La enorme polémica que generó Enrique Peña Nieto, respecto a legalizar los matrimonios homosexuales, ha llegado a su fin, y fue su propio partido quien dio marcha atrás a la iniciativa presidencial.

En declaraciones a la prensa, Emilio Gamboa Patrón –coordinador de los senadores priistas-, puntualizó que el aprobar las bodas homosexuales, así como el permitir la adopción a ese grupo minoritario, no son prioridad ni para el PRI ni para el país.

Esos temas nos los veo como trascendentales; la sociedad mexicana, no está presionando para sacar esas iniciativas adelante”, puntualizó uno de los políticos más cercanos a Enrique Peña Nieto.

De esta manera, la propuesta que envió el Ejecutivo Federal para favorecer a homosexuales y lesbianas, quedará archivada, y muy difícilmente volverá a ser retomada, dado el escándalo que se ocasionó ante dicha propuesta.

Es importante recordar, que meses atrás, el presidente convocó a la comunidad lésbico gay en Los Pinos, con la finalidad de anunciarles que enviaría la iniciativa al Congreso de la Unión para que se legalizaran las bodas homosexuales.

Aún no terminaba su discurso Peña Nieto, cuando organizaciones no gubernamentales, grupos conservadores, intelectuales, analistas, padres de familia, así como las iglesias cristianas evangélicas, católica, testigos de Jehová, entre otras denominaciones, se fueron con todo contra el Ejecutivo Federal.

Este hecho ocasionó una ruptura entre la Iglesia y el Presidente de la República.

No hubo un solo momento en el que no se criticara a Peña Nieto, por haber promovido el matrimonio entre personas del mismo sexo, sin haber hecho una consulta previa, sobre lo que pensaba la sociedad mexicana respecto a esa propuesta.

El haberse ido por la libre, fue el peor error del presidente Peña.

El que Gamboa Patrón haya señalado que la discusión sobre legalizar las bodas homosexuales no tendrá espacio alguno en la agenda legislativa, obliga a pensar sobre la inmensa presión que tuvo Enrique Peña Nieto por parte de las iglesias y de los grupos de poder en el país.

Ahora la pregunta es qué harán los Congresos locales, que con tal de quedar bien con el presidente de la República, aprobaron la ley que legalizaría los matrimonios homosexuales y las adopciones a este sector.

Las aguas parecen haberse calmado, pero el mismo Peña puede revivir la tormenta.

Las cosas ya no son como antes: ahora el presidente propone, y el PRI es el que decide.

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