Kathleen Clubb es otra víctima más de las muchas leyes que se están aprobando para coartar la libertad de las personas mientras privilegia a una minoría.

Esta mujer de 50 años y madre de trece hijos ha sido detenida en la ciudad australiana de Melbourne cuando ofrecía ayuda a mujeres embarazadas cerca de una clínica abortista.

El caso de Clubb es el primero que se produce tras la aprobación por parte del estado australiano de Victoria de una ley que protege explícitamente a los abortorios pues impide ayudar y distribuir material provida cerca de estos centros, creando así una burbuja legal entorno a ellos.

La ley es clara y prevé hasta un año de cárcel para todo aquel provida que distribuya folletos a menos de 150 metros del abortorio prohibiendo igualmente grabar y publicar a los clientes de estos centros.

Kathleen Clubb está recaudando fondos para su defensa y afirma que desafió la norma y que tiene la “intención de llevar este caso al Tribunal Supremo para demostrar que esta ley es inconstitucional porque penaliza la libertad constitucional de la comunicación política”.

Según informa LifeSiteNews, esta normativa que entró en vigor el pasado mes de mayo, suscitó grandes debates durante su aprobación: los políticos proaborto realizaron“acusaciones falsas” contra un grupo provida de Melbourne con las que justifican la necesidad de tener una ley tan restrictiva.

Estos políticos afirmaban que los provida hostigaban e intimidaban a las mujeres que acudían a abortar. Sin embargo, éstos respondieron con la evidencia pues en 20 años no había sido necesaria la presencia policial ni un solo día.

Tanto Kathleen Clubb como el resto de miembros del grupo provida Helpers of God’s Precious Infants se han limitado durante todos estos años a rezar por las mujeres y los niños así como a ofrecer una salida a las mujeres que acudían desesperadas a abortar.

“Fui arrestada por ofrecer ayuda a madres fuera de la clínica abortista y por tratar de llamar la atención de la gente y de los políticos sobre la cuestión del aborto y de las restricciones totalitarias a una parte de la población, en este caso los miembros del movimiento provida”, afirma.

Pese a esta ley, Clubb no se da por vencida y dice que seguirá luchando. “Creemos que a los ciudadanos –y en particular las madres que tienen pensado abortar- no se les ha dicho toda la verdad sobre el aborto y es nuestro derecho expresar esta creencia a ellas y a nuestros representantes”, dijo.

Y para ella, “una de las maneras más efectivas para hacer esto es estar en las inmediaciones de lugares” como esta clínica abortista de Melbourne.

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