En julio del 2015, Samantha Hemming de 22 años, natural del Reino Unido estaba a punto de graduarse de la universidad. Su sueño siempre ha sido el de ser abogada, quería ayudar a los demás. Pero un accidente de tráfico se llevó por delante sus planes.

La tarde del 20 de julio, su novio Tom Curtis, también estudiante de derecho, fue a buscarla en coche para llevarla a cenar. En el trayecto, sufrieron un grave accidente de tráfico, el vehículo se salió de una curva en la autopista y volcó.

La cabeza de Samantha quedó aplastada contra la ventana. Acabó en un guiñapo al borde la muerte: tenía una grave lesión cerebral y el cuello roto, y había perdido la oreja derecha.

Como relata el Daily Mail, Samantha fue trasladada al hospital de urgencia. En la siguientes seis horas, la joven fue sometida a tres operaciones importantes, pero finalmente los médicos confirmaron que había perdido la actividad cerebral, y no esperaban que la joven se recuperara por lo que le indujeron el coma y la conectaron a una máquina artificial.

Pasaron 19 días, y la chica seguía en coma, su actividad cerebral era nula. Su madre, Carol que tiene otros tres hijos entre los 14 y los 25 años, tuvo que renunciar al trabajo para poder cuidar de ella. “Nunca he llorado tanto en mi vida, los médicos nos decían que no sabían como seguía viva, no nos daban ninguna esperanza de que se recuperara”.

Los medicos querían practicar la eutanasia a Sam/TheDailyMail
Los medicos querían practicar la eutanasia a Sam/TheDailyMail

Su madre sabía que aquel era el final así que decidió despedirse de su hija publicando una foto en la UCI junto a un mensaje: “’Sammy’ tiene las peores lesiones que alguien puede sufrir en un accidente de tráfico. Nos dicen que nos preparemos para lo peor, pero todavía estás aquí, se que sigues a mi lado”.

El mensaje parecía premonitorio de lo que estaba a punto de suceder. Porque la joven aún seguía ahí.

Al día siguiente, el médico comunicó a los padres que dado que la paciente llevaba más de veinte días sin actividad cerebral, iban a desconectarla.

Carol empezó a gritar de la angustia y rogó a los doctores que no desconectaran a su hija.

De poco sirvió su opinión, la decisión ya estaba tomada.

Pero entonces ocurrió lo impensable. El médico tenía el cable en la mano para desconectar la máquina cuando las sabanas bajo las que yacía Samantha empezaron a moverse. La madre la destapó y todos comprobaron que la chica estaba moviendo los dedos de los pies con bastante fuerza.

Con ese gesto Samantha se estaba agarrando a la vida.

Decidieron volver a comprobar su actividad cerebral y se dieron cuenta que aunque era muy leve, su cerebro estaba activo.

¿Qué había pasado?

Los médicos habían cometido un error: la inactividad de su cerebro no era total como habían creído, sino que correspondía sólo al lado izquierdo. El lado derecho del cerebro sí tenía actividad, lo que la permitió moverse y ser consciente de lo que ocurría a su alrededor.

Sam tuvo que aprender a hablar, leer y escribir de nuevo/The DailyMail
Samantha tuvo que aprender a hablar, leer y escribir de nuevo/The DailyMail

Para asombro de todos, Samantha  fue mejorando día a día, respondía positivamente al movimiento, escuchaba y veía con normalidad.

A la semana, los médicos le quitaron la traqueotomía para ver como respondía y quedaron sorprendidos al ver que respiraba por sí sola.

Al mes siguiente, la joven ya caminaba con ayuda de un andador y, gracias a una serie de ejercicios su capacidad mental fue mejorando.

Su madre está asombrada con la recuperación. “Ha pasado de estar literalmente muerta, a decirme que quiere volver a la universidad. Ha tenido que aprender a hablar, a leer y a escribir de nuevo, pero su recuperación es un milagro, siempre tuve fe en ella, es una luchadora”.

El día en el que la dieron de alta, tres meses después de su accidente, su novio Tom fue al hospital a buscarla. La joven quería volver a casa en coche porque quería perder el miedo a la carretera.

Sam logró graduarse en derecho después de la rehabilitación/The Daily Mail.com
Sam logró graduarse en derecho después de la rehabilitación/The Daily Mail.com

Tras meses de recuperación, Samantha logró volver a la universidad, aunque volver a estudiar le costó bastante. Pero se esforzó para ponerse al día con sus asignaturas y finalmente cumplió el sueño de graduarse en derecho.

“Cuando me enseñan mis fotos en la UCI me siento muy extraña no me reconozco y tampoco me acuerdo de mucho, cuando mi madre me dijo que me iban a desconectar y el movimiento del pie me salvó la vida, no me lo pude creer, yo era consciente de lo que pasaba pero no hasta tal punto”, afirma la joven.

Reconoce que todo se lo debe a su madre que estuvo con ella al pie del cañón y que se oponía a la eutanasia. Y que luego fue decisiva para su total recuperación.

“Ya se que no debería estar viva, pero sin embargo aquí estoy” cuenta Samantha. “Le doy las gracias a mi madre por luchar por mi vida. Tengo muchos sueños que cumplir, el accidente me ha condicionado pero no ha determinado mi futuro”.

La medicina no siempre acierta, sobre todo cuando en lugar de curar los facultativos optan por la controvertida solución de la eutanasia. El caso de Samantha deja en evidencia a legisladores y a médicos.

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