La Primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos blinda la libertad religiosa y la protege como uno de los principales derechos a los que puede acogerse cualquier ciudadano estadounidense. Y es precisamente desde el Gobierno de este propio país desde donde, doscientos años después, se está ahora intentando conculcar este derecho.

Los dos mandatos de Obama como presidente pueden verse muy bien resumidos en el informe de la Comisión de Derechos Civiles, que preside Martin Castro, hombre de confianza del primer mandatario, y nombrado directamente por el propio líder demócrata.

Este informe supone un guiño a lobbies como el LGTB o el abortista y un duro bofetón para las decenas de millones de personas que se declaran personas religiosas en el país.

El sesgo ideológico del informe es tal que desde el principio quedan muy claras las intenciones de este organismo federal a las órdenes de Obama. El texto del presidente Castro comienza con una cita de John Adams que dice: “El Gobierno de los Estados Unidos no está, en ningún sentido, fundado por la religión cristiana”. Algo que choca porque no se trata de un informe sobre religión sino sobre derechos civiles.

Es cierto que el Gobierno estadounidense no se basa en la religión cristiana. Pero desde el momento de su nacimiento, EEUU garantiza la libertad religiosa de todos. Sin embargo el trabajo de Martin Castro implica un ataque a la religión.

En concreto afirma que la “libertad religiosa” seguirá siendo un concepto “hipócrita” mientras siga siendo sinónimo de “discriminación, intolerancia, racismo, sexismo, homofobia, islamofobia, supremacía cristiana o cualquier forma de intolerancia”.

De este modo tan agresivo el representante de Barack Obama no sólo destroza la propia Constitución de EEUU sino que también se carga la Declaración Universal de Derechos Humanos, que en su artículo 18 defiende la libertad religiosa, puesta en cuestión por Castro.

Pero el informe no se queda ahí pues el inicio del texto destila recelo hacia lo religioso. Esto afirma Martin Castro: “La libertad religiosa no fue diseñada para dar un dominio de una religión sobre otras religiones o un poder de veto sobre los derechos civiles y libertades de los demás”.

Obvia el autor de estas palabras que Estados Unidos seguramente sea el mejor ejemplo de convivencia entre religiones, en tanto que en otras regiones geográficas del planeta este derecho sí que es conculcado realmente.

Sin embargo, el presidente de la Comisión de Derechos Civiles añade que “hoy en día, como en el pasado, la religión está siendo utilizada como un arma y un escudo por aquellos que buscan negar a otros la igualdad”.

Y para justificar sus argumentos hace esta comparación: “En nuestra nación la religión se ha utilizado en el pasado para justificar la esclavitud y más tarde para las leyes de Jim Crow (leyes de segregación racial)”.

Castro considera que los defensores de la libertad religiosa están intentando de manera sigilosa controlar el discurso político y constitucional para “socavar los derechos de algunos estadounidenses”.

Y es aquí donde estriba toda la polémica. Las leyes basadas en la ideología de género como los baños transgénero o el Obamacare con el que trataba imponer a las empresas que pagasen los abortos de sus trabajadores a través de su seguro médico, muestran claramente que quien ataca no son los defensores de la libertad religiosa. Más bien éstos últimos son las víctimas.

El informe deja en evidencia el sometimiento de Castro a los lobby LGTBI y abortista. Resulta significativo que buena parte del mismo fuera escrito cuando se desató la polémica en Estados Unidos por la negativa de un pastelero a hacer una tarta nupcial para una pareja de homosexuales, lo cual despertó una tormenta mediática.

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