A la luz del resultado en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, parece que a muchos votantes no les importó que Donald Trump se se haya referido en el pasado a las mujeres de manera obscena ni que se enfrentara a acusaciones de abuso sexual durante la campaña presidencial.

Ni siquiera a muchos conservadores católicos y evangélicos, que apoyaron de manera abrumadora al candidato republicano que será presidente a partir del 20 de enero.

El 81% de cristianos evangélicos blancos no hispanos y el 60% de católicos blancos no hispanos votaron por él, según cifras del Instituto Pew.

Trump no se presentó como un hombre de fe en su campaña, pero fue enfático en que nominará a la Corte Suprema a un magistrado opuesto al aborto y en que recortará por completo los fondos federales destinados a Planned Parenthood (PP), el mayor proveedor de servicios reproductivos del país que realizó más de 300.000 procedimientos abortivos entre 2013 y 2014.

Las propuestas del magnate resultaron de gran agrado para muchos cristianos evangélicos, católicos y mormones, cuyas religiones rechazan el aborto de manera fundamental.

“Parte de su atractivo fue que habló de manera activa de su oposición al aborto. Estamos acostumbrados a que los políticos no hablen de los asuntos que nos importan”, le dijo a la BBC Charmaine Yoest, asesora religiosa del expresidente republicano Ronald Reagan.

Hillary Clinton, en cambio, siempre ha sido clara en su apoyo a Planned Parenthood y a los derechos reproductivos de la mujer, y ha rechazado los esfuerzos por prohibir el aborto después de 20 semanas de embarazo, como pasa en algunos estados del país.

Pero, ¿qué tanto pesó la posición liberal de la candidata en el triunfo del magnate neoyorquino?

Cuestión de tradición

En realidad, la mayoría de votantes blancos evangélicos y católicos han escogido tradicionalmente al candidato republicano en la contienda presidencial.

De la misma manera en que los judíos, católicos hispanos y quienes no se identifican con una religión específica votan más por el Partido Demócrata.

Sin embargo, en las últimas cuatro elecciones presidenciales no se había observado un apoyo tan contundente como el que obtuvo Trump este año por parte de estos grupos religiosos.

Un resultado que inclusive sorprendió a más de un pastor evangélico que llamó a no votar por el republicano tras el escándalo de acusaciones sexuales que lo envolvió durante la campaña.

Pero varias publicaciones cristianas evangélicas y católicas señalaron en artículos de opinión que resultaba muy difícil, sino imposible, apoyar a una candidata que favoreciera el aborto.

Se trata de un punto no negociable para los conservadores religiosos.

Aunque parecía una audiencia perdida para Clinton, un análisis del diario The New York Times señaló entre los errores de la candidata el haber rechazado oportunidades para atraer a los católicos blancos.

Cuando le ofrecieron dar una conferencia en la Universidad de Notre Dame, institución católica de Indiana, “la campaña de Clinton declinó la invitación, explicando a los organizadores que los blancos católicos no eran la audiencia con la que ella necesitaba invertir tiempo”, reportó el diario.

Mientras tanto, los republicanos buscaron atraer a millones de votantes evangélicos que no habían sufragado en 2012, señaló a la BBC Johnny Moore, miembro del comité ejecutivo evangélico de Donald Trump.

“Inclusive antes de que él fuera el candidato, nuestra idea era llamar a votar a alrededor de 25 millones de evangélicos”, dijo Moore.

Para Joshua DuBois, asesor religioso del presidente estadounidense Barack Obama, conseguir el apoyo evangélico podía ser “problemático” para la izquierda demócrata, según le dijo a la BBC.

“Son electores que se enfocan en sus valores religiosos personales además de en los asuntos de política pública”, añadió.

No solo aborto

Hay quienes argumentan que la postura de Trump frente al aborto no fue el motivo principal de los católicos y evangélicos blancos para votar por él.

La promesa de un rescate económico de los estados rurales e industriales, por ejemplo, pudo haber determinado el voto de una parte de ese electorado, según señaló la publicación estadounidense The Atlantic.

Trump obtuvo la mayoría del voto blanco en todo el país.

Especialmente en estados como Wisconsin, Pensilvania, Michigan y Ohio, de mayoría blanca cristiana y donde Trump obtuvo victorias clave.

Para otros, intervinieron asuntos como el género.

“Muchos evangélicos conservadores tienen una visión patriarcal de la sociedad y les costaba visualizar a una mujer como presidenta”, argumentó a la BBC Nish Wiseth, autora y activista evangélica.

Mike Pence: la clave

La elección de Mike Pence como candidato a la videpresidencia terminó de impulsar a Trump entre los blancos evangélicos y católicos conservadores, señalaron varios artículos de publicaciones especializadas.

Mike Pence, vicepresidente electo de EE.UU., tiene posturas fuertes contra el aborto.

Sobre todo porque el propio Trump apoyaba el derecho a abortar hasta el año 2000, cuando expresó haber cambiado de opinión.

En cambio Pence, actual gobernador de Indiana, siempre ha sido un político conservador e introdujo varias medidas anti aborto cuando era congresista en 2011.

El pasado marzo, de hecho, firmó un proyecto de ley anti aborto que fue visto como uno de los más restrictivos en el país, al querer prohibir el procedimiento sobre la base de discapacidad, género o raza del feto.

El aborto es legal en Estados Unidos desde 1973.

En esa línea dura permaneció Trump durante su campaña, en la que una vez sugirió que quienes se sometían a un aborto “merecían castigo”.

Luego rectificó y dijo que se refería al personal médico que practicaba el procedimiento.

Los votantes que respaldaron su discurso esperan que el presidente electo cumpla con su promesa de que el gobierno estadounidense sea una representación de los valores tradicionales de la familia.

A pocos días de conseguir la victoria, parece que esta será su determinación.

En su primera entrevista como mandatario electo este domingo, Trump confirmó que el juez que nominará a la Corte Suprema estará en contra de la despenalización del aborto y que esta cuestión volverá a ser asunto de los estados y no del gobierno federal.

“Yo soy provida. Los jueces serán provida”, dijo.

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