Esta mañana he salido a hacer unos recados mientras mi pequeño tesoro estaba dormido. A la vuelta he oído un llanto. Le he preguntado a la niñera si el niño estaba despierto y, en cuanto ha escuchado mi voz, se ha callado, ha sonreído y ha empezado a mover su cabecita para intentar localizarme. Me he emocionado.

Cuando quedé embarazada muchos me presionaron para que terminara con la vida de este pequeño príncipe. ¿Por qué? Porque un hombre enfermo que estaba obsesionado conmigo desde 2012 decidió violarme. Aparentemente, pensaba que si no podía casarse conmigo, entonces me tomaría y arruinaría mi futuro. Bueno, al principio sí que parecía que lo había conseguido.

Soy cristiana, criada en una familia cristiana y preparada para casarme con un cristiano. También trabajaba en una organización cristiana, así que cualquier hombre que se me acercara si no era cristiano no tenía la menor oportunidad conmigo. Esta fue la razón por la que había rechazado su matrimonio.

Lo encontré cerca de mi casa y rápidamente empezó a convencerme de que me casara con él. Era médico y decía que trabajaba para el hospital John Hopkins. Prometió que haría cualquier cosa por mí. A mí no me importaba qué dijera pues nunca me iba a casar con un hombre que no fuera cristiano. Lo rechacé pero siguió insistiendo una y otra vez y me preguntó si, al menos, podía ir a tomar una taza de té con él. Al final accedí pero en un local próximo a mi casa por si ocurría cualquier incidencia.

Pienso que fue en esos primeros encuentros cuando ese hombre se fijó en lo que me gustaba para beber. Siempre bebía Coca Cola. El 13 de mayo de 2015 recibí otra vez su llamada. Hacía muchos meses que no sabía nada de él y deseaba hablar conmigo. Me excusé diciendo que estaba ocupada pero él ya estaba esperando en la puerta de mi casa. Por supuesto que nunca le habría permitido entrar estando yo sola así que salí fuera para charlar y enseguida él propuso que fuésemos a comer algo por ahí. Estaba tranquilo y era amable así que no tuve miedo y me confíe. Qué poco sabía yo que había tramado un plan para violarme.

Cuando llegamos al restaurante yo pedí la usual Coca Cola y me la sirvieron mientras él pedía una Fanta. No sé explicarlo pero, repentinamente, empecé a tener mucho calor y sueño y la siguiente vez que recuerdo algo estaba en el coche de ese hombre sin ropa interior, débil y con mucho dolor. Evidentemente, me había violado. Él sonreía. Yo me enojé sobremanera pero ya era tarde. Me dejó en el andén y ésta fue la última vez que puse mis ojos en él. Cuando se lo conté a la policía estaba segura de que lo detendrían pero, a día de hoy, no tengo noticias ni de una detención ni de que siga la investigación.

Por otro lado, me tuve que hacer las pruebas del SIDA y de embarazo. La primera fue negativa pero la segunda, positiva. En ese momento, todo el mundo me daba razones para abortar. Primero, mis amigos y familia sabían que se trataba de una violación así que como era pronto, lo único que tenía que hacer era tomarme una pastilla. Repentinamente recordé que era cristiana y que el mundo entero me juzgaría por haberme quedado embarazada antes de casarme, independiente de que hubiera sido violada. Perdería mi trabajo, mis ahorros porque no querrían tener en plantilla a un persona que estuviera esperando un hijo sin estar casada.

Bueno, todas las razones eran de peso pero no lo suficiente como para terminar con la vida de otro ser humano. No me podría imaginar acabando con la vida de este chiquillo quien había llegado a este mundo para ser alguien grande sólo por la malévola acción de su padre biológico. Mi violador era un enfermo y un embustero. Luego se supo que, de hecho, jamás había trabajado en el hospital John Hopkins.

Cuando mi hijo nació, lo llamé Ellis, que significa “consagrado para Dios”. Estoy contenta de haberme quedado con él a pesar del elevado precio que tuve que pagar. Siendo yo misma huérfana sabía lo duro que sería educarle pero estaba empeñada en hacerme cargo y cuidar de él. Quería amarlo, satisfacer todas sus necesidades y conseguir que se convirtiera en una gran persona. Quería que tuviese la mejor educación, los mejores cuidados médicos y todo lo mejor para que se desarrollara bien. Eso significaba que necesitaba trabajar. Pero esto suponía estar lejos del bebé 9 horas diarias y eso ni lo quería por nada del mundo. Quería estar con él.

Mi sueño era llegar a disponer de unos $10,000 de ahorro. Montaría una verdulería, contrataría a uno o dos empleados y así tendría tiempo para mi hijo. Nunca permitiría que el violador mantuviese a mi hijo. Ojalá Dios nunca me permitiera llegar a esos niveles de desesperación. No quería que ese hombre pusiera sus ojos en mi hijo en toda la vida ni que supiera que existía.

Durante mi embarazo y en busca de ayuda, encontré la Web de Save the 1( Salvar El 1). Allí encontré a personas en situaciones similares a la mía, como Rebecca Kiessling, y me dieron mucha esperanza y ánimos. Ellas entendían mi dolor. Espero aprender a ayudar a mujeres en mi misma situación en mi país. De hecho, ya he aprendido mucho de los que forman parte de esta organización. Dios te bendiga, Salvar El 1.

Actualmente soy insolvente económicamente. Cómo ya expliqué soy huérfana y no tengo familia alguna que me ayude. No puedo pagar el alquiler. El casero me ha advertido y está tratando de desalojarnos. pero mi hijo Ellis es valiosísimo y jamás me arrepentiré de haberlo tenido.

BIOGRAFÍA: Hellen, fue madre tras sufrir una violación. Es de Kampala, Uganda. Conoció el grupo Save the 1 hace aproximadamente un año cuando aún estaba embarazada y es bloguera de la página.

Por Hellen Rhoda

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