Fundador del GEES, ex asesor del Ministerio de Defensa, ensayista y colaborador de distintos medios de comunicación, Rafael Bardají conoce la política internacional como la palma de la mano. Desde el yihadismo hasta la convulsa geoestrategia de China en el área Asia-Pacífico, desde la deriva de la Unión Europea a los entresijos de la política norteamericana, pasando por el conflicto de Oriente Medio.

Es un testigo privilegiado del giro que ha dado el mundo con la inesperada victoria de Donald Trump. Inesperada para muchos pero no para él, que apostó por el candidato republicano en su artículo “Bienvenido Mr. Trump” publicado sólo unos días antes de los comicios.

Usted escribió  ‘Bienvenido Mr. Trump’ antes de las elecciones, ¿no teme que llamen facha, retrógrado y machista?

Me imagino que me llamarán eso y cosas peores porque la política en España ha degenerado en el vómito del odio. Da igual si algo es verdad o no, si es acertado o no. Lo que parece relevante es quién lo dice y si no es de los nuestros, se le descalifica con insultos, no con ideas. A mi edad, prefiero que me insulten a no ser coherente conmigo mismo.

¿En qué se basaba? ¿tenía usted una bola de cristal?

No. Soy politólogo, no adivino. Pero sí es cierto que me diferencio de muchos de mis colegas –sobre todo los de Podemos- en que tengo una mayor apertura mental y más sensibilidad a lo nuevo.

¿Qué les pasa a sus colegas?

Mientras que la izquierda sigue anclada en la guerra de clases (aunque ahora lo llamen la lucha contra la desigualdad), mucha gente piensa que ése no es el verdadero problema. Hay un déficit moral en nuestra clase dirigente y en muchas instituciones, que sí importa. Al menos se ha mostrado decisivo en las elecciones americanas. Si los analistas hubieran buscado en esos elementos “intangibles” en lugar de medir lo único que saben medir, tal vez no se hubieran equivocado tanto.

El fundador del Grupo de Estudios Estratégicos, Rafael Bardají
El fundador del Grupo de Estudios Estratégicos, Rafael Bardají

¿La prensa americana y ‘progre’ confundió sus deseos con la realidad?

Ha habido mucha confusión, más desinformación y aún más manipulación. Los medios han sido un arma relevante en la batalla contra Trump, pero no tanto como creían. Los lectores no son tontos y conceden la credibilidad que conceden, bastante poca, a los medios tradicionales, como se ha visto.

¿O es que estaba “untada” por el lobby Clinton: Washington Post etc.?

No lo digo yo, se puede leer en los emails del director de campaña de Hillary: han pagado a determinados medios para que, bajo un aparente manto de independencia e imparcialidad, le hicieran la campaña.

¿A la brecha ciudadanos-elites se suma ahora la brecha ciudadanos-medios de comunicación, como evidencia el caso Trump?

Los medios tradicionales ya estaban inmersos en una profunda crisis ante de la era Trump, pero esta campaña tan plagada de sectarismo y manipulación en la prensa, agravará más esa crisis. Sí, hay un claro déficit de confianza en los medios.

¿Diría usted que con la crisis han surgido dos populismos: la momia leninista (Podemos) y un populismo anti-establishment (Trump, Le Pen, el brexit)?

La crisis ha acelerado una tendencia anterior: el retorno de la nación como columna vertebral de la vida de los pueblos. La crisis ha ahondado en la distancia hacia los políticos porque éstos no han sabido, querido o podido dar con el discurso y las soluciones que los ciudadanos esperaban de ellos. Muchos nos hemos sentido traicionados y abandonados. Las recetas han sido cobardes, tradicionales y, esencialmente, socialdemócratas, castigando por lo general a las clases medias.

La izquierda, que estaba muerta ideológicamente, ha sabido aprovecharse del momento y erigirse como en la única alternativa al estado del malestar en el que vivimos. Ha sabido cómo sintonizar con la rabia, la frustración y la confusión. Desgraciadamente, su terapia de castigar a los ricos ya sabemos que no funciona –ni funcionará- y por eso tiene un techo social claro. Su totalitarismo, por muy encubierto y disfrazado que esté, es otro límite a su expansión. La gente quiere disfrutar de la libertad y quiere ser dueña de su destino en la medida de lo posible.

¿Y los otros populismos, los de derecha?

Los llamados populismos de derecha, tan criticados en España por, precisamente, el que se denomina Partido Popular, tiene que ver menos con la situación de crisis económica que con el rechazo a perder más soberanía nacional en aras de entelequias y abstracciones multinacionales. Es, esencialmente, un llamamiento a defender la identidad, quienes somos y por qué somos cómo somos. Se inspiran en la crisis real del multiculturalismo introducido por la socialdemocracia de todos los partidos en Europa, izquierda y derecha, en la pérdida de los valores que constituyen nuestro ser, y en el rechazo a cualquier amenaza que ponga todo esto en peligro, sea el secularismo forzado o la inmigración musulmana.

O sea que no es equiparble Trump con Podemos

Denunciar al populismo es una simplificación de quienes tienen medio a perder sus prerrogativas; equiparar Trump a Podemos es de ignorantes o malintencionados.

¿Está terminando la hemiplejia mental de la que hablaba Ortega: izquierda-derecha?

Me temo que no, el peso de las malas ideas es muy grande. Y hay muchas fuerzas en presencia que ansían que dichas categorías pervivan y rijan nuestras sociedades.

Titular de El Mundo: Bruselas quiere evitar que el efecto Trump se extienda a Alemania, Francia etc…

Bruselas, en el sueño de los federalistas y europeístas, debería ser el gobierno de un superestado, edificado sobre la muerte de sus estados miembros. Todo cuanto se ha hecho desde los padres fundadores es cercenar el poder de las naciones y querer encontrar una nueva legitimidad de alcance europeo. Lamentablemente para ellos muy pocos se consideran europeos antes que franceses, alemanes o, incluso españoles.

¿Quién es Bruselas para decir a los alemanes, franceses a quien deben votar?

Por otro lado, Bruselas suele ser el recurso de los gobiernos débiles y cobardes para adoptar decisiones cuando no se atreven o para cambiar sus presupuestos ideológicos sin que se les llame traidores. Bruselas es siempre ese algo más alto por encima de cualquiera. Pero no debería ser así.

Aún así, puede que esos recelos sean legítimos: ¿no serán los populismos de derechas un regreso de los fascismos?

De Trump se ha dicho que es un fascista (según Pablo Iglesias) y que es el Podemos americano (mis amigos de Libertad Digital). Alguien se equivoca porque las cosas de hoy no son tan sencillas. Por ejemplo, una cosa es estar contra el libre comercio, como los de Podemos en España, y otra muy distinta estar a favor de acuerdos comerciales justos, que es lo que ha defendido Trump en su campaña. No es lo mismo ni mucho menos.

Dicho esto, qué duda cabe de que muchos de los seguidores de estas fuerzas, particularmente en Europa, vienen de fuerzas e ideologías antisemitas y antiliberales. Pero por lo general, los dirigentes de estas formaciones, desde Marine Le Pen a Geert Wilders, no lo son y están transformando rápidamente su base social y política. La posibilidad de que por fin muchos descontentos encuentren una alternativa política que les represente, nacionalista pero moderna, yo creo que reducirá los elementos más impresentables y estimulará todo aquello que se basa en la dignidad de las personas, en la libertad y en su responsabilidad, de manera no excluyente.

En cualquier caso, conviene decir que todos aquellos que denunciaban que Trump no respetaría los resultados de las elecciones son los que hoy están manifestándose –o apoyando las manifestaciones- en contra del resultado final. Una demostración  más de la actual perversión del sistema y del lenguaje político.

¿Vamos al crepúsculo de las superestructuras (ONU, UE etc) y a un resurgir de las naciones?

Instituciones como la ONU se han convertido en una asamblea de sátrapas y líderes anti-occidentales. No hay más que ver la composición de la comisión de derechos humanos. Si no existiera la ONU no habría más guerras ni más injusticias, seguramente todo lo contrario.

¿Y la OTAN? ¿Ya no es lo que era?

Otros organismos internacionales que sí han servido y bien a los intereses de nuestras naciones, como la OTAN, están en franca decrepitud. Y no por culpa de Trump, que sólo dice en alto lo que vemos muchos. La crisis de la OTAN comenzó hace años y se aceleró con el desdén de Obama. Hoy es una organización dividida, sin liderazgo, de rumbo incierto y cada vez más impotente. Hace cinco años, cuando en el Ministerio de Defensa contribuí a redactar la Directiva de Defensa Nacional, ya avisé de la crisis de las instituciones colectivas de seguridad y defendí que España debía ganar en autonomía estratégica.

En ese sentido, sí, creo que hay una vuelta a las entidades nacionales que, en última instancias, son el marco de referencia, identidad y autocontrol de los pueblos.

¿Tranquílicenos y díganos que Trump no va a levantar el muro de México… o sí?

Me preocuparía más que no cumpliera sus promesas, sinceramente. Ahora bien, hay que decir que mientras que la prensa europea se ha mofado de las ideas de Trump y se ha tomado literalmente toda y cada una de sus expresiones, el pueblo americano ha reaccionado en la manera opuesta: sonriendo ante sus exabruptos, pero creyendo en sus ideas. Quiero decir que no sé cuántos pueden esperar que levante el muro con México, pero que todos sus votantes (y algunos más) sí confían en que ponga arreglo a una política de inmigración insostenible.

Por otra parte, todas las voces que en España critican el muro como una maldad histórica, deberían recordar que nosotros hemos levantado dos verjas para intentar atajar las entradas ilegales en Ceuta y Melilla. Y que muchas otras naciones cuentan con muros en sus fronteras. Como dice el dicho, “buenas vallas hacen buenos vecinos”.

¿El proteccionismo que preconiza Trump hundirá más en la crisis a Europa?

El TTIP estaba ya muerto antes de que Trump se hiciera con la presidencia y sería un acto de hipocresía reprocharle a él su muerte. Los frenos a la globalización –que tanto critica la izquierda, dicho sea de paso- vienen de hace más de 15 años. Trump ha defendido los acuerdos de libre comercio siempre y cuando éstos sean justos y no dejen a los Estados Unidos prisioneros de países que manipulan los mercados a través de sus monedas, como hace China, por ejemplo. También es verdad que ha criticado la deslocalización salvaje que ha dejado a Estados Unidos con una mermada capacidad industrial. Como ha ocurrido en España. Y sin industria, se diga lo que se diga, no puede haber una nación fuerte.

Europa, como gusta decirse de sí misma, es el mercado más grande del mundo avanzado. No tendría que ser imposible, por tanto, generar medidas en el caso de que se produjera una guerra de aranceles. Que no creo que llegue a ser el caso.

¿El aislacionismo respecto a Oriente Medio dejará a Putin las manos libres para hacer y deshacer en Siria?

Ya lo ha dejado, de hecho. La situación que hoy se vive en esa región es sin lugar a dudas producto del esquema estratégico del presidente Barak Husein Obama, quien ha preconizado un retraimiento estratégico norteamericano y quien ha alimentado un cambio drástico de alianzas en la zona. Si hoy la división entre chiitas y sunitas es más virulenta es por el vacío que ha dejado la América de Obama. Rusia es la única superpotencia presente en la región, nos guste o no. Y ese es un hecho que tendremos que aceptar. En el Oriente Medio, por extraño y arcaico que nos parezca, la fuerza sigue siendo un elemento esencial y Rusia sabe como nadie desplegar y hacer uso de la fuerza. De manera brutal. Ahí está Alepo. Pero mientras los europeos y occidentales nos contentemos con #hastaggs de moda, poca influencia tendremos sobre el terreno. Ese es el problema de una generación ensimismada, una generación selfie.

¿No es muy arriesgado dejar en manos de un tipo con tan poco autodominio –en todos los sentidos- como Trump el botón nuclear?

Hay una escuela de pensamiento muy arraigada que dice que las armas nucleares son tan destructivas que su mera posesión moderada al más radical. Y gracias a Dios, por ahora, la guerra atómica sólo pertenece a la ficción de Hollywood. Yo formularía, en cualquier caso otra pregunta: ¿con quién se encuentra usted más tranquilo y seguro, con Donald Trump con el maletín nuclear o, con el líder supremo iraní, Alí Jameneí, y una bomba atómica en sus manos?

Pero insisto Trump es demasiado temperamental, lo ha demostrado en su campaña…

Cierto que Trump parece imprevisible, pero hay que tener en cuenta que el presidente americano por muy potente que sea o se crea, no es omnipotente. El sistema político establece una serie de contrapesos que favorecen la moderación. Ni siquiera Obama, con todo el mal que ha hecho, ha podido llevar adelante todos sus planes.

¿Puede terminar llevando a EEUU a una guerra con China, y esta degenerar en una guerra mundial?

Qué duda cabe de que China está llevando a cabo una estrategia muy meditada de expansión y que esta expansión empieza a llegar a su límite sin chocar con los intereses de Estados Unidos en la zona del Pacífico. Los líderes chinos, en cualquier caso, no son suicidas, simplemente ocupan posiciones que otros le ha dejado, pero entienden muy bien el juego de la disuasión y de la fuerza. Si Estados Unidos cuenta con unas fuerzas navales en la región capaz de disuadir a Pekín de seguir expandiéndose, no tendría por qué estallar una guerra. Ahora bien, si por el motivo que fuese, ésta estallase, sería una guerra mundial aunque sólo fuera por su impacto económico.

¿Se independizará California?

No creo. California es el paraíso del izquierdismo americano, pero fuera de América, incluso la de Trump, estaría mucho peor de lo que ya está ahora, que es, prácticamente, un estado en quiebra.

¿Las protestas ante la victoria de Trump pueden degenerar en un 15-M a la americana y, a la larga, en revoluciones?

Estados Unidos ha vivido en el pasado revueltas mucho mayores, con escaso impacto en el corto plazo. No creo que al propio Partido Demócrata le interese permitir este juego de deslegitimación de un proceso que ha sido, sobre todo, democrático. Confío que todo se vaya diluyendo y que la frustración por no haber ganado no degenere en un campo de batalla social. Pero insisto, resulta curioso y patético al mismo tiempo que aquellos que se denominan demócratas, sean quienes no acepten de buen grado su derrota. Eso sí que es fascismo.

¿Con Trump se incrementará la violencia racial y los disturbios?

No tiene por qué. Ha sido bajo Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos, cuando se han agudizado los conflictos raciales. Trump, es cierto, no quiere un país en el que las minorías se impongan sobre la mayoría. Además, en su favor integrador juega que muchos hispanos, gente de color y mujeres han optado por votarle a él y no a Hillary.

¿Si acaba, como ha anunciado, con el Obamacare, generará más desigualdad?

El descontento actual con el llamado Obamacare es tan extenso e intenso, que lo dudo y mucho. Bajo un falso slogan de sanidad para todos, lo que ha logrado Obama es dejar sin servicios a mucha gente y encarecer las cuotas de los seguros privados.

¿Y la exigencia de Trump de que los inmigrantes se integren puede provocar un rebrote del terrorismo yihadista dentro de EEUU?

El tema de la emigración a Estados Unidos poco tiene que ver con el yihadismo. Es un asunto esencialmente de México e hispano. Los musulmanes siguen siendo una minoría minoritaria. El tema del yihadismo está relacionado con  las medidas adoptadas por Obama de aceptar a decenas de miles de “refugiados” provenientes de países árabes en guerra sin –y hay que recalcar el sin- chequeos suficientes para determinar si son susceptible o no de disfrutar del estatuto de refugiado. Al igual que ha pasado en Alemania, valga por caso. El yihadismo se puede aprovechar de los flujos migratorios, como bien sabemos por los atentados en Bruselas y París, pero es independiente de dichos flujos. La posibilidad de atentados tiene mucho más que ver con lo que pasa hoy en Siria e Irak que con los musulmanes que vivan en Estados Unidos.

¿Va a ser Trump si no el fin del mundo como decía la actriz Jennifer Lawrence, un peligro para la prosperidad europea, la estabilidad  americana y la paz mundial?

Hasta Obama ha tenido que decir que el Sol sigue saliendo todos los días. De los cientos de actores y actrices que prometieron dejar Estados Unidos si ganaba Trump, ninguno se ha marchado todavía. Claramente no.

O sea que podemos dormir tranquilos…

Trump no es el anticristo ni el origen del fin del mundo. Es un presidente nacionalista que quiere hacer América grande de nuevo. Un objetivo que ya me gustaría a mí que lo asumiera nuestro presidente. Hoy por hoy, creo que sólo Vox se ha atrevido a decirlo.

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