de género.

El Colegio de Pediatras también lamenta “profundamente” que se haya suprimido el debate entre los profesionales de la salud en relación con un nuevo “estándar” de tratamiento para la disforia de género infantil. “En vez de ello, los medios de comunicación han difundido este ‘estándar’ sin verificación científica”, alertan.

El “estándar” incluye el consumo de medicinas que bloquean la pubertad y el tratamiento de por vida con hormonas tóxicas para cambiar el sexo, una combinación que da como resultado la esterilización de menores y otros riesgos importantes para su salud.

El Colegio avisa de que las instituciones públicas han proporcionado unas directrices equivocadas y peligrosas para obligar a la aceptación de la disforia de género como si se tratase de una variante normal del desarrollo infantil.

Estas directrices incluyen acomodos sociales (por ejemplo, compartir baños del sexo opuesto), terapias de hormonas sexuales altamente tóxicas y la mutilación de partes del cuerpo que están sanas.

La Asociación de Médicos y Cirujanos de EEUU, la Asociación de Médicos Cristianos de EEUU, y la Asociación Católica de Medicina de EEUU comparten la preocupación del Colegio respecto a esta manera de abordar el problema de la disforia de género infantil. Todas esas entidades juntas agrupan a más de 20.000 médicos y profesionales de la salud.

Incluso hay una asociación de profesionales de la salud cuyos miembros se definen como “de izquierdas, abiertos de mente y favorables a los derechos de los homosexuales” contrarios a estos tratamientos.

Desde Youth Trans Critical Professionals (Profesionales críticos con la juventud trans) se señala que “consideramos que las operaciones y tratamientos hormonales innecesarios cuya seguridad no ha sido demostrada a largo plazo, representan riesgos significativos para la juventud. Las políticas que alientan -directa o indirectamente- cualquier tratamiento médico para jóvenes que no son capaces de evaluar los riesgos y beneficios, son altamente sospechosas en nuestra opinión“.

La doctora Michelle Cretella, presidenta del Colegio, señala que “vivimos en una época en la cual las agendas sociales a menudo parcializan los resultados de las investigaciones y causan la difusión de falsos estándares de medicina. Los que honradamente hablan de forma abierta en contra de esta situación son castigados. Hay niños que son esterilizados permanentemente y mutilados quirúrgicamente bajo la excusa de tratar una condición que, de otra manera, se resuelve en el 80% de los casos. Eso es criminal”.

Vida Humana Internacional añade que el 20% restante de niños que no resuelve el problema de la disforia de género al llegar a la adolescencia debe ser tratado debidamente por auténticos profesionales de la salud mental, para que puedan recuperar su verdadera identidad de género, “la cual siempre debe coincidir con su sexo biológico”.

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