Donald Trump prometió que volvería a hacer grande a América, pero si verdaderamente quiere cumplir con esa promesa necesitará empezar por restablecer con fuerza nuestra primera libertad: el libre ejercicio de la religión.

Desafortunadamente, bajo la administración del presidente Barack Obama, fue atacada como nunca antes. Afortunadamente, muchos de esos ataques pueden ser rectificados en los primeros días de gobierno de Trump.

Trump debe comprometerse con la protección de la libertad religiosa para todos los estadounidenses de todas las creencias. En su discurso de concesión, Hillary Clinton se refirió a la “libertad de culto” – la piedad limitada a una sinagoga, iglesia o mezquita.

Pero lo que los fundadores estadounidenses protegieron fue el derecho de todos a manifestar su fe cada día de la semana, en público y en privado, siempre y cuando respetaran pacíficamente los derechos de los demás.

La reducción de la libertad religiosa a la mera libertad de culto es un sello distintivo de los años de Obama. Las casas de culto, por ejemplo, estaban exentas del mandato abortivo y contraceptivo del Departamento de Salud y Servicios Humanos del Obamacare.

Pero las escuelas religiosas, como el Wheaton College, y las organizaciones caritativas religiosas y las comunidades, como las Hermanitas de los Pobres, simplemente fueron “acomodadas” – ofrecieron una manera diferente de cumplir con el mandato mientras aún violaban sus creencias.

Trump puede deshacer el Obamacare

Sin embargo, el gobierno de Trump puede solucionar esta situación de inmediato. Trump puede dar órdenes a su secretario de Salud y Servicios Humanos para que proporcione sólidas protecciones a la libertad religiosa. Y el Congreso puede aprobar la legislación necesaria, -bajo la firma de Trump-, para revocar y reemplazar el Obamacare.

Del mismo modo, el gobierno de Obama se ha involucrado en una serie de acciones ejecutivas -algunas probablemente ilegales- para promover una agenda radical transgénero. Trump también puede terminar con esto.

Por ejemplo, los departamentos de Justicia y Educación de Obama han instruido a los colegios de todo el país mediante la interpretación de una ley de 1972 para exigir que las escuelas permitan a los estudiantes usar los baños, vestuarios y las duchas según concuerde con la “identidad de género” que declaren. Esto lo hicieron alegando que la palabra “sexo” significaría ahora “identidad de género”.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos de Obama ha hecho lo mismo: apelando a una disposición del Obamacare que prohibe la discriminación basada en que “sexo” significa “identidad de género”, todos los planes de salud tienen que cubrir las terapias de reasignación de sexo y todos los médicos relacionados con estos casos tienen la obligación de realizarlos.

Obama también ha emitido órdenes ejecutivas que excluyen a los contratistas federales y a los beneficiarios de la ayuda externa federal de involucrarse en lo que el Gobierno considera “discriminación” basada en “orientación sexual e identidad de género”. Algo tan simple como decir que los varones no deben usar las duchas de mujeres puede ser considerado como “discriminación”.

Todo esto puede deshacerse de inmediato. Trump puede rescindir las órdenes ejecutivas de Obama y puede instruir a sus secretarios de Educación y Salud y Servicios Humanos y a su fiscal general a interpretar la palabra “sexo” como el Congreso lo pretendía -como una realidad biológica- y no como “identidad de género”.

Trump puede hacer a los EEUU grandes de nuevo

El Congreso puede entonces hacer estas órdenes permanentes promulgando la Enmienda Russell, que protege la libertad del personal religioso en las instituciones religiosas, y aprobando la Ley de Uniformidad de los Derechos Civiles, que especifica que la palabra “sexo” en nuestras leyes de derechos civiles no significa “identidad de género “a menos que el Congreso lo diga explícitamente.

Trump también debe dejar claro que bajo su vigilancia el Gobierno Federal nunca penalizará a ninguna persona o institución porque crea o actúe sobre la creencia de que el matrimonio es la unión de un marido y una mujer.

Trump puede emitir una orden ejecutiva en la que se señale que, en lo que se refiere al estatus tributario, la acreditación, la concesión de licencias, las subvenciones gubernamentales y los contratos, ninguna entidad del Gobierno Federal puede penalizar a alguien por actuar en su convicción sobre el matrimonio entre hombre y mujer.

Para proteger que un futuro presidente pueda deshacer esto, el Congreso puede aprobar -una vez más con la firma de Trump-, la Ley de Defensa de la Primera Enmienda. De hecho, Trump prometió firmar este proyecto de ley durante su campaña.

Ya se trate de acosar a una orden de monjas, de obligar a los médicos a realizar terapias de reasignación de sexo o evitar que las escuelas locales encuentren soluciones mutuamente beneficiosas para respetar la privacidad corporal de todos los estudiantes, la administración Obama ha llevado a cabo una agresiva e innecesaria cultura de guerra.

Debido a que lo ha hecho casi exclusivamente a través de la acción ejecutiva, la administración de Trump puede rápidamente deshacer este daño. Y el Congreso puede ratificarlo permanentemente a través de la ley. Eso contribuirá notablemente a la protección de la convivencia pacífica, haciendo de nuevo a los estadounidenses verdaderamente grandes.

* Ryan Anderson es experto en libertad religiosa, familia y matrimonio de The Heritage Foundation. Puede leer en inglés el artículo original publicado en Daily Signal.

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