Kayla tenía solo 13 años cuando una mafia de trata de personas la secuestró. Pasó su adolescencia en la calle prostituyéndose. No había ni pasado un año cuando se quedó embarazada fruto de las violaciones. Fue entonces cuando su proxeneta al que tenía que llamarle “amo”, la obligó a abortar. Esa vez no fue la única, Kayla pasó por tres abortos más durante su cautiverio.

La historia de esta adolescente es una de tantas que están atrapadas en el negocio sexual. Sólo en Estados Unidos hay 400.000 esclavas sexuales y, en el mundo, según UNICEF hay 1.2 millones de niños esclavos en el negocio de sexo.

‘La organización de salud contra el tráfico sexual’ que pertenece al Instituto Beazley que trabaja en pro de los derecho de la salud, ha publicado un informe elaborado por los expertos en el tráfico de personas Laura J. Lederer y Christopher A.Wetzel en el que relacionan la esclavitud sexual y el negocio del aborto.

En el informe culpan a las instituciones médicas, hospitales, centros de salud y abortorios de ignorar e encubrir el negocio de la trata de personas. En concreto culpan a Planned Parenthood de no denunciar a la Policía cuando llega una niña o mujer para abortar junto con su proxeneta, aún sabiendo que aborta obligada por una mafia.

La experta Laura J. Lederer asegura que lo que tienen que afrontar estar mujeres no tiene límites en la maldad humana. “Se abusa sexualmente de ellas, se les maltrata y se le amenaza de todas las formas y fruto de esas violaciones quedan embarazadas en numerosas ocasiones, sus ‘amos’ las obligan a abortar y nadie las ayuda”.

El informe asegura que “el aborto está a la orden del día en el negocio del tráfico sexual”. A esta conclusión han llegado después de haber analizado la historia de 66 chicas salvadas de la trata y descubrieron que el 55% de ellas ha abortado al menos una vez durante su cautiverio y más del 30% ha tenido multitud de abortos.

Cecile Richards, presidenta de Planned Parenthood.
Cecile Richards, presidenta de Planned Parenthood.

Otra de las supervivientes relata en el informe su cautiverio. “Mi proxeneta me daba una paliza cada vez que me quedaba embaraza, tuve seis embarazos y todos ellos acabaron en aborto, yo no quería, él me obligó”.

Esta víctima cuenta que su “amo” siempre la llevaba a centros de Planned Parenthood porque nunca hacían preguntas sobre quién era o porqué quería abortar, “simplemente llegábamos, me abortaban y nos íbamos”.

Ya contamos que el gigante abortista es el responsable de más del 30 por ciento de los abortos de Estados Unidos, con los que obtiene ganancias millonarias. 

Además Planned Parenthood se ha asegurado la financiación de los contribuyentes ofreciendo su apoyo a uno de los candidatos a la Casa Blanca, en este caso Hillary Clinton,gran amiga de la presidenta de los abortorios, Cecile Richars.

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Cecile Richards, presidenta de Planned Parenthood, apoya la candidatura presidencial de HiIlary Clinton

 

El vínculo entre ellas ya era muy estrecho, pero quedó patente cuando Planned Parenthood decidió donar 20 millones de dólares a la campaña de la candidata demócrata.

Sin embargo, esta víctima cuenta que Planned Parenthood es de los abortorios más caros, “cobraban entre 250 a 300 dólares por aborto, pagaba mi amo, pero luego me lo incluían en mi deuda”.

Por ello no siempre se lo podían permitir. “Los dos últimos abortos me llevaron a un sótano improvisado para abortar, allí desarrollé varias infecciones por lo mal que me hicieron los abortos. Lo pasé muy mal, tanto que llegué a perder las trompas de Falopio”, confiesa.

El relato más impactante del informe es de una chica que llegó a abortar hasta 17 veces en los años que estuvo retenida por una mafia en Estados Unidos. La victima cuenta que todos los abortos se hicieron en contra de su voluntad.

El informe señala que más de la mitad de los abortos de estas jóvenes se hicieron en centros de la principal multinacional abortista mundial Planned Parenthood, donde, o no advirtieron que las chicas estaban siendo obligadas a prostituirse, o tampoco les interesó enterarse.

Según relatan las víctimas, en ningún abortorio de Planned Parenthood se preocuparon por su situación, ni preguntaron por los moratones de sus cuerpos, ni porqué en los análisis daban positivo en hepatitis u otras enfermedades de trasmisión sexual.

Tampoco les ofrecieron ayuda cuando pedían ayuda y ni siquiera preguntaban por qué era la tercera vez que iban en varios meses; cuando abortaban, permitían que los proxenetas se las llevaran para seguir prostituyéndolas.

Así lo cuenta una de las chicas. “Durante los 10 años que estuve en la calle tuve que ir a centros médicos locales, hospitales y a Planned Parenthood para pedir Depo-Provera (un anticonceptivo inyectable) y en el peor de los casos para abortar… Nunca nadie me preguntó ni se interesó por mi situación”.

Lo cierto es que hay un alto porcentaje de mujeres dentro del negocio sexual que han pasado por Planned Parenthood e instituciones abortistas similares obligadas por sus proxenetas, para poder seguir alimentando un negocio que tiene ganancias que rondan los 39 billones de dólares cada año.

El informe denuncia a estos centros por no investigar lo suficiente las causas por las que acude una mujer a abortar o cuando piden anticonceptivos. Del mismo modo se les acusa de negar la realidad cuando saben que una mujer o una niña está siendo prostituida por mafias.

El gigante abortista, investigado

El último caso se ha dado en el estado de Arizona, donde un consejero de Planned Parenthood está siendo investigado por falsificar los documentos médicos de una niña de 15 años que acudió con su proxeneta a abortar.

“La niña le dijo al médico que su proxeneta la obligaba a acostarse con muchos hombres y se había quedado embarazada, pero el consejero cambió la versión y anotó que la niña había mantenido relaciones consentidas con el hombre que la acompañó”, relata el informe.

Después le aseguró al proxeneta que no iba a denunciar a la policía para no “levantar revuelo”. Meses más tarde, la policía detuvo al proxeneta que ahora cumple prisión por el secuestro de 11 niñas de entre 12 a 17 años.

El medio Life Dynamics ha publicado una lista de 60 casos en los que menores de edadsecuestradas por mafias de trata de personas son violadas, obligadas a abortar y en donde el abortorio no ha informado a la policía de la explotación.

El movimiento proaborto define la decisión una mujer para deshacerse de su hijo como un acto “de empoderamiento femenino”, esta decisión para ellas las hace libres. Por su parte, los abortorios aseguran que quién acude a abortar lo hace en plena consciencia y de forma voluntaria. Sin embargo, los estudios apuntan lo contrario.

Para Kayla abortar no fue momento de empoderamiento femenino, fue la decisión de su captor, del responsable que convirtió su vida en un infierno, una vida basada en la esclavitud sexual, la agresión y la perdida de dignidad.

Una prostituta embarazada significa una pérdida monetaria para la mafia y para los abortorios, que aunque están obligados a informar de abusos sexuales cuando se les presenta, prefieren mirar para otro lado con tal de ingresar dinero en sus cuentas.

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