Después de leer un artículo twitteando del ateo Richard Dawkins donde expone que es “inmoral” no abortar bebés con Síndrome de Down, ya que son “diagnosticados antes de que tengan sentimientos humanos”, publiqué algunos comentarios en Facebook. Me llevé, luego, a mi hijo a dar un paseo en coche. La cita de Richard Dawkins me afectó de una manera especial. Los que me conocen lo comprenderan al instante porque mi hijo tiene Síndrome de Down.

Paseamos por una carretera que lleva al campo. Tenía puesta la banda sonora de “Frozen” . Mi hijo estaba sonriendo, meciéndose con la música y tratando de cantar a la vez. Algo que, simplemente, lo hacía feliz. Miré por encima del hombro y él se limitó a sonreír con su dulce sonrisa, feliz.

No puedo entender las palabras de Richard Dawkins y, menos, cuando veo a mi hijo. Las lágrimas no tardaron en aflorar porque pienso de verdad que no es mi hijo (o los que son como él) los que tienen que cambiar o ser eliminados para hacer de la sociedad un lugar mejor. Es la sociedad la que tiene que cambiar de actitud hacia mi hijo y otros niños con Síndrome de Down. Cuando los corazones verdaderamente cambian y puedan ver a mi hijo – y otros niños como él – como un regalo, como la bondad pura, entonces el mundo será un lugar mejor.

Mi sobrina – joven pero inteligente – es capaz de articular que Dios ha creado a todos con un propósito.

El conocimiento, la sabiduría y el tiempo de Dios es mucho más grande que nuestro entendimiento humano. Creo que si todo el mundo fuera perfecto, perderíamos por completo el don de la compasión. El mundo se ha vuelto tan desequilibrado, e inmune a cosas como la dignidad, la simple bondad o la caridad. Es alarmante.

Es humillante que intimide la presencia de una persona con Síndrome de Down porque él te ama aún más; y da abrazos con calidez sincera y sólo quiere “estar” con usted, no hay segundas intenciones. Su apariencia a él no le importa. Entonces, ¿por qué su aspecto sí lo importa a usted?

No pretendo saber las respuestas a los misterios de la vida, y es probable que sea mejor así. Siempre habrá alegría, sufrimiento, amor y odio.Yo soy feliz por tener un niño con Síndrome de Down que ama de verdad. Y espero que a través de su ejemplo de la verdadera bondad, generosidad y alegría radiante mejore un poco este mundo.

Esto es como objetivo para mí.

BIO: Christine Pokriefka es esposa y madre, profesional del comercio, artista y bloguera de Salvar El 1

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