Desde hace unos años no dejan de insistirnos en la “no discriminación”, cuya función original de limitar abusos del Estado se ha tornado en una invasión estatal del ámbito privado.

Desde las filas progresistas no dejan de insistirnos en la necesidad de lograr que nadie se sienta discriminado ni ofendido, pero es mentira. A la hora de la verdad, ese afán por conseguir que todo el mundo reciba un trato igualitario se encuentra con numerosas lagunas que afectan, casi siempre, a ciertos sectores de la sociedad a los que por lo visto sí se puede ofender y discriminar.

No discriminar por orientación sexual, salvo a los heteros

Para que nos hagamos una idea, con la proliferación de leyes para amparar al llamado colectivo LGTB, hoy en día sería impensable en España que un hotel anunciase que no admite a homosexuales, bisexuales ni transexuales. De conocerse algún caso, rápidamente sería objeto de persecución por parte de los políticos y burócratas que consideran que nadie debe ser vetado en ningún sitio por su orientación sexual. Sin embargo, sí que hay hoteles exclusivos para homosexuales, y su existencia, lejos de ser objeto de polémica, es considerada por muchos como algo simpático y guay.

La discriminación legal del sexo masculino incluso afecta a los niños

De igual forma, se arremete contra cualquier actitud que pueda suponer una discriminación o una ofensa para la mujer, pero al mismo tiempo se mantiene una “Ley de Violencia de Género” que discrimina gravemente a los hombres, hasta tal punto que tipificó que un mismo hecho puede ser delito si lo comete un hombre y falta si lo comete una mujer, y que basta la palabra de una mujer para acusar a un hombre de maltrato, aunque no haya pruebas ni indicios que respalden esa acusación. De igual forma, los hombres son excluidos de las estadísticas de maltrato, que incluso excluyen a los varones menores de edad asesinados por sus madres.

La hispanofobia y la discriminación de los hispanohablantes

Otro ámbito en el que se percibe claramente la falsedad de la “no discriminación” promovida desde las filas progresistas es el terreno lingüístico. Los mismos que se llenan la boca hablando de “igualdad” son los que imponen multas a negocios por no rotular en catalán y obligan a los niños a escolarizarse en catalán, aunque ésa no sea su lengua materna. El atropello contra los hispanohablantes llega a extremos tan grotescos que algunos incluso consideran insultante que hables en español en una parte de España. Se ha hablado mucho de homofobia, transfobia e incluso catalanofobia, pero sin embargo raras veces se habla de la hispanofobia promovida e incluso impuesta con dinero público, un atropello a los derechos de los hispanohablantes y una incitación al odio contra todo lo español ante los que los igualitaristas callan como tumbas.

Claman contra la islamofobia pero justifican la cristianofobia

Sin duda uno de los colectivos sociales que más muestras de odio y de violencia sufre en España. Los cristianos no sólo tenemos que soportar todo tipo de ataques, sino también que políticos a los que les pagamos el sueldo justifiquen esas agresiones e incluso elogien a los agresores. Como ocurre en otros ámbitos sociales, y como vengo denunciando desde este blog, si el ataque es a los musulmanes entonces la cosa cambia. Entonces todos son condenas y denuncias de islamofobia por parte de los mismos que defienden cualquier ataque cristianófobo.

La discriminación más brutal: la de los hijos por nacer

Pero si hay un colectivo discriminado hasta extremos brutales, y por motivos de edad, son los hijos por nacer. En España se ha desamparado a nivel legal a los no nacidos permitiendo su matanza y descuartizamiento en el vientre materno sin que eso tenga ninguna repercusión para los personajes sin escrúpulos que se lucran con esa matanza. Pero los promotores de esta aberración no se conforman con haber convertido un crimen en un derecho, sino que además pretenden excluirnos del debate público a quienes defendemos a los no nacidos, con el mismo fanatismo con que los abolicionistas de la esclavitud eran estigmatizados y excluidos en los Estados sureños de EEUU a mediados del siglo XIX. De todos los casos que señalo en esta entrada, el aborto legal es sin duda la más brutal de las discriminaciones, pues mata a unos 100.000 seres humanos al año en España por razón de su edad. Es una vergüenza que en Occidente, que ha erradicado la pena de muerte para los criminales, la haya aceptado para los seres humanos más inocentes e indefensos.

Una mentira para imponer ideas en nombre de una falsa igualdad

Lo que deja muy claro todo esto es que la “no discriminación” del progresismo no deja de ser una mentira que se usa para imponer ideas y justificar descaradas discriminaciones, éstas casi siempre contra aquellos que a los ojos de la izquierda no merecemos protección ni por nuestra orientación sexual, nuestro sexo, nuestras creencias o nuestra lengua materna. Los excluidos de esa “no discriminación” nos hemos convertido en los parias del paraíso progresista, en el que por lo visto sólo hay sitio para nosotros como pagadores de impuestos y como ciudadanos callados, resignados y dispuestos a soportar cualquier injusticia que dicten contra nosotros. Por lo que a mí respecta estoy más que harto de esta tomadura de pelo.

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